Katmandú, Nepal. Uno de los muchos datos que fueron alimentando la curiosidad previo a tocar suelo en esta parte del sur de Asia, fue que los nepaleses comen con la mano derecha, porque la izquierda la consideran... inmunda.

Tanto para la fotoperiodista Vanessa Serra como para mí, pensarnos comiendo directamente de la mano era una de las tantas sorpresas que prometía esta larga travesía para conocer la cotidianidad de los puertorriqueños Gilberto Santos y Mirely Rivera. Afortunadamente, no pasamos por esa experiencia, pero sí comimos bien.

La comida nepalés o nepalí es una fusión de la cocina india y china, quizás con mayor influencia india por la variedad de curry en los guisos de carnes, verduras y vegetales.

Como ocurre a nivel cultural, la comida está estrechamente relacionada con las tradiciones del hinduismo y el budismo, que son esencialmente vegetarianas, aunque dependiendo de los grupos étnicos, muchos consumen carnes como el pollo, cordero, cerdo y cabra.

La vaca -como el cuervo, el perro y el buey-, es un animal sagrado por lo que sí puede ver una tomando una siesta en plena vía pública, pero no servida en un plato. El consumo de carne en los hogares nepaleses depende también del nivel económico de las personas. Un empleado promedio, por ejemplo, gana entre $3 y $4 por día, lo que limita su consumo de carne. Por ello, en las casas tampoco predominan las neveras. En su lugar las personas compran a diario lo que consumen.

Una compra para dos, que incluyó dos pechugas congeladas, un pernil de seis libras, un paquete de bacon y otro de jamón, y ocho caderas, tiene un costo de $68, cantidad que representaría entre 17 y 22 días de trabajo para un empleado promedio.

El plato tradicional, o lo que para los puertorriqueños sería el equivalente al arroz y habichuelas, es para los nepaleses el arroz blanco hervido solo en agua y dal o lentejas. Lo acompañan con verduras, vegetales, tortilla picante y tal vez alguna carne. La bebida principal es el té.

Gilberto y Mirely se han acostumbrado al sazón nepalés, pero jamás renuncian al sabor criollo.

“Tratamos de guardar ese elemento puertorriqueño en la cocina, porque cuando salimos toda esa comida de ellos es picante, así que nuestra casa la hemos hecho nuestra propia embajada puertorriqueña”, destacó el bayamonés.

En la alacena de la pareja se encuentran habichuelas y gandules secos, adobo, sobres de sazón, variedad de cremas, harina de pana, otros productos esenciales en la cocina boricua y, por supuesto, café. Lo que no consiguen son plátanos ni pana, algo que Mirely sufre porque no puede comer mofongo. “Cuando llegamos a Puerto Rico vamos a comer mofongo y viandas”, comentó con el antojo a flor de labios.

La festividad del Día de Reyes es una de las ocasiones en que el olor en el hogar de Gilberto y Mirely los transporta a la Isla.

“El Día de Navidad, como compartimos con los estadounidenses, celebramos y podemos comer pavo y cosas que ellos cocinen ese día, pero el Día de Reyes es hacer un pernil, arroz con gandules, ensalada de papas y eso es lo que se hace aquí”, apuntó Mirely.

El festejo incluye el recogido de grama por los niños que han adoptado como sus sobrinos. “Tienen que buscar una cajita, cortar grama por ahí y traerla si quieren recibir un regalo de nosotros”, compartió Gilberto, que poco le faltará para colocarse una corona y capa, porque la creatividad le sobra.