Las redes sociales pueden ser nuestras aliadas en la búsqueda amorosa, pero también nuestro verdugo, como le ocurre a la protagonista del libro “Como si al mundo le importara”, en el que la periodista y guionista Marina Romero explora las diversas vertientes y ángulos de los desafíos del amor en la era de las redes sociales.

“Muchas personas han convertido Instagram en su particular Tinder. Mandan mensajes privados a quien quieren conquistar y si el destinatario responde, a menudo esas conversaciones digitales terminan en citas o relaciones”, explica Marita Alonso, experta en tendencias y autora de “La Venus del smartphone”.

“Hoy existe una gran contradicción: gracias a Internet nunca hemos tenido más posibilidades de encontrar pareja y a la vez nunca ha sido tan difícil”, señala Alonso.

En la novela romántica de Romero, “Lía ve por primera vez en un concierto a Abel cuando él solo es un cantante sexy y aún no se conocen. Ella sabe, aunque no le encuentra explicación, que va a enamorarse de él”.

Romero profundiza con su novela en los ángulos emocionales de Lía y Abel, “unos personajes que sin pretenderlo están deseando amar”, pero su libro también plantea los desafíos del amor en la era de las redes sociales, que juegan un papel clave en el desarrollo de la relación entre los protagonistas.

“Después de conocer a Abel, Lía se pregunta cómo puede volver a verlo. La respuesta consiste en recurrir a Instagram para buscarlo”, explica la escritora. “A partir de ahí, las redes serán las aliadas de Lía, pero también su verdugo: su vida transcurrirá entre ‘dobles checks’, horas de conexión, etiquetados, iconos, vistos, estados...”.

Así, a través de Instagram, “la protagonista entra en un estado para el que no hay palabra en el diccionario: ¿esperante, esperadora? (la persona que espera que llegue un mensaje en una red social). Vivirá esa ansiedad de niña enamorada, aunque había prometido no enamorarse más... como si al mundo le importara”, prosigue Romero.

“Al principio las redes son sus nuevas amigas: son mirillas por las que puede espiar al chico que le gusta, son delatoras de todo cuanto él hace, son las confidentes que le dicen dónde está, con quién… y son el medidor de su interés por ella en cada ‘story’ que él suba, en cada foto, en cada mensaje que Lía y Abel se crucen… Pero poco a poco y casi sin darse cuenta, la obsesión seguirá creciendo hasta incluso hacerle daño, hasta convertirla en una mujer insegura, frágil, infantil, a la que no le gusta el amor”, revela la autora.

El amor, a un “swipe” de distancia

La periodista y escritora Marita Alonso —especializada en estilos de vida, tendencias, cultura pop y relaciones— analiza el papel de las redes sociales en la creación y el desarrollo de los vínculos amorosas desde una perspectiva más sociológica. Es autora del libro “La Venus del smartphone”, donde disecciona el impacto real de Tinder y otras “apps” de citas en nuestra vida íntima, como usuaria de estas plataformas y como analista del comportamiento contemporáneo, analizando la gran contradicción de que, “nunca hemos tenido más posibilidades de encontrar pareja y nunca ha sido tan difícil”.

“El exceso de perfiles en las plataformas de internet genera parálisis, fatiga emocional y la sensación permanente de que siempre queda alguien ‘mejor’ a la distancia de un ‘swipe’ ”, señala la autora.

Alonso considera que “en lugar de solucionar el problema de la soledad, las ‘apps’ pueden agravarlo al promover los vínculos frágiles, el ‘ghosting’ constante (cortar abruptamente toda comunicación con alguien ‘despareciendo’ sin previo aviso) y la dependencia del estímulo inmediato”.

“El universo digital se ha convertido para muchísimas personas en el terreno perfecto para buscar pareja, llegando algunos a recurrir a plataformas como LinkedIn e incluso Duolingo para entablar una relación amorosa”, señala Alonso a EFE.

“Basta con mandar mensajes privados a la persona a la que se quiere conquistar y en el caso de que el destinatario responda, en muchos casos esas conversaciones digitales terminan en citas e incluso en relaciones sexuales o de pareja”, puntualiza.

Consultada por EFE acerca de las ventajas e inconvenientes de relacionarse y emparejarse a través de las redes sociales, Alonso responde que “mientras las aplicaciones de citas tienen como objetivo encontrar pareja, las redes no tienen esa finalidad de base, por lo que es más conveniente utilizar los sitios que han sido diseñados específicamente para ese cometido”.

Por ejemplo, “con las ‘apps’ de citas, gracias a los filtros, podemos saber qué tipo de relación busca alguien, su ideología, edad y si esa persona está soltera”, señala.

Por su parte, “lo positivo de las redes sociales es que ofrecen una imagen más global de la otra persona, ya que podemos ver más imágenes, revisar lo que escribe (y cómo lo hace) e incluso revisar las fotos etiquetadas”, explica Alonso. En las redes sociales, “no hay nada más revelador que ese apartado en el que las personas no han elegido las fotografías, por lo que no nos hallamos ante poses perfectas ni filtros”.

La conquista digital, paso a paso

Alonso explica que “lo habitual es que la búsqueda de pareja a través de internet comience a partir de una ‘dating app’ y que el siguiente paso sea recurrir a las redes sociales precisamente para tener una radiografía más completa de la otra persona”.

“Aquí lo peligroso es que estamos abriendo la puerta de nuestras vidas. Si una relación no prospera y la otra persona no gestiona bien el rechazo, pueden entrar en juego situaciones de acoso que pueden ser verdaderamente problemáticas”, advierte.

“Actualmente hay personas con pareja que emplean ‘dating apps’, así como otras que están solteras y encuentran en Instagram una especie de Tinder. ambos mundos (el de las aplicaciones de citas y el de las redes sociales) se mezclan”, asegura.

“Del mismo modo que vemos la televisión sin despegarnos del móvil, poniendo así en marcha la maniobra de ‘la doble pantalla’, muchas personas que buscan pareja combinan las aplicaciones de citas con las redes”, destaca.

“La pregunta que surge entonces es si toda esta actividad en línea nos pone en contacto con un tercer mundo, aquel que está fuera de las pantallas, o si todo queda en desplazamientos infinitos y conversaciones que no llevan a nada”, concluye Alonso.