Cada 11 de septiembre las pavorosas imágenes de las Torres Gemelas desplomándose le tocan el corazón a Milagros (Millie) Díaz Pérez.

La locutora, escritora y cosmetóloga, natural de Peñuelas, se ha apoyado en la metafísica y en otras corrientes espirituales para lidiar en estos 20 años con el dolor desgarrador de perder en el ataque terrorista a su hija, Lourdes Jannette Galletti Díaz, quien tenía 33 años.

“En mi corazón eso está como si hubiese sido ayer. La recuerdo con ese último abrazo que yo le di cuando nos despedimos en Peñuelas. Ella vino de vacaciones a verme, regresó sábado a Estados Unidos, y martes fue el ataque terrorista. La recuerdo con ese último abrazo que nos dimos, que yo sentía esa sensación de que no la iba a volver a ver. Eso siempre está en mi mente”, evocó Díaz Pérez en entrevista con Primera Hora.

Recordó que el lunes 10 de septiembre de 2001, día antes del atentado, hablaron por teléfono.

“‘Mami, sabes que te amo un montón. I love you from my heart”, dijo que fueron las palabras de ella.

“Cuando vi en la televisión que la torre donde estaba mi hija se caía, no pude hablar, me quedé en shock”, sostuvo para recordar que ese 11 de septiembre, Lourdes Jannette planificaba estar junto a ella y su familia en Peñuelas. Sin embargo, el destino lo cambió todo. La joven, quien laboraba como secretaria ejecutiva en una compañía de inversionistas en el Piso 105, de la Torre Sur del World Trade Center, adelantó el viaje a Puerto Rico para traer a su sobrino, hijo de su hermano John, pues el niño estaba al cuidado de su abuela Millie.

Díaz Pérez relató que anímicamente no se sentía preparada para asistir al vigésimo acto de recordación a las víctimas de S-11 que se lleva a cabo este sábado.
Díaz Pérez relató que anímicamente no se sentía preparada para asistir al vigésimo acto de recordación a las víctimas de S-11 que se lleva a cabo este sábado.

“Cuando llegó me dijo: ‘Mami, vine expresamente para que me hagas el pelo, me hagas rayitos y me lo pongas bonito’. Lourdes era beautician como yo. Cuando la estaba peinando en el salón, ella me miraba mucho y me decía: ‘Mami, yo quiero que siempre te pintes los labios’”, narró con voz quebrada sobre los últimos momentos que pasó con su hija.

“Compartimos mucho”, dijo y agregó que llamó su atención y el de su familia, el que su hija se trajera en el viaje todos sus uniformes de trabajo.

“Antes de venir para acá ella se reunió con todos los sobrinos. Ella cantaba, tocaba guitarra y maracas, era lo que a ella le gustaba. Fue como una despedida”, contó.

A la semana del 9/11, Díaz Pérez viajó con su hijo John a Nueva York, aferrada a que pudieran recobrar el cuerpo de Lourdes Jannette en lo que había quedado de las Torres Gemelas.

“Cuando llegamos a su apartamento todavía estaba el olor de ella allí”, aseguró. Dijo que después se armó de valor y llegó hasta la denominada Zona Cero.

“Cuando llegué hasta el edificio uno, donde ella trabajaba, había una antena que quedó colgando como en un ángulo de 45 grados y yo creía que mi hija estaba allí. Corrí y corrí, comí tierra, me arrastré por el suelo y hasta me arranqué el pelo. Yo creía que me iba a volver loca al yo saber que mi hija estaba debajo de esos escombros”, rememoró Díaz Pérez.

Dijo que para ella esos fueron los momentos más difíciles y que tampoco aceptaba la muerte de su hija. “Eso ocurrió uno tres años después”, indicó la atribulada madre.

En las noches cuando lloraba, dijo que para que su familia y vecinos no la escucharan gritar “me enterraba la punta de una almohada hasta la garganta”.

En el atentado, que se atribuyó el grupo islámico Al Qaeda y que conmocionó al mundo, cuatro aviones comerciales fueron desviados de sus rutas por secuestradores que estrellaron dos de las naves con pasajeros contra las dos torres del World Trade Center, otro contra el Pentágono, en Washington; y la cuarta cayó en las afueras de Pensilvania.

En total perdieron la vida cerca de 3 mil personas, la mayoría en las Torres Gemelas (2,753), incluyendo bomberos y policías que acudieron a socorrer a las víctimas.

Como parte de su proceso de sanación, Díaz Pérez escribió el libro “De las llamas nace un ángel”. También ha dedicado poemas a su fenecida hija. “La noche antes de morir la vi a ella (en un sueño) y vi mi casa en Peñuelas llena hierros, cemento y de cosas derrumbadas en el piso”, relató.

Siete meses después del atentado, narró que le hizo un entierro simbólico en el Cementerio Municipal en Peñuelas. Más tarde, aparecieron algunos restos de ella que fueron identificados por el ADN, los cuales, dijo que también eran reclamados por el padre de Lourdes Jannette.

“Dije entonces, que no era justo porque él me abandonó con mis hijos y nunca los mantuvo. Después de un reportaje publicado en Primera Hora me enviaron los pedacitos de ella que aparecieron. Me los enviaron en un ataúd de bebé”, expresó. Añadió que cerca de cumplirse un año del incidente, le hizo el entierro formal en el camposanto peñolano.

El 11 de septiembre de 2005, Díaz Pérez perdió a su progenitora y al año, siguiente tuvo que afrontar la pérdida de su hijo John, quien murió a consecuencia de una bacteria que se le alojó en el cerebro. Díaz Pérez es madre de otros dos hijos, Karime y Eric. También adoptó a su nieto, de nombre John.

¿El 9/11 te cambió la vida?

“Aprendí a vivir el momento, me llenó de espiritualidad. Soy maestra de Reiki y de otras técnicas de la metafísica. Todas estas técnicas me han ayudado a mí a llevar este dolor”, dijo.

Relató que después del suceso, vendió la casa que tenía en Peñuelas y se fue a vivir Camuy. “Allá me fui a llorar a la playa. He llorado mucho, pero dentro de ese dolor y ese llanto, surge la paz”, dijo para agregar que actualmente reside en Guánica.

“El 9/11 me dejó mucho llanto. Después fui perdiendo otros miembros de la familia, pero todo lo iba cogiendo con fortaleza porque mi propia hija me llevaba de la mano. ‘No me llores, yo estoy bien. Yo me siento feliz’”, dijo al explicar que su hija le hablaba en sueños.

“Me ha ayudado la conexión que tengo con Dios, con mis ángeles, mis guías espirituales. El Reiki es la canalización de la energía, las meditaciones me han ayudado a mantenerme de pie”, sostuvo la mujer, que emigró de joven a Nueva York, donde se crió y estudió varias profesiones.

Además del libro “De las llamas nace un ángel”, es autora de “Coraje, llanto y amor” y “Una lágrima al desnudo”.

Díaz Pérez relató que anímicamente no se sentía preparada para asistir al vigésimo acto de recordación a las víctimas de S-11 que se lleva a cabo este sábado en el 9/11 Memorial, en Manhattan, New York, pero estará representada por su hija Karime y otros familiares.

“Este sábado voy a estar aquí en mi casa. Le pondré flores y velas a Lourdes Jannette y escucharé las canciones que a ella le gustaban, como ´Yesterday’ y ‘Hello’. Así quiero recordarla, alegre como era ella”, expresó.