Los sistemas de climatización son hoy uno de los dispositivos más utilizados en viviendas y espacios laborales, especialmente cuando las temperaturas alcanzan niveles elevados durante la temporada de calor.

Esta dependencia de los equipos de enfriamiento suele traducirse en un incremento del consumo de electricidad y en facturas mensuales más altas.

De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los sistemas de refrigeración y ventilación representaron alrededor del 7% del consumo energético mundial en 2022, lo que refleja el impacto que estos dispositivos tienen en la demanda global de electricidad.

Ante este escenario, especialistas recomiendan adoptar ciertas prácticas que permitan mejorar la eficiencia energética del aire acondicionado sin afectar el bienestar de las personas. Una de las medidas más simples consiste en optimizar el uso del equipo mediante configuraciones adecuadas y hábitos de uso responsables.

Relacionadas

Entre las recomendaciones clave está evitar que la luz solar ingrese directamente al interior de la vivienda durante las horas de mayor radiación. Bajar persianas o cerrar cortinas al mediodía ayuda a reducir la carga térmica del hogar y permite que el sistema de climatización enfríe el ambiente con mayor rapidez.

Al disminuir el calor que entra al espacio, la temperatura interior se mantiene estable durante más tiempo. Esto evita que el aire acondicionado tenga que trabajar a máxima potencia o que deba encenderse con tanta frecuencia para mantener el ambiente fresco.

Esta práctica también permite que el sistema opere con menor esfuerzo, reduciendo el consumo de electricidad y prolongando la vida útil del equipo. De esta manera, se logra un ambiente confortable sin generar un gasto energético innecesario.

Otra recomendación de expertos es ajustar el termostato a una temperatura moderada durante el verano. El Departamento de Energía de Estados Unidos sugiere configurarlo entre 75.2 °F (24 °C) y 77 °F (25 °C) cuando hay personas en el lugar.

Mantener una diferencia razonable entre la temperatura exterior y la interior también contribuye al ahorro energético. Incluso aumentar un solo grado en el termostato puede disminuir el consumo eléctrico entre un 3% y un 5%, lo que se refleja tanto en un menor costo mensual como en un impacto ambiental más bajo.