Ante el avance de las medidas de contingencia que ha adoptado el gobierno para evitar la propagación del coronavirus COVID-19 en Puerto Rico, han resurgido nuevamente -tal como ocurrió luego del huracán María o de los terremotos de principio de año- las iniciativas ciudadanas para ayudar a sobrellevar el aislamiento de las personas más vulnerables de la isla.

Y allí, entre ese maravilloso grupo de gente solidaria se destacan las mujeres que en el 2017 les dieron vida a los proyectos de “Fogones comunitarios”. En esta ocasión la encomienda es llevar un plato de comida a los hogares de ancianos y personas con desventaja física y mental que viven solas y, de esta forma, evitar que sufran de malnutrición ante la falta de acceso a alimentos durante el tiempo de cuarentena impuesta por orden ejecutiva de la gobernadora Wanda Vázquez Garced desde el 15 de marzo pasado.

Portavoces de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Departamento de Salud de Puerto Rico han hecho hincapié en que el distanciamiento social es la manera más eficiente de dar la batalla al virus que, según cifras oficiales, ha afectado a más de 60 individuos en la isla y causado la muerte de dos. Es decir, hay que propulsar el trabajo remoto, evitar las conglomeraciones y contacto directo con otras personas, al tiempo que se fomenta estar la mayor parte del tiempo en las residencias.

Para muchos de los beneficiarios, representa el único plato de comida caliente en el día.

“Son reglas necesarias para evitar el contagio del virus. Pero también sabemos que con esta medida hay mucha gente que queda olvidada en las comunidades y que corren un riesgo alimentario y eso es lo que estamos evitando con el programa de El Fogón en nuestra comunidad Las Vegas, en Cayey”, destaca Carmen “Rosita” Rosado, una de las cocineras del grupo que, actualmente, realizan las labores de impacto social a través del Proyecto La Comuna Educativa, Cultural y Empresarial Cajey.

Rosita explicó a Primera Hora que aunque el programa estaba activo antes de la emergencia suscitada por el coronavirus, se le dio un enfoque de exclusividad durante estos días a personas de “extrema necesidad” que fueron identificadas en el barrio Las Vegas. Además, agregó que para salvaguardar la higiene del proceso sólo laboran en la iniciativa tres personas. El año pasado a través del servicio se sirvieron 4,792 platos de comida.

“Son 27 almuerzos que preparamos bajo muchas medidas de seguridad, pues utilizamos batas, guantes y mascarillas que nos habían donado algunas empresas. De esos almuerzos, 17 se transportan a las casas de las personas y otros 10 los entregamos caminando, porque quedan cerca de nuestro taller de cocina”, expresó al aclarar que, generalmente, benefician a 55 personas, pero “ahora mismo no tenemos suficientes recursos económicos para suplir esa necesidad de alimentos”.

Los alimentos son preparados bajo estrictas medidas de higiene.

Rosita explicó que muchas de las personas alimentadas a través del programa se muestran “asustados porque no saben lo que va a pasar”.

“En realidad estamos todos en la incertidumbre porque sabemos que pueden extender la cuarentena y no creo que la población de personas de la tercera edad aguante tanto… por lo menos les garantizamos ese platito de almuerzo al día. Para muchos de ellos es el único bocado caliente del día porque, si acaso, lo otro que comen son galletitas y café”, sostuvo.

En el barrio Las Mareas, de Salinas, también se prendió el fogón a través de las manos de Jackeline Vázquez, quien no dudó un segundo en alimentar a 15 residentes de su comunidad que reunieran los siguientes criterios: padecer alguna condición severa, pernoctar solos en sus casas o vivir bajo extrema pobreza.

A las 7:30 de la mañana se enciende la estufa y a las 11:30 los almuerzos deben ser entregados a los ciudadanos.

“El menú de hoy fue arroz, habichuelas, pollo al horno y papas majadas”, comparte Jackeline con evidente entusiasmo.

Dice que entre los beneficiarios tiene una señora con una artritis severa que no le permite casi caminar y un muchacho alcohólico.

“No todos son ancianos. Tenemos también otras necesidades… son personas a las que se les hace difícil poner una olla para cocinar”, agrega al explicar que el fogón lo tienen establecido en el kiosco de un parque aledaño.

En el caso de Las Mareas operan bajo la organización Punto Educativo, Recreativo, Social, Inc. (PERSI), una entidad que también ofrece tutorías gratis a niños de primaria.

Además de los platos de almuerzo, el Fogón de Las Mareas otorgó también cloro granulado a todos los residentes de la zona con las instrucciones para que pudieran preparar productos desinfectantes.

“Estamos haciendo lo que hay que hacer para evitar una crisis”, sostuvo.

El proyecto de soberanía comunitaria y justicia social es apoyado desde sus inicios por el Instituto de Ciencias para la Conservación de Puerto Rico (InCiCo), organización que ayuda a localizar fondos que permitan mantener encendidos los fogones en las comunidades impactadas.

La iniciativa del fogón en la comunidad tuvo su origen durante los meses posteriores a los embates de los huracanes Irma y María (septiembre 2017), cuando un grupo de residentes distribuía los alimentos para llevarlos a personas que no podían desplazarse por razones de edad, enfermedad o por ser cuidadores de niños o ciudadanos enfermos.

Luego de esta primera etapa los fogones -establecidos también en el barrio Guayanés en Yabucoa y Villa Calma II, en Toa Baja- continuaron la misión de proveer alimentos para las personas más vulnerables de estas comunidades.

Otro ejemplo de solidaridad surgió tras los terremotos del área suroeste, cuando el fogón de La Marea se activó para brindar sus servicios a niños del sector.

La meta de la iniciativa es continuar brindando la oportunidad de un plato caliente a la gente vulnerable de las comunidades impactadas. Con este fin es que se exhorta a que toda organización con ánimo de unirse a la iniciativa mediante donaciones de alimento o dinero pueda contactar a las líderes comunitarias a través de la página de Facebook de la organización InCiCo o llamando al 787- 238-0694.