Casi en el olvido la idea de dejar un testamento
Sin embargo, ante la ausencia de ese documento, llegan más complicaciones legales para los herederos.

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Los problemas de decir quién se queda con la herencia llegan hasta el tribunal cuando la persona que fallece no deja un testamento.
Según el licenciado Mikael Del Valle, quien se enfoca en asuntos de herencia en las áreas judiciales de Mayagüez y Aguadilla, son pocos los boricuas que dejan un testamento y muchos menos los que hacen un fideicomiso para salvaguardar sus bienes una vez mueran.
El letrado aceptó, cándidamente, que se encarga de estos casos de herencia y todavía no ha hecho nada para finiquitar lo que sería la herencia que su supone le deje su mamá, ya que su padre falleció y es el único hijo.
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“En Puerto Rico carecemos de ese tipo de educación. Son instrumentos que la ley nos permite para una planificación, para lo que vamos todos, que es la vejez”, sostuvo.
Aún así, no se planifica.
“Mi impresión es que la muerte es impredecible y uno piensa que no va a llegar nunca. No planifican algo que no contemplan que pueda pasar. No conocen que existen opciones o no hay una cultura de hacerlo”, expuso el letrado.
Explicó que el testamento es la forma más económica para resolver la herencia. Sin este, los procesos se hacen más burocráticos y costosos, por los pasos que hay que realizar con un abogado ante un tribunal.
Del Valle precisó que un testamento para una familia boricua, que incluye dos o tres hijas, una o varias propiedades y cuentas de banco, suele costar $1,000.
“La ventaja del testamento es que no hay que recurrir al tribunal a hacer declaratoria de herederos… Pudiera ir a bancos a hacer gestiones más rápidas”, sostuvo.
Si el fenecido deja un papel escrito, sin notarizar por un abogado, eso requerirá varios pasos en el tribunal, que podrían costar mucho más que los $1,000. Se le conoce como el testamento ológrafo. Del Valle dijo que son poco comunes. Estos requieren que el fenecido haya encabezado una carta con una fecha, establecido su voluntad, y firmado. Todo debe hacerse a “puño y letra”.
Ese documento, para hacerse valer una vez la persona fallezca, debe pasar por vista apelación y protocolización, en la que se deben llevar testigos que certifiquen la firma.
“Es más caro para los que se quedan, no para el que fallece”, expuso.
En estos testamentos, siempre se debe seguir la norma, en el que el orden de sucesión hereda el 50% y el resto del 50% puede ser designado a las personas que se desee beneficiar, como puede ser el caso de un cuidador.
El orden de sucesión está establecido en el Código Civil. Inicia con el que enviuda, los hijos y los nietos como los primeros herederos. Una vez se descarten este tipo de familiar, se pasa a padres, abuelos, hermanos, sobrinos, tíos y primos al final de la cadena.
Si no hay familiares, se puede designar a cualquier persona como heredero en un testamento, explicó el letrado.
No obstante, si no se deja testamento y no hay familiares, el estado es el que hereda. Específicamente, pasa a manos de la Universidad de Puerto Rico para sacar fondos para el Fondo Dotal, donde salen becas para estudiantes.
Del Valle precisó que un testamento o una ley menos burocrática pudiese ayudar a que no haya tantas viviendas convertidas en estorbos públicos sumidas en pleitos de herencia o en procesos judiciales para determinar a quién le corresponde qué.
“Los procesos no fluyen por los costos de litigación. Entonces, las personas optan por no hacerlo. La conclusión es una casa abandonada, el deterioro, hasta que llegar a ser estorbo”, demarcó Del Valle.


