Dos naves espaciales con destino a Mercurio dejaron atrás su nave nodriza el jueves y comenzaron el tramo final de su viaje de casi una década hacia el planeta más pequeño del sistema solar y el más cercano al Sol.

Las naves europea y japonesa, unidas entre sí, se separaron de su crucero como estaba previsto, pero los controladores tuvieron que esperar dos horas de ansiedad para recibir la confirmación mediante señales de radio. La operación crucial se transmitió desde el centro de control de la Agencia Espacial Europea en Alemania, a más de 200 millones de kilómetros (124 millones de millas) de distancia.

“Es un momento brillante”, afirmó el científico principal del proyecto, Geraint Jones.

Si todo sale bien, las naves acopladas conocidas como BepiColombo entrarán en órbita alrededor de Mercurio en noviembre y se separarán entre sí en diciembre para cartografiar y estudiar todo el planeta desde distintas altitudes. Hasta el jueves, a la nave aún le faltaban 3.3 millones de kilómetros (2 millones de millas) para llegar a su destino.

Lanzada en 2018, la misión BepiColombo lleva el nombre del matemático italiano que participó en la misión Mariner 10 de la NASA a Mercurio en la década de 1970. Sólo otra nave espacial, la Messenger de la NASA, ha explorado este desconcertante y abrasador planeta, apenas un poco más grande que nuestra Luna.

“Lo diminuto que es Mercurio y aun así alberga algunos de los mayores misterios de nuestro sistema solar”, comentó la directora de la misión, Santa Martinez, a principios de semana.

Jones añadió: “Todavía queda muchísimo por aprender”.

BepiColombo ya ha recorrido más de 10,000 millones de kilómetros (6,000 millones de millas) en su ruta indirecta, según Martinez.

Necesitó nueve sobrevuelos planetarios para reducir lo suficiente su energía como para quedar atrapada en la órbita de Mercurio. El último sobrevuelo, en enero de 2025, arrojó fotos impresionantes de los cráteres de impacto y las llanuras volcánicas de Mercurio.

A partir de la próxima primavera, una batería de instrumentos científicos en las naves europea y japonesa estudiará el campo magnético que envuelve a Mercurio, el denso interior del planeta y los procesos geológicos en la superficie, incluidos los “huecos”, o depresiones, que los científicos creen que están siendo erosionados por minerales que se vaporizan de las rocas.

Es un mundo extraño de contrastes. En un planeta donde la temperatura puede superar los 427 grados Celsius (800 grados Fahrenheit), los polos son fríos, con cráteres profundos y permanentemente en sombra, repletos de hielo.

Dada la proximidad de Mercurio al Sol, los ingenieros tuvieron que diseñar la nave para resistir condiciones “extremadamente implacables”, detalló Ignacio Tanco, de la Agencia Espacial Europea, jefe de operaciones de la misión.

“Es, en esencia, equivalente a operar con un horno de pizza muy caliente funcionando justo en tu espalda”, explicó Tanco.

Las observaciones científicas deberán iniciar la próxima primavera, y la Agencia Espacial Europea cubrirá la mayor parte del costo de la misión, de 2,000 millones de dólares (1,700 millones de euros).