Trump reaparece en cena de periodistas entre burlas, insultos y una broma sobre reelegirse
Durante la cena reprogramada de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, el presidente volvió a lanzar críticas contra los medios y se burló de figuras públicas.

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El presidente Donald Trump regresó el viernes al escenario de la cena reprogramada de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, donde pronunció un discurso divagante en el que elogió a algunos periodistas, lanzó pullas contra otros, hizo bromas sobre el peso y el intelecto de figuras públicas, y bromeó sobre un tercer mandato presidencial.
Aun así, le aseguró al público de periodistas que había eliminado las partes más mordaces de sus comentarios.
“Eso iba a ser tremendo”, manifestó Trump sobre el discurso que estaba preparado para dar en abril, antes de que un hombre armado trastocara la cena original y obligara a posponerla.
“Como dije hace tres meses, el espectáculo debe continuar”, señaló el presidente al iniciar sus palabras, celebrando la decisión de reprogramar la cena. Se refirió al “intento de asesinato masivo” que podría haber ocurrido aquella noche de abril, pero luego pasó en gran medida al humor... y a los insultos.
El regreso de Trump a la cena de corresponsales —y su promesa de volver también el próximo año— representó un momento notable en su relación con los medios de comunicación, a los que ha atacado, demandado y aplicado medidas administrativas desde que asumió su segundo mandato a comienzos del año pasado. Entre los asistentes había reporteros a los que había sancionado y vetado de eventos.
El discurso de Trump, a veces subido de tono y de más de una hora de duración, estuvo lleno de ataques vagos dirigidos a personas que no le agradan, desde la actriz Jane Fonda hasta la leyenda del rock Bruce Springsteen y “Barack Hussein Obama”.
Entre otros blancos del humor punzante del presidente estuvieron los presentadores nocturnos Jimmy Fallon y Jimmy Kimmel; la representante demócrata Ilhan Omar; el gobernador de California, Gavin Newsom; el exgobernador de Nueva Jersey Chris Christie; y los propios redactores de discursos de Trump, cuyos chistes a veces criticó incluso mientras los decía. Algunos comentarios rozaron el racismo.
El presidente también dedicó cierto tiempo a expresar orgullo por el salón de baile del hotel Waldorf Astoria, anteriormente el Trump International Hotel. “Es estupendo volver a un lugar que conozco muy bien porque yo lo construí”, afirmó.
Trump también aludió a los galardones de periodismo que se habían entregado más temprano esa noche, la mayoría por historias que lo cuestionaban a él y a su gobierno. “¿Tengo voz en esos premios?”, preguntó con una mueca.
Hizo una breve mención de la guerra contra Irán y varios comentarios sobre el salón de baile que está construyendo en la Casa Blanca. También aprovechó la ocasión para bromear acerca de la posibilidad de que cumpliera un tercer mandato, algo que la 22ª Enmienda de la Constitución prohíbe.
“Igual que mi presidencia, la segunda vez siempre es mejor”, bromeó el presidente. “Y la tercera vez será mejor todavía”.
Y añadió: “Sólo estoy bromeando”. Luego, al final, se puso una gorra roja que decía “Trump 2028” y soltó la “primicia” de que se postulaba de nuevo.
Fue una cena muy distinta a la anterior
Antes, Trump había entrado al salón de baile entre aplausos corteses, y recibió el agradecimiento de la presidenta saliente de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang, de CBS News, por su apoyo. Después de la cena permaneció sentado durante más de una hora de entrega de premios.
Uno de los ganadores, Tyler Pager, de The New York Times, era de hecho uno de los reporteros que habían sido citados por el Departamento de Justicia de Trump debido a su cobertura sobre el avión Air Force One que Qatar le regaló al mandatario. Esas citaciones fueron retiradas el jueves en un tribunal de Nueva York, sólo uno de los escenarios en los que el presidente, en su segundo mandato, ha intentado controlar la cobertura mediática que le desagrada.
La cena reprogramada se llevó a cabo esta vez en un lugar más pequeño, con capacidad para unas 700 personas. La seguridad fue notablemente más estricta. Los invitados ingresaron por una sola entrada, pasaron por dos controles de identificación y por un perro detector, además de agentes armados y guardias de seguridad. No hubo alfombra roja ni recepciones de cóctel separadas antes de la cena.
“Intentemos esto otra vez”, bromeó Jiang al dar la bienvenida al público. El cuerpo de prensa de la Casa Blanca, señaló, “siempre tiene una pregunta de seguimiento”. Cambiando a un tono más serio, hizo referencia al trauma y la confusión de la cena original en abril.
“Esta noche nuestro mensaje es este: hemos vuelto”, expresó. “No nos dejaremos intimidar. Nos negamos a permitir que un acto de violencia tenga la última palabra”.
Al comienzo de su discurso, Trump dio a entender que había decidido moderarse. Pero conservó algunos dardos. Como este, dirigido al público repleto de medios: “Este es realmente el grupo más grande de gente con ‘Síndrome de trastorno por Trump’ reunida al mismo tiempo”.
Se entregaron premios por valentía durante el tiroteo de abril
Además del enfoque más contenido, hubo otro cambio en la cena del viernes: dos premios adicionales. Uno se entregó a Victor Gonzales, el agente del Servicio Secreto que estaba asignado a un punto de control de seguridad en abril y fue alcanzado en su chaleco protector.
Gonzales “se colocó directamente en peligro y se enfrentó al sospechoso armado”, expresó Jiang. “Siguió luchando y el atacante fue detenido”.
Un segundo premio se entregó al personal del hotel Washington Hilton, sede de la primera cena, que fue elogiado por su profesionalismo bajo presión.
El código de vestimenta esta vez fue más flexible, de “etiqueta opcional”, y la cena incluyó ensalada de durazno a la parrilla y burrata, langosta y solomillo Wellington. La velada, al igual que en la cena previa, contó con entretenimiento del mentalista Oz Pearlman, quien esta vez sí tuvo la oportunidad de presentar su acto.
Jiang y sus compañeros de la junta directiva habían trabajado arduamente para sacar adelante esta cena 2.0, sin querer permitir que un acto violento —o la imagen de colegas escondiéndose bajo las mesas— fuera el recuerdo final. Al anunciar la reprogramación, ella enfatizó el propósito declarado de la cena: “Una celebración de una prensa libre y del papel vital del periodismo en nuestra democracia durante más de un siglo”.
El evento aún enfrenta muchas críticas
Pero también está claro que algunas personas consideraron que la cena no debió reprogramarse en absoluto.
Muchos nunca pensaron que diera una buena imagen desde el principio, en la que se veía a periodistas vestidos de gala acercándose demasiado a sus fuentes, o a los objetos de sus reportajes.
“Socava la confianza pública en cómo la prensa hace su trabajo, y hace que parezca que somos amigos de las personas a las que cubrimos”, dijo Kelly McBride, experta en ética del Instituto Poynter, un centro de investigación sobre periodismo, cuando se estaban llevando a cabo las deliberaciones.
La nueva cena se realizó en un momento de creciente tensión entre la prensa y un presidente que, en su segundo mandato, ha intentado presionar a los medios con los que está descontento de diversas maneras. Esa presión ha ido desde sanciones contra miembros del cuerpo de prensa de la Casa Blanca hasta acciones regulatorias a través de la Comisión Federal de Comunicaciones, e incluso demandas directas. Esas tensiones se han intensificado desde abril.
Sin embargo, Trump concluyó con un intento de tender puentes... hasta cierto punto. “Tengo mucho respeto por su profesión”, les dijo a los periodistas reunidos tras una hora de discurso. También presumió de su propio éxito y declaró: “Cuando yo no esté, todos ustedes van a irse a la bancarrota”.
Y concluyó sobre la velada: “No sabía qué esperar. Es mucho peor de lo que pensé originalmente”.

