Dufur, Oregon. Los titulares sobre la pandemia de coronavirus en Estados Unidos se han enfocado en los estragos en ciudades como Nueva York, Seattle y San Francisco, pero hay grandes áreas rurales del país que también se están viendo afectadas profundamente. Los residentes de áreas rurales que van desde Alabama y Vermont hasta localidades congeladas en Alaska temen que visitantes les lleven el virus a áreas con ya escasos recursos médicos y donde el cierre del único restaurante de la ciudad trae un mayor aislamiento social.

Como resultado, se produce una caída libre económica que está golpeando con fuerza a lugares donde los trabajos ya eran difíciles de conseguir.

En las áreas urbanas de Estados Unidos, donde el coronavirus se disemina exponencialmente, las reglas del distanciamiento social se repiten como un mantra, pero parecen algo tontas en lugares rurales donde los vecinos ya viven alejados entre sí y “trabajar desde casa” significa otro día más manejando un tractor o marcando terneros.

Sin embargo, a medida en que la pandemia se disemina por el país, esas zonas también se ven amenazadas. Pueblecitos en las planicies de Oregon y granjas ganaderas aisladas en Dakota del Sur pudieran no tener un solo caso de coronavirus ahora, pero sus calles principales están vacías y sus clínicas abrumadas por los preocupados.

“Nadie sabe qué hacer y la gente anda corriendo en círculos, así que dicen ‘no te me acerques, es lo que digo’”, dice Mike Filbin, un ganadero de 70 años en el condado Wasco, en Oregon, una de las pocas partes del estado que aún no ha reportado un caso de COVID-19. “En estos momentos, estamos bien aquí, pero no somos inmunes a nada y si ellos lo traen, va a estallar”, agregó.

Para empeorar las cosas, algunas de las comunidades más remotas tienen acceso muy limitado o ninguno a internet y el servicio celular es errático. Eso hace muy difícil trabajar y estudiar desde casa en una era de escuelas y oficinas cerradas y elimina la posibilidad de los contactos en vídeo de los que dependen ahora los habitantes urbanos del país para seguir conectados.

Las formas usuales de socialización en las áreas rurales -jugar a la lotería, visitas al restaurante local y cenas colectivas- son de repente un tabú.

“Las personas de las zonas rurales dependen de sus vecinos y tienen más confianza en sus vecinos”, dijo Ken Johnson, un demógrafo en la Escuela Carsey de Políticas Públicas y profesor de sociología en la Universidad de Nueva Hampshire. “Ahora se supone que las personas se aíslen ¿Qué significa eso cuando las personas de quienes dependes para recibir ayuda tienen que ponerse a sí y a sus familias en riesgo? No sé que va a hacer eso en las zonas rurales”.

En la mayoría de la gente, el nuevo coronavirus provoca síntomas leves o moderados que desaparecen en dos a tres semanas. En algunas personas, sobre todos los adultos mayores y las que padecen trastornos de salud subyacentes, puede provocar enfermedades más graves, como la neumonía, e incluso la muerte. La mayoría de la gente se recupera.

La pandemia global provocada por el nuevo coronavirus ha infectado al menos a 441,000 personas y ha matado a casi 19,800 en el mundo, paralizado economías e impuesto restricciones a los desplazamientos de millones de personas para tratar de impedir que el virus siga propagándose y abrumando a los sistemas de salud.