Con el deseo optimista de restituir la parcha a la canasta de frutos puertorriqueños, la cocinera toabajeña Carmen Umpierre y su esposo Carlos Cruz, levantaron, desde la Ciudad Llanera, un campo agrícola especializado en el cultivo ecológico, para devolver la conocida “fruta de la pasión” al mercado comercial de la Isla.

“La parcha dejó de cultivarse en la década del 90. Lo que estamos tratando de hacer es rescatar un fruto, muy conocido por los puertorriqueños, pero que está ausente en el mercado porque ya no se siembra”, expresó Umpierre sobre el propósito de su Finca Noa.

La agricultora de 49 años y graduada del programa de artes culinarias en el Instituto de Banca de Puerto Rico, narró que en 2012 materializó un acuerdo con la Autoridad de Tierras, que le permitió tomar las riendas de un terreno con 15 cuerdas en el barrio Candelaria de Toa Baja para cosechar las parchas.

“Como estudiante de cocina, gané una competencia nacional del Instituto con un receta de mousse  de parcha. Me di cuenta que no había suficiente fruto para preparar ese plato a la escala de un restaurante y decidí, junto a mi esposo, que una forma de reinventarnos, era comenzar a cultivar de nuevo la parcha, y ahora estamos cosechando nuestra primera siembra”, compartió la agricultora.

Su esposo,  mientras tanto, explicó que el proyecto agroecológico Noa comenzó hace un año con la parcha como protagonista. Sin embargo, en la finca también crecen calabazas, ajíes dulces, berenjenas, zanahorias, mazorcas, melones y girasoles.

“Estamos en plena negociación para comenzar a vender nuestras parchas, al menos, a los supermercados locales. Nuestro interés es que podamos establecer fincas de parcha en diferentes municipios para incrementar la presencia del fruto en el marcado. Por otra parte, queremos -eventualmente-  abrir un restaurante especializado en las recetas a base de parcha”, reveló la experta en artes culinarias.

“La parcha es una fruta tropical que se da fácilmente”, declaró Cruz.

“Ha sido una forma de reinventarnos como familia porque antes trabajábamos haciendo jardines y quedamos cesanteados. Esto nos está dando la oportunidad de trabajar juntos en algo en lo que sabemos y en algo que nos hace felices”, agregó.

Según establece la empresaria, el establecimiento de su primera empresa , ha validado las batallas que como madre y mujer emprendió en el pasado.  “La realidad es que he luchado contra viento y marea para lograr establecer el proyecto de la Finca Noa en este lugar”, indicó  Umpierre, quien tuvo que esperar al menos cuatro años por la autorización de la Autoridad de Tierras para labrar sobre el terreno, en que ahora cultiva frutos locales.             

La madre de tres hijos reveló que Noa es un nombre bíblico y que se refiere a una mujer que obtuvo por primera vez el derecho de heredar los bienes de su padre.

“Yo me siento bien satisfecha y, en honor a la verdad, si yo hubiese descubierto la agricultura mucho antes en mi vida, me hubiese dedicado por completo a ella. Yo creo que tuve una oportunidad  al crear el proyecto y lo más satisfactorio es que se la propuse a mi esposo y juntos la hemos sacado adelante. Ahora estamos viendo los frutos germinar, tanto en el terreno como en nuestro hogar”, expresó.

Hace solamente dos años que la toabajeña culminó  sus estudios profesionales de artes culinarias.

Manifestó que estudiar cocina fue un sueño que siempre tuvo y que solamente pudo culminar cuando fue  cesanteada -junto a su esposo- del trabajo al que le dedicaron la mayor parta de su vida.

“Yo diseñaba jardines y mi esposo los construía. Trabajábamos para una empresa y quedamos cesanteados en 2008. Yo decidí que debía hacer algo y perseguí mis sueños de estudiar artes culinarias. Ahora tengo mi propia finca y le estoy proveyendo ejemplo de superación a mis hijos”, afirmó la luchadora mujer.

“Trabajo en la tierra todos los días. Como madre, llego a mi casa y sigo con las riendas del hogar, como lo haría cualquier otra mujer. Yo creo que no hay límites y las mujeres tenemos mucho que aportar en todos los campos”, agregó Carmen Umpierre, quien evidencia su orgullo por la labor lograda cultivando la tierra.