Durante mucho tiempo hemos creído que el deseo sexual es algo que simplemente aparece o no. Sin que nadie nos lo explicara directamente, muchas personas crecimos asumiendo que el deseo debía surgir de forma automática y espontánea, como si existiera un “switch” que al encenderse provocara una explosión de deseo y placer. Y de no ser así, pensamos que algo cambió, se perdió o peor aún, que hay algo mal con nosotras o nuestra relación. Y es ahí cuando comienzan las dudas, la frustración y en muchos casos el silencio y la culpa.

Sin embargo, la ciencia en la sexualidad nos enseña algo muy distinto: el deseo no siempre es espontáneo. En muchas personas, especialmente las mujeres, el deseo suele ser reactivo o responsivo, lo que significa que surge en respuesta a estímulos, conexión emocional o momentos de intimidad.

El modelo del deseo sexual femenino propuesto por Rosemary Basson nos explica precisamente esto: muchas mujeres no experimentan el deseo de esta forma, no como algo que aparece de la nada, sino como algo que se despierta cuando el cuerpo y la mente encuentran las condiciones adecuadas.

Esto cambia completamente la forma en que entendemos nuestra sexualidad, porque significa algo importante que pocas veces o nunca se nos enseñó: el deseo no solo se siente, también se cultiva.

El problema es que muchas personas no hemos recibido una educación sexual adecuada. En muchos casos ha sido muy poca, nula o simplemente basada en miedos, mitos y prohibiciones. Así que gran parte de lo que creemos saber sobre sexualidad lo hemos aprendido de otros lugares: películas, novelas, experiencias de otros, revistas o incluso la pornografía. Y estos espacios muchas veces nos han vendido una idea bastante irreal del deseo. Nos han hecho pensar que el deseo sexual debería aparecer de forma automática; que las parejas se miran, sienten una chispa y todo fluye de forma natural. Y en muchas ocasiones no solo se espera que ocurra de forma natural, sino que sea explosivo. Pero, en la vida real no funciona así.

Entre el trabajo, el estrés, las responsabilidades, la carga mental y las preocupaciones del día a día, muchas personas llegan al final del día cansadas, con la mente en mil cosas y con muy poca energía para conectar con su deseo. Y cuando eso pasa —especialmente en las mujeres— comienzan a aparecer las dudas. En consulta escucho con frecuencia frases como: “Antes tenía más ganas”, “no sé qué me pasa”, “creo que perdí el deseo”, “algo está mal conmigo”.

Pero en la mayoría de los casos, el deseo no desapareció. Lo que ocurre es que las condiciones que ayudan a despertarlo dejaron de estar presentes, porque el deseo no vive aislado en el cuerpo. Al contrario, es influenciado por muchos factores como el estrés, el cansancio, la conexión emocional, la seguridad dentro de la relación e, incluso, la forma en que nos sentimos con nuestro propio cuerpo. Y cuando entendemos esto empezamos a mirar nuestra sexualidad desde un lugar mucho más realista y mucho más compasivo. Cuando entendemos que el deseo también responde al contexto, entonces surge una pregunta importante: ¿se puede recuperar o fortalecer el deseo?

Y la respuesta es sí. Porque así como el deseo puede verse afectado por el estrés, la rutina o la desconexión, también puede estimularse, despertarse y cultivarse. No se trata de forzarlo ni de “obligarte a sentir ganas”, se trata de crear las condiciones que permiten que el deseo aparezca.

A veces eso comienza con algo tan simple como volver a conectar contigo misma, con tu cuerpo, con el placer sin presión. O con pequeños cambios en la relación: más comunicación, más presencia, más espacios de intimidad emocional, no necesariamente sexual.

También tiene que ver con permitirnos salir de la rutina, explorar, ser curiosas y dejar de ver la sexualidad como una tarea más en la lista de pendientes. Porque cuando el deseo deja de ser una exigencia empieza a convertirse en una experiencia.

Y fue precisamente al ver cuántas mujeres viven cuestionándose su deseo, sintiendo culpa o pensando que algo está mal con ellas, que decidí profundizar aún más en este tema desde mi práctica e investigación en sexualidad femenina. Es un tema que continúa generando conversación y que seguiré desarrollando a través de mis plataformas, donde comparto contenido educativo sobre deseo, placer y bienestar íntimo. Porque tal vez el problema no es que el deseo desapareció, tal vez simplemente nadie nos enseñó cómo cultivarlo.

(Si deseas mejorar tu vida sexual, tu relación de pareja o descubrir más sobre tu propio placer te invito a seguirme en todas las plataformas sociales, me encuentras como @LaylaMParty. Te acompaño en tu camino hacia el bienestar sexual. Para una atención personalizada te invito a agendar una consulta sexológica conmigo. Ámate, explórate y disfrútate cada paso del camino.)

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