Los altos alquileres han llevado a estudiantes y profesionales a optar por viviendas compartidas en conventos y hogares de personas mayores, donde pagan mucho menos que por un apartamento tradicional.

Conseguir un apartamento asequible en la ciudad de Nueva York se ha convertido en un reto cada vez mayor. Mientras el alquiler de un estudio o un apartamento de una habitación puede superar los $3,000 mensuales, algunos residentes están encontrando una solución poco convencional: vivir con monjas o compartir casa con adultos mayores.

La tendencia ha comenzado a crecer entre jóvenes universitarios, profesionales y personas que buscan ahorrar dinero sin abandonar la ciudad, según un reportaje de N+ Univision, que documentó el aumento en la demanda de este tipo de alojamiento.

Una fracción del costo

En varios conventos de Nueva York, las religiosas alquilan habitaciones a mujeres estudiantes o trabajadoras por precios muy inferiores a los del mercado. Además del dormitorio, las residentes suelen tener acceso a cocina, lavandería y espacios comunes, lo que representa un ahorro significativo frente a las rentas tradicionales.

La demanda es tan alta que algunos conventos mantienen listas de espera para quienes desean ingresar, de acuerdo con el reportaje televisivo.

Con adultos mayores

Una iniciativa similar conecta a personas mayores que viven solas con jóvenes que necesitan vivienda económica. El acuerdo beneficia a ambas partes: el propietario obtiene compañía y, en algunos casos, ayuda con tareas ligeras del hogar, mientras el inquilino paga una renta mucho más baja que la de un apartamento convencional.

Este modelo también busca combatir la soledad entre los adultos mayores, un problema creciente en las grandes ciudades.

Nuevas soluciones

El alto costo de la vivienda sigue siendo el principal desafío para millones de neoyorquinos. De acuerdo con el MIT Living Wage Calculator, un adulto que vive solo en el área metropolitana de Nueva York necesita alrededor de $55,000 al año para cubrir gastos esenciales como vivienda, alimentación, transporte y atención médica.

Además, estudios citados por El Diario NY indican que más de la mitad de los inquilinos de la ciudad destinan más del 30% de sus ingresos al pago de la renta, un nivel considerado como una carga económica para el hogar.

Ante ese panorama, alternativas como vivir con comunidades religiosas o con personas mayores están dejando de ser una curiosidad para convertirse en una opción real para quienes desean permanecer en una de las ciudades más caras de Estados Unidos.