Metro: Last Light es el más reciente capítulo de la larga lista de juegos que utilizan el mismo escenario de un mundo devastado por la guerra y donde los pocos sobrevivientes luchan por sobrevivir. Lo que lo separa del resto es una excelente y profunda historia narrada a través de los personajes que habitan un mundo rico en detalles, pese a su inconsistente acción e incompetentes enemigos.

El juego nos traslada a una ciudad de Moscú, en Rusia, devastada por el bombardeo atómico de algún conflicto mundial. La moneda en este mundo son las municiones. El agua potable y el oxígeno son escasos. En este escenario existe un elaborado sistema político con distintas facciones que, luego de años de coexistencia, ahora buscan conquistar a sus vecinos para obtener más bienes. Es en medio de este conflicto donde el protagonista y un grupo de personas tienen que evitar una nueva guerra.

Visualmente, Metro: Last Light impresiona con la cantidad de detalles que presenta en la pantalla. Los escenarios, aunque algo repetitivos, transmiten muy bien la desolación de este mundo. En contraste con toda la destrucción, los personajes lucen llenos de vida gracias a la fluidez de sus movimientos.

Paciencia = resultados

La paciencia es clave para poder apreciar todo lo que Metro: Last Light tiene que ofrecer. Gran parte de los detalles de su historia son expuestos en las conversaciones que los distintos personajes tienen en cada región. Detenerse y escuchar estas interacciones no solo ayuda a poner en perspectiva todo lo que ocurre a lo largo de juego sino que además es vital para descubrir lugares específicos con todo tipo de materiales esenciales para la sobrevivencia del grupo.

 De igual forma, la acción requiere de temple y serenidad para lograr el éxito con pocos problemas. Los enemigos son sumamente simples y apenas se adaptan a las situaciones y responden a la variedad de ataques por lo que es muy fácil atacarlos uno a uno desde distintos ángulos. Disparar bombillas y hacer poco ruido evitan reacciones y ahorran municiones, lo que es recomendable. En algunos casos, incluso si se espera que los enemigos hablen entre sí y caminen, se puede evitar el combate. Claro, que el que quiera enfrentarlos simplemente puede brincar al mismo medio y comenzar a disparar, aunque se arriesga a que alguno de los oponentes pida refuerzos y tenga que enfrascarse en una intensa reyerta con tiros por todos lados.

Por otro lado, cualquier tipo de estrategia es nula a la hora de enfrentar los mutantes cuya agresividad y fuertes ataques no ofrecen espacio para trabajar estrategia alguna que no sea disparar  rápidamente con el arma más potente a la mano.

Pocas opciones de juego

Pese a la gran cantidad de detalles que Metro: Last Light ofrece en términos de visuales y su densa narrativa, el juego se queda corto a la hora de diversificar su oferta. Lo primero que resalta es que no tiene opciones de multijugador, algo que en este género es una verdadera rareza. Tampoco incluye mucho contenido para coleccionar y no da mucho espacio a la hora de tomar decisiones. Estas limitaciones tienen como resultado que una vez el jugador concluya  no tenga razón alguna para volver a jugarlo.

Metro: Last Light se encuentra disponible en el mercado desde el 14 de mayo para las consolas Playstation 3, Xbox 360 y computadoras PC y es clasificado M (Mature), por lo que es dirigido a un público adulto.

El juego nos traslada a una ciudad de Moscú, en Rusia, devastada por el bombardeo atómico de algún conflicto mundial.