Era marzo de 2020 y, mirándolo ahora, parecía el momento menos indicado para brindar, pero Sachira Rodríguez y su esposo, Jovan Latorre, celebraban porque después de año y medio de gestiones burocráticas, por fin el Gobierno les había otorgado el permiso final para confeccionar sus sangrías artesanales.

Y en una semana, a los jóvenes emprendedores se les juntaron todas las suertes posibles: arrancaban con la producción de su sueño: St.Gría, se enteraban de que un bebé venía en camino y el país entero se confinaba por la pandemia de covid-19.

Para muchos, lo lógico hubiera sido desistir. Sin embargo, ellos decidieron seguir adelante. Hoy son una microempresa boricua que elabora bebidas listas para servir con una capacidad de manufactura de sobre 2,200 botellas diarias desde su planta en Hato Rey.

St.Gria
St.Gria (Suministrada)

“Pero ese primer año fue bastante retante, bastante fuerte”, cuenta Rodríguez.

El inicio

La joven pareja ya había aprendido de los golpes de la vida. En 2017, tras el huracán María, quedó desempleada en el sector del mercadeo y la publicidad.

Fue ahí que la idea surgió. No como algo concreto, sino como quien suelta: “Maybe, algún día, podamos hacer algo así”.

Él comenzó un restaurante; ella, a dar clases en la universidad. Pero la semilla, entre tanto y tanto, echaba raíces. Crearon el concepto e inscribieron la compañía.

Un proyecto que surgió de una catástrofe no moriría, entonces, por un encierro. Así que esos primeros meses les permitieron crear la página web y adaptarse.

“Para cuidar al niño que estaba gestando, hacíamos delivery. La gente no llegaba a nosotros, nosotros llegábamos a ellos”, recuerda.

Se movían por San Juan, Guaynabo, Bayamón y Caguas. El cliente abría el baúl del auto. Y ellos colocaban la orden.

Aquella distancia obligada, paradójicamente, los unió más a su clientela. Las llamadas telefónicas y el intercambio directo les ayudaron a obtener feedback, a conocer su target, sus gustos y necesidades.

El gran paso

En 2021, mientras su esposo cuidaba en el carro al bebé de meses de nacido, Rodríguez fue con varias botellas de su sangría a una reunión con los representantes de Freshmart decidida a que le dieran una oportunidad.

— “Este es nuestro emprendimiento. Tenemos atributos importantes. Nuestros productos son gluten free, vegan y no tienen azúcar agregada”, les dijo.

— “Hay muchas compañías que han empezado con nosotros y, con el tiempo, han crecido y se han podido expandir”, le comentó el dueño tras la presentación.

— “Sí, yo sé, y eso me va a pasar a mí porque tú me vas a dar la oportunidad”, respondió Rodríguez.

Ellos las probaron. Ella veía que les gustaba. Le pidieron unos segundos para conversar. Ese mismo día cerraron el trato.

Y, como premonición, desde ahí no han parado de crecer.

El sabor… y que se vea linda

“La sangría es nuestro coctel favorito”, reconoce la empresaria. No obstante, les costaba encontrar una en el mercado que fuera de su agrado. “Lo que sentías en el primer sorbo era azúcar”.

Su misión era crear una donde, desde el inicio, las protagonistas fueran las frutas, pero unas que no fueran las tradicionales, para ampliar el paladar del consumidor.

Para hacerlo, tomó clases de mixología y bartending, se familiarizó con los procesos de manufactura y buscó asesoramiento cuando encontraba algún obstáculo.

De esa forma, ideó la sangría de mangó y whisky, la de acerola con jengibre y la de guanábana con menta natural.

“Para mí, era importante vender un producto que supiera superrico, pero también que se viera lindo, que la gente lo quisiera para regalar”, explica.

La consistencia

Luego, a petición de los restaurantes, nació la versión tradicional, pero a base de granada, como una alternativa clásica.

Para Rodríguez, St.Gría también responde a una necesidad en la industria de la hospitalidad.

“Yo soy de esas clientas fieles que va a un lugar, pruebo un producto y, si me encanta, me caso”, apunta.

No obstante, ante la falta de empleados o la rotación de turnos, la calidad de las bebidas no siempre suele ser la misma.

“Somos esa opción ideal para mantener la consistencia en sus operaciones”, resalta.

El catálogo lo completa una margarita artesanal. Todas las versiones están disponibles tanto en botellas individuales como en cajas de degustación (sampler box).

Crecer desde Puerto Rico

Años después, el proyecto que comenzó entregando en los baúles se transformó en una planta manufacturera de bebidas alcohólicas en la calle Manuel Camuña en Hato Rey.

Con un equipo de ocho empleados, mantiene presencia en más de 125 puntos de venta.

Además de su propia marca, también le han abierto las puertas de su fábrica a otros productos bajo private labels, vertiente que se ha convertido en una parte central del negocio.

“Siempre me vi de esa forma, como ser ese puente entre ‘mira lo que puede pasar con tu negocio’ y ‘mira cómo yo te ayudo a construirlo’”, confiesa.

A través de stgria.com, los consumidores pueden realizar órdenes a domicilio o pueden visitar las instalaciones, donde ofrecen experiencias de degustación y hasta empaques para regalos.

“Hay gente que piensa que somos una compañía de afuera, que la creó un estadounidense, que es heredada o que la receta la hizo mi abuelo, pero no”, puntualiza Rodríguez.

“Las recetas las hicimos nosotros. Somos una compañía local, somos jóvenes empresarios, padres de familia que lo que queremos es lo mejor para todos”.