Un estudio desarrollado por la Universidad de Helsinki y el Instituto Minerva de Investigación Médica analizó cómo la historia reproductiva se relaciona con la salud y la longevidad de las mujeres adultas.

La investigación, publicada en Nature Communications, se basó en datos de gemelas finlandesas y examinó tanto indicadores de mortalidad como marcadores biológicos del envejecimiento.

Las participantes completaron un cuestionario inicial en 1975 y fueron monitoreadas de forma periódica hasta la actualidad. El análisis incluyó a casi 15,000 mujeres y mostró que aquellas que tuvieron dos o tres hijos registraron, en promedio, una mayor esperanza de vida en comparación con otros grupos. En contraste, las madres con familias numerosas, las mujeres sin hijos y quienes tuvieron su primer hijo a edades muy tempranas presentaron señales de envejecimiento más acelerado.

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El momento de los embarazos también resultó relevante. Los datos indican que los embarazos ocurridos aproximadamente entre los 24 y 38 años se asociaron con patrones de envejecimiento y longevidad más favorables. Por el contrario, tener un número de hijos por encima del promedio (más de cuatro) se vinculó con una menor esperanza de vida y con un envejecimiento biológico más rápido, un resultado que, según los autores, coincide con la teoría de la historia de vida en biología evolutiva.

El estudio fue realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Barcelona (UB), en España, la Universidad Icesi de Colombia y la Universidad Ramon Llull, también de Barcelona.

“Desde la perspectiva de la biología evolutiva, los organismos tienen recursos limitados como tiempo y energía. Cuando se invierte una gran cantidad de energía en la reproducción, se descuida el mantenimiento y la reparación del cuerpo, lo que podría reducir la esperanza de vida”, explicó la investigadora doctoral Mikaela Hukkanen, responsable del trabajo.

De forma inesperada, el análisis también encontró que las mujeres sin hijos mostraban un envejecimiento más acelerado que aquellas con algunos hijos. Los investigadores advierten que este resultado podría estar influido por factores de salud o de estilo de vida que no pudieron controlarse completamente durante los análisis estadísticos.

La edad epigenética y su relación con la maternidad

El posible equilibrio entre reproducción y longevidad ha sido objeto de estudio desde principios del siglo XX, aunque con conclusiones dispares. En esta investigación, uno de los aportes centrales fue la incorporación de mediciones biológicas del envejecimiento mediante relojes epigenéticos, calculados a partir de muestras de sangre de más de mil participantes. Estos relojes permiten estimar el deterioro progresivo de células y tejidos, incluso décadas antes del fallecimiento.

Los resultados obtenidos con estos marcadores confirmaron las tendencias observadas en los datos de mortalidad. Según los relojes epigenéticos, las mujeres que tuvieron muchos hijos o ninguna descendencia eran biológicamente algo mayores que su edad cronológica. “Una persona biológicamente mayor que su edad calendario tiene un mayor riesgo de muerte. Nuestros resultados muestran que las decisiones sobre la historia de vida dejan una huella biológica duradera que puede medirse mucho antes de la vejez”, señaló Miina Ollikainen, directora del estudio.

En algunos análisis, la maternidad a edades tempranas también se asoció con un envejecimiento biológico más rápido. “En algunos de nuestros análisis, tener un hijo a una edad temprana también se asoció con el envejecimiento biológico. Esto también podría estar relacionado con la teoría evolutiva, ya que la selección natural puede favorecer una reproducción temprana que conlleva tiempos generacionales más cortos, incluso si conlleva costos para la salud asociados con el envejecimiento”, finalizó la investigadora.

El equipo subraya que los hallazgos deben interpretarse a nivel poblacional. No establecen relaciones de causa y efecto ni constituyen una base para recomendaciones individuales, especialmente considerando que el tamaño de las familias ha disminuido y la edad del primer hijo ha aumentado en comparación con el período analizado. “Por lo tanto, una mujer individual no debería considerar cambiar sus planes o deseos sobre la maternidad basándose en estos hallazgos”, concluyó Ollikainen.