Decenas de puertorriqueños con monoestrelladas en la mano se congregaron en la calle Division y caminaron junto a él por el emblemático Paseo Boricua, que tiene como símbolo dos banderas de Puerto Rico en metal, una de las cuales está cerca del Parque Humboldt.

Le acompañaban el congresista Luis Gutiérrez, su hermano José López, su hija Clarisa, su abogada Jan Susler y otros allegados.

López Rivera estuvo 35 años y ocho meses en cárceles estadounidenses, 12 de ellos en aislamiento. 

En 1981 fue detenido y sentenciado a 55 años de cárcel federal por conspiración sediciosa. En enero, el expresidente Barack Obama conmutó su sentencia y desde el 9 de febrero estuvo bajo arresto domiciliario en la casa de su hija, de donde salió el pasado miércoles en completa libertad.

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Música y aplausos

Cerca de las 5:00 de la tarde, el primer grupo de pleneros recibió a López Rivera en la Casita Pedro Albizu Campos y Lolita Lebrón. 

En el lugar, lo esperaba el exprisionero independentista Carlos Alberto Torres, con quien estuvo en el clandestinaje cuando ambos eran miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.

Al verse, se fundieron en un abrazo muy emotivo. No se veían desde el 4 de abril de 1980, cuando fue apresado Torres. 

Oscar, por su parte, fue arrestado el 29 de mayo de 1981. Este reencuentro fue muy deseado por ambos, desde hace 37 años.

Carlos Alberto Torres está casado con una sobrina de López Rivera, y el matrimonio reside en Chicago.

“Mi misión en este mundo, hasta que muera, es luchar por la descolonización de Puerto Rico”, dijo al tiempo que prometió mantener su vínculo con la diáspora.

“Nunca perdí mis esperanzas de estar aquí con ustedes, de estar en esta calle Division, de estar en el parque Humboldt y de ver estas caras bonitas de jóvenes”, expresó López Rivera.

“Las luchas se hacen con amor, y para triunfar como puertorriqueños necesitamos ese amor. El que ama la patria, lucha por la patria”, añadió.

Luego, otra comparsa con tambores y una trompeta entonaba plenas y piezas puertorriqueñas desde una carroza. 

Mientras, desde una tarima se le dedicó un tramo de la calle Luis Muñoz Marín. Allí López Rivera improvisó un mensaje que dirigió mayormente a los jóvenes. 

“Soy parte de esta comunidad y creo en la juventud”, dijo en inglés –en ese momento– el exprisionero independentista, quien denominó a Chicago como su segunda patria.

“Vayan a la universidad, estudien, prepárense, tengan un pensamiento crítico y luchen”, sostuvo López Rivera, quien visitó Chicago, en su segundo día “en libertad”. 

“Oscar Street, Oscar Street”, gritaba la gente. Mientras tanto, un hombre con un letrero que leía terrorist se trepó a la tarima, pero no fue sacado.

Después, López Rivera caminó con la muchedumbre hasta la glorieta del parque Humboldt, donde culminó la fiesta de recibimiento con bomba y otras manifestaciones de la cultura puertorriqueña. Al anochecer, todavía continuaba compartiendo con su gente con mucha vitalidad.

Al final de la jornada, una exprisionera palestina obsequió a Oscar con un kefi (pañuelo) a cuadros rojo y blanco, el que colocó en sus hombros.

El primero de muchos viajes

Antes de llegar a Chicago y hacer su primera parada en el Hispanic Housing, un centro para latinos de la tercera edad, López Rivera salió tempranito de Puerto Rico para hacer una escala en la ciudad de Atlanta, Georgia.

Allí en el aeropuerto se le acercó el Equipo Nacional de Remo de Puerto Rico, que viajaba a una competencia en México. Varios miembros se le acercaron para saludarlo y tomarse fotografías con él.

Luego continuó su trayecto hasta arribar a Chicago a eso de las 3:00 p.m. Pero hoy en la mañana, Oscar López Rivera regresa a Puerto Rico para continuar con su agenda de visitas, entre ellas la de mañana, sábado, a su natal San Sebastián.