Apareció una franja marrón entre el océano Atlántico y África: ¿de qué se trata?
La NASA lo captó con imágenes satelitales.

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Imágenes satelitales de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, en inglés) detectaron una extensa franja marrón que une la costa occidental de África con el golfo de México: se trata de un gigantesco cinturón de sargazo, una macroalga flotante cuya expansión masiva ya se ha convertido en un problema ambiental para el Atlántico, el Caribe y Florida.
Los instrumentos de observación de la NASA registraron una presencia vegetal de dimensiones continentales que se extiende desde las costas africanas hasta aguas americanas. Según los científicos de la Universidad del Sur de Florida, se trata de una franja de millones de toneladas de restos vegetales que se desplaza impulsada por las corrientes oceánicas y que viene modificando la dinámica del océano Atlántico desde 2011.
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La “mancha” marrón que muestran las imágenes satelitales corresponde al llamado Gran Cinturón de Sargazo, una acumulación masiva de macroalgas flotantes. Este corredor biológico puede abarcar miles de kilómetros y su densidad varía según la estación del año, pero en los últimos años su volumen ha roto varios récords históricos.
De acuerdo con los datos citados en el artículo, en mayo de 2025 la biomasa alcanzó un máximo de 38 millones de toneladas, superando la marca previa registrada en 2022. En la actualidad, las mediciones de los especialistas estiman que la masa total ronda los 13 millones de toneladas, una cifra que continúa siendo muy elevada para los ecosistemas que toca.
El sargazo pertenece a un grupo de algas que no necesita fijarse al fondo marino para desarrollarse. Sus estructuras incorporan pequeñas vesículas llenas de gas que le permiten flotar y formar verdaderas “alfombras” en la superficie del agua.
En mar abierto, esta vegetación desempeña un papel positivo: sirve de refugio y zona de cría para tortugas marinas, peces, invertebrados y aves.
El problema surge cuando el volumen de esta planta crece de forma desmedida y las masas de sargazo avanzan hacia las costas. El fenómeno, que se repite cada primavera y verano boreal, se ha transformado en un desafío ambiental transnacional. Las corrientes empujan la vegetación hacia el oeste, hasta las playas del Caribe y el litoral de Florida, donde su impacto se vuelve evidente.
En las zonas costeras, las acumulaciones excesivas dificultan la respiración y el desplazamiento de muchas especies marinas. Las “montañas” de algas bloquean la luz solar, alteran el ciclo vital de organismos costeros y, cuando se hunden, pueden asfixiar arrecifes de coral y praderas de pastos marinos, provocando daños que pueden ser irreversibles para estos ecosistemas.
La descomposición del sargazo en la arena agrava el problema. El proceso libera sulfuro de hidrógeno, un gas con un olor intenso similar al de los huevos podridos, que afecta tanto a la ecología marina como a la calidad del aire en las playas. Al mismo tiempo, el paisaje se deteriora y la calidad del agua se ve comprometida por cambios en la química del entorno costero.
El impacto alcanza de lleno a los sectores hotelero y gastronómico de las regiones afectadas. La presencia de grandes cantidades de algas ahuyenta a los turistas, reduce la afluencia de visitantes y obliga a invertir sumas crecientes en la limpieza de playas y mitigación de daños.
Cada nueva proliferación masiva incrementa los costos económicos, al tiempo que deja una huella ambiental más profunda en uno de los corredores turísticos más importantes del continente.

