Isabela. Aunque el sol azotaba inclemente, una fresca brisa y el cielo despejado hacían que el Pozo Teodoro luciera su belleza sin igual.

Las olas azotaban a las piedras y el agua se levantaba majestuosa frente a una zona marítimo terrestre que se busca restaurar de la devastación que dejó el humano hace años por la inmisericorde extracción de arena de playa que allí hubo.

El área no se parece a lo que fue hace más de 30 años, según aseguró a Primera Hora el pescador Isidro Cruz Medina.

Nacido y criado en la zona conocida como la Villa Pesquera, el hombre de 76 años pudo rememorar que el Pozo Teodoro se distinguía por tener “montañas de arena completa”.

Mira la técnica que emula el proceso de la naturaleza para ayudar a formar esta barrera natural que protege la costa.

“Aquí estaba la joya Las Marías. Tú te trepabas en la montaña de arena, y eso era como una montaña de como 50 pies de arena, y abajo había un hoyo. Pero, eso se acabó”, indicó Cruz Medina, quien acababa de pescar dos “pejes” dentro del pozo.

Lamentó que el gobierno vendiera los terrenos a inversionistas privados y el resultado fuera que se sacara la arena.

Eso eran troces todos los días, todos los días, más de 100 troces. Esto era una belleza aquí. Esto lo dañaron”, aseguró el pescador.

Isidro Cruz Medina, pescador de Isabela.
Isidro Cruz Medina, pescador de Isabela. (Frances Rosario)

Sin embargo, desde aproximadamente 20 años, estudiantes y biólogos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), recinto de Aguadilla, agrupados en el Centro de Conservación y Restauración Ecológica, conocido como Vida Marina, se han dado la tarea de buscar fondos y comenzar proyectos que cambien la realidad de la destrucción de las dunas que se realizó.

Recientemente, el proyecto tomó otro giro, porque con ayuda del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) se designaron fondos de la Agencia federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) para reconstruir puentes sobre las dunas en la que los ciudadanos puedan tener acceso a la playa y verjas para proteger las ahora pequeñas dunas que se han logrado levantar en el paso de los años.

En una visita junto al secretario del DRNA, Waldemar Quiles, se pudo demostrar el progreso que ha tenido el Proyecto de Restauración Ecológica de Dunas, en Isabela.

Waldemar Quiles, secretario del DRNA y el doctor Robert J. Mayer Arzuaga, observan el proyecto de restauración de dunas desde uno de los pasadizos que se construyó con fondos de FEMA para evitar tener que pasar por las montañas de arena.
Waldemar Quiles, secretario del DRNA y el doctor Robert J. Mayer Arzuaga, observan el proyecto de restauración de dunas desde uno de los pasadizos que se construyó con fondos de FEMA para evitar tener que pasar por las montañas de arena. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

Técnica natural

La primera parada fue en la playa Middles. Allí, el director de Vida Marina, el biólogo Robert Mayer, explicó que “esto es un área muy famosa y conocida alrededor del mundo en el deporte del ‘surfing’ por la calidad de las olas y también es el lugar donde en Puerto Rico, en nuestro archipiélago, había las dunas más grandes de arena. Pero, fue un sistema que fue impactado a través de los años y la arena se extrajo y sufrió, pues, una degradación extrema de ese ecosistema y nosotros desde el 2007, con una iniciativa de los estudiantes de la UPR, en Aguadilla, tuvieron la idea de comenzar a implementar técnicas basadas en la naturaleza para ir remendando el daño que habíamos causado los seres humanos en este ecosistema”.

Imagen de la técnica de biomímica para lograr formar las dunas.
Imagen de la técnica de biomímica para lograr formar las dunas. (Carlos Rivera Giusti/Staff)

El proyecto se centra en el uso de la madera.

De madera están hechos los pasadizos para que la comunidad tenga acceso a la playa y las verjas para evitar que los ciudadanos crucen por las dunas y se les haga daño. Pero, su uso más trascendental es para realizar la técnica que se utiliza para restaurar las dunas.

Mayer explicó que el proyecto principal está centrado en enterrar pedazos de tablas, o espeques de madera en forma circular y en diferentes direcciones para atrapar la arena y crear pequeñas montañas. La técnica, conocida como “biomímica”, lo que redunda es en la estabilización del litoral costero.

“Son estructuras que se crean con madera, que se van enterrando en la arena para atrapar la arena que viene soplando el viento o que viene transportando el viento y evitando que pase al otro lado de la duna y se quede aquí. Luego, esa arena que se va acumulando, se siembra (sobre la duna) y se va estabilizando con el tiempo. Inclusive, se va poniendo otra matriz encima de otra matriz” para que la duna crezca más grande, explicó Mayer.

A modo de ejemplo, indicó que en una zona iniciaron con una duna de cinco pies y ya la misma mide unos 20 pies de alto.

“Es una técnica bien costo efectiva y bien efectiva, porque nos permite ir moldeando la duna para mantener la arena donde se supone que se mantenga y evitar que se desplace a las carreteras. También se siembra. Aunque nosotros preferimos dejar que la naturaleza haga su trabajo y muchas veces lo que ocurre es que cuando tú sacas el paso de las personas, la vegetación empieza a rellenar esas áreas de arena descubierta. (Si se va a sembrar), utilizamos la biota que está aquí, que son plantas que ya están aquí. Removemos alguna de las especies invasivas, como los pinos australianos, que nos excluyen otras especies que deseamos tener aquí y no son beneficiosas”, detalló.

Para la siembra, utilizan uvas playeras, icaco, hierba de vidrio, haba de playa, bejuco de playa, hierba de sal y pachulí, entre otras plantas que se encuentran en la zona.

Además, el grupo realiza orientaciones a la comunidad para evitar el uso de las dunas para montar casetas de acampar o transitar con vehículos todo terreno por estas.

Unos letreros en español e inglés también se han colocado para dar información del proyecto y orientar sobre la importancia de conservar las dunas.

El resultado ya se percibe. El pescador comentó que, tras el huracán María (2017), la gente podía llegar en sus carros hasta frente del Pozo Teodoro. Pero, ya el área tiene dunas, cubiertas de vegetación, que no dejan ver desde la entrada cuándo se llegaría a la playa.

La importancia

Estas dunas son importantes. Allí se congregan muchas especies y sirven como barrera de la luz para las tortugas marinas que llegan a la orilla a anidar. Pero, más importante, “nos protegen y aumentan la resiliencia de las comunidades y de la infraestructura primaria al embate de los peligros costeros, de tormentas hasta tsunamis”.

“El tener una barrera sólida y bien vegetada hace una gran diferencia en el momento de una tormenta, con las marejadas ciclónicas, etcétera. Ese es el sistema de dunas, un ecosistema costero bien importante que sirve como amortiguador de la energía que nos viene por el océano”, afirmó el biólogo.

El buen resultado que ha tenido este proyecto en Isabela ha logrado que se expanda a la finca Noya, en Camuy. Mayer aseguró que en el área se ha logrado levantar la duna más grande desde que tienen el proyecto. También impactan a la Poza del Obispo de Arecibo, así como a comunidades afectadas por la erosión en Arecibo y Loíza.

El secretario del DRNA informó, de hecho, que emprenderán más proyectos similares para lograr proteger la costa de la erosión. Una de las propuestas más trascendentales es para proteger a la comunidad de las Parcelas Suárez, en Loíza.

“Estamos sumamente comprometidos con la erosión costera y esa es la parte en la que entra el Departamento aquí. Hay una percepción de que el Departamento no hace nada, pero este proyecto ha sido un conjunto de esfuerzos entre la UPR y el Departamento. De igual manera, en Loíza estamos ahora interviniendo en lo que se debió haber resuelto hace un año. El asunto de tirar roca, como ya he dicho en otras ocasiones, es la última opción. En el momento que tú tiras la roca, perdiste la playa. Y estamos moviéndonos en otra dirección, la biomímica, la imitación de la naturaleza. Queremos soluciones naturales para poder tener un avance en la erosión costera”, afirmó Quiles.

“Estamos nosotros atemperándonos a los tiempos. Gracias a Dios tenemos buena tecnología, tenemos buen recurso humano, y estamos maximizando la ciencia con el deber público que tiene el DRNA. Y, sin lugar a duda, estamos haciendo mucho progreso”, concluyó el titular.