Desde pequeño, Alberto Sainz de la Maza Díaz solía viajar a España para compartir con su familia paterna. Lo que alguna vez fue el escenario de visitas y recuerdos familiares hoy se ha convertido en su hogar, luego de que el pasado abril dejara Puerto Rico para asumir las riendas de un negocio familiar.

Natural de San Juan, Sainz de la Maza Díaz recuerda haberse criado rodeado de su familia, entre juegos con los vecinos y los viajes de verano a España para visitar a la familia de su padre.

Comenzó a estudiar producción de eventos en la Universidad del Sagrado Corazón, pero su experiencia trabajando como mesero en distintos restaurantes pronto despertó en él un interés cada vez mayor por la cocina. Fue entonces cuando decidió cambiar de rumbo y se mudó a estudiar cocina en la Escuela Hotelera de San Juan.

“Mi primer trabajo en la cocina (de un restaurante) fue en Cannoli, en Ocean Park... Hacía de todo: la preparación, cocinar, emplatar... Todo me tocaba”, recordó sobre sus primeros pasos en la cocina en 2016 en entrevista con Primera Hora.

Tras más de un año trabajando en aquella cocina, Alberto continuó ampliando sus conocimientos y pasó por las cocinas de otros restaurantes. Hasta que una tarde recibió la llamada de su hermana, quien le contó que tenía una oportunidad de negocio en Orlando, Florida, y que quería emprenderla junto a él por su experiencia en restaurantes.

“Ella tenía más la experiencia administrativa y ahí fue que nos juntamos”, rememoró sobre aquella decisión.

Esa fue la primera vez que Alberto hizo las maletas para mudarse definitivamente de Puerto Rico. En ese momento, cuenta, la decisión no fue difícil: siempre había soñado con tener su propio negocio y vio aquella oportunidad como la que había estado esperando.

La emoción que sentía Alberto pronto chocó con los primeros contratiempos. Encontrar el local adecuado y conocer el mercado al que se enfrentaría fueron algunos de los retos iniciales. A esto se sumó una realidad que no había previsto: las largas jornadas de trabajo que implicaba sacar adelante el negocio.

Alberto, boricua en España durante su época trabajando en Florida, Estados Unidos.
Alberto, boricua en España durante su época trabajando en Florida, Estados Unidos. (Suministrada)

“Nosotros ya a las 4 a.m. ya estábamos allí horneando pan, haciendo los quesitos, los pastelitos. Teníamos almuerzo también. Ya luego, cerrábamos a las 4:00 o 5:00 de la tarde, para hacer compra, virar al negocio a dejar la compra… Yo llegaba a mi casa casi a las 9 de la noche para nuevamente estar a las 4:00 a.m.“, recordó.

“En cuestión al negocio se nos hizo bastante cuesta arriba, primero conseguir un buen local, conocer el mercado que había allí. Las personas que vivían allí, los intereses de esas personas”, dijo también.

Parte de ese mercado estaba compuesto por personas retiradas que vivían en Nueva York y viajaban a Florida durante los meses más fríos. Esa clientela, junto con los residentes del área, fue marcando poco a poco el rumbo que tendría el negocio y obligó a Alberto a entender que no bastaba con llevar una propuesta de sabores latinos.

El concepto original era el de una panadería latina, pero las preferencias de los clientes llevaron al equipo a ampliar la oferta. Así, al menú se incorporaron opciones más cercanas al gusto estadounidense, entre ellas hamburguesas y alitas, en un intento por conectar con el público de la zona sin dejar de lado la esencia con la que habían comenzado.

Durante tres años, Alberto y su hermana se mantuvieron al frente de la panadería. Sin embargo, una nueva oportunidad laboral para ella cambió nuevamente el rumbo de sus vidas y ambos decidieron vender el negocio. ___ permaneció un tiempo más en Orlando, esta vez trabajando como camionero, transportando mercancía que recogía en Georgia y llevaba hasta Florida, principalmente para tiendas de muebles de baño y losetas. Allí estuvo alrededor de año y medio.

La experiencia, sin embargo, terminó llevándolo de vuelta a Puerto Rico. Las dificultades económicas y el hecho de encontrarse solo en Orlando hicieron que tomara la decisión de regresar a la isla. “Ya no aguanto más, voy a ir a Puerto Rico”, recuerda que se dijo antes de volver y comenzar a trabajar en el Hyatt Regency Grand Reserve Puerto Rico, en Río Grande. Pero su regreso duraría poco. Menos de seis meses después, recibió una oferta de trabajo en España, esta vez de parte de su propia familia.

La propuesta significaba volver a un lugar que siempre había estado presente en su vida. Un familiar le pidió que se trasladara a España para comenzar a involucrarse en un restaurante familiar con más de 20 años de trayectoria, con la intención de que, llegado el momento, asumiera su dirección cuando su primo se retire.

Para Alberto, aceptar no representó un gran dilema: se trataba de su familia y, además, de una oportunidad para reencontrarse con sus raíces. Sus padres, que se retiraron en Puerto Rico, también decidieron mudarse a España. Ahora, mientras se prepara para asumir ese nuevo capítulo, disfruta de la diversidad cultural que ha encontrado en el país y de la posibilidad de seguir construyendo su historia entre dos lugares que, de distintas maneras, siempre han formado parte de su vida.