Abiertamente y sin tapujos. Con ánimo de educar, pero también de entretener. Así es como la  sexóloga Carmita Laboy presentará el revelador monólogo Ellas en la cama: lo que las mujeres prefieren, odian, callan y gritan a la hora de hacer el amor. El mismo tendrá una única función este próximo viernes, 26 de junio, a las  9:00 p.m. en Proscenium, ubicado en la calle Isabel, en Ponce. 

Laboy estrena este monólogo en Puerto Rico, luego de su exitosa presentación en el Distrito Federal de México, donde desde hace tres años reside parte del tiempo y trabaja, impartiendo terapias y consejería en una oficina de ginecólogos. Aun así, dentro de su apretada agenda, siempre saca tiempo para escribir “porque tú sabes que eso de escribir a mí me encanta”, afirmó.

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De su rica pluma y su vasta experiencia es, precisamente, que nació este monólogo de Ellas en la cama. El mismo es producto de  las numerosas vivencias –algunas graciosas y otras dramáticas– de sus clientes.

Por eso, asegura Laboy, durante la presentación, tanto  hombres como  mujeres “van a aprender muchísimo. Yo escribí este monólogo (basándome en el) testimonio de muchas personas”, sobre las cuales “voy a decir el milagro… pero, no el santo”.

“Con conciencia y con buen significado”

 De todas esas vivencias, Laboy ha extraído dos aprendizajes primordiales, pues ha observado que, por lo general, las experiencias sexuales de cada cual “repercuten en dos cosas: o me disfruto la actividad sexual –me la disfruto a plenitud y la quiero repetir–, o algo pasó que no me gustó… y ya no quiero saber de eso. El monólogo va dirigido a ambos públicos, siempre con la intención de llevarlos (a hombres y mujeres) a enaltecer ese acto sexual”.

Más aún, la sexóloga aspira a dejar a su público “con el pensamiento de que se pongan a observar, en ese acto sexual, a la pareja; se pueden observar, sin mediar una palabra, (para) aprender cómo responde ese otro cuerpo ante ciertos estímulos. Porque ese placer sexual no es otra cosa que un estímulo y una respuesta, como toda conducta, porque (después de todo) es una conducta sexual”.

Dicho de otro modo, para que aprendamos a hacer el amor “con conciencia y con buen significado”.

Lo que odiamos, callamos y gritamos

Durante el monólogo, “quiero darles muchos truquitos”, añadió la experta, dejándoles saber a los hombres lo que nosotras, las mujeres, odiamos en el lecho amoroso. Lo que ella llama: “Los no, no, nooooo, ni se te ocurra”. Esto, Laboy lo ilustra con un ejemplo sencillísimo, pero que nos resonará a muchas: “Como cuando el tipo está esnú… ¡pero, con las medias puestas! Y todas las mujeres (en la audiencia) se ríen porque, ¡a todas nos ha pasado!”.

En el renglón de lo que las mujeres callamos, la sexóloga reconoció que esa parte es, “quizás, un poco más dramática porque, obviamente, lo que callamos responde a una educación que recibimos. Y, si bien es cierto que (esa educación sexual) sí existe, la realidad es que hay que complementarla. Porque el gobierno va a dar una educación de prevención de enfermedades y embarazo; la religión, que también educa en términos de la sexualidad, (lo hace) en su contexto espiritual para (educarnos respecto a una) unión seria y comprometida en el contexto del matrimonio. Y la academia, la escuela, trata de hacer un repique porque está condicionada a repetir lo que (enseña) el gobierno y, conforme a su orientación espiritual, dará (su) enfoque”.

Y aquí es, de hecho, donde Laboy entiende que estamos más flojitos. “El problema está en que nadie está hablando de cómo se trabaja ese placer sexual. Obviamente, vamos al acto (sexual) para satisfacer una necesidad que es placer como comer, como dormir… Pero, no nos educamos con conciencia, de una manera integral, para llegar a ese acto sexual y poderlo enfatizar desde todos los componentes, que son cinco primordiales: pensamiento, emoción, conducta, aspecto fisiológico y aspecto espiritual. Y todos son importantes; no hay ninguno más importante que otro”.

Pero, claro, todos sabemos que muy pocos recibimos –o recibiremos– esa “educación (sexual) integral que también incluya qué es lo que tengo que hacer para tener placer y poder vivir una buena experiencia, ya que a la mayoría solo se nos enseñan que me tengo que cuidar para no salir embarazada. Por eso, quiero coger todas esas voces y añadir esta voz que (dirá lo que) no quieren hablar ni los padres ni la iglesia ni el gobierno”. Y, por eso, denunció, cada día más jóvenes “están llegando a ese acto sexual como animalitos, copulando”, sin saber, en realidad qué es lo que están haciendo… o si lo están haciendo bien.

Su meta

“Quiero  llevar esa educación para que yo sepa qué hacer en ese momento y que garantice los resultados para que yo quiera volverlo a repetir... libre de riesgos y libre del enfoque espiritual o religioso que me quiere imponer la iglesia, sino que sea más abarcador. Y que después, cada quien, con la información que tiene, va a llegar a sus propias deducciones”.

Laboy también persigue que los adultos aborden el tema de la sexualidad con los jóvenes. Que les hablen “de sus propias experiencias; de qué les gusta o no les gusta porque de eso se van a nutrir esas criaturas que apenas están forjándose. El sexo sigue siendo un tema callado, un tema de hipocresía. Porque no es tabú, es hipocresía. Y esos jóvenes están yendo a experimentar sin conocimiento de causa… y eso duele mucho en mi corazón porque eso sigue pasando”.