Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine indica que las personas que bailan más de una vez por semana presentan un 76% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes lo hacen de manera ocasional.

La investigación, realizada por científicos del Colegio de Medicina Albert Einstein, analizó durante décadas la relación entre distintas actividades físicas y la salud cerebral en adultos mayores residentes en Nueva York.

El trabajo comenzó a mediados de la década de 1980, cuando los investigadores reclutaron a cerca de 500 hombres y mujeres de entre 75 y 85 años que vivían en el Bronx. Todos los participantes se sometieron a evaluaciones neuropsicológicas y respondieron cuestionarios sobre su estado de salud y hábitos de vida.

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A lo largo de los años, el equipo realizó un seguimiento continuo de la función cognitiva de los voluntarios. El diseño de observación prolongada buscó evitar sesgos, ya que las personas en etapas tempranas de demencia suelen reducir actividades como el baile, lo que podría alterar los resultados si no se considerara ese factor.

Por qué muestra mayores beneficios

Además de ser una actividad aeróbica, la danza implica desafíos cognitivos, como memorizar pasos o improvisar movimientos, así como coordinación motora, equilibrio e interacción social. Según los investigadores, estas características obligan al cerebro a realizar varias tareas de forma simultánea, lo que podría explicar su asociación con un menor riesgo de deterioro cognitivo.

Otras actividades físicas, como la natación y la caminata, también mostraron una tendencia positiva en relación con la salud cerebral, aunque sus efectos no fueron tan significativos como los observados en quienes bailaban con regularidad.

Actualmente, algunas clínicas ya recomiendan la danza como terapia complementaria para pacientes con trastornos del movimiento, como la enfermedad de Parkinson. En línea con estos hallazgos, un metaanálisis publicado en 2020, que incluyó 29 ensayos clínicos aleatorizados con adultos mayores sanos, encontró que la danza social se asocia con una reducción del 37% en el riesgo de caídas, además de mejoras en el equilibrio y la fuerza de la parte inferior del cuerpo.

Otro estudio poblacional de gran escala observó que escuchar música la mayoría de los días también se relaciona con una disminución del riesgo de demencia, lo que sugiere que la estimulación musical puede beneficiar al cerebro incluso sin la práctica activa del baile.

Los especialistas advierten que no existe una estrategia única para prevenir la demencia, ya que su aparición depende de múltiples factores, entre ellos la genética, el estilo de vida, la alimentación, el estrés y la exposición a elementos ambientales.

No obstante, coinciden en que incorporar actividades físicas y cognitivamente estimulantes puede contribuir a la salud cerebral, siempre que formen parte de la vida cotidiana de manera placentera.