Desde el edificio sede del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), que está contiguo al Jardín Botánico de la Universidad de Puerto Rico (UPR), en Río Piedras, el secretario Waldemar Quiles se autodescribía como “lucío”, pues podía observar desde un monitor cómo un crucero de gran tamaño se deslizaba sobre el océano Atlántico para entrar a la Bahía de San Juan levantando olas a su paso.

Las sonrisas se le escapaban solas cuando observaba la capacidad de la imagen que captaba uno de los ocho drones recién adquiridos por la agencia para reforzar la operación del Cuerpo de Vigilantes sobre Puerto Rico, en especial en las zonas costeras.

El secretario  Waldemar Quiles explicó que se capacita a 60 vigilantes para trabajar próximamente con los drones.
El secretario Waldemar Quiles explicó que se capacita a 60 vigilantes para trabajar próximamente con los drones. (Xavier Araújo)

El dron levantado desde la azotea del DRNA, para dar una demostración a Primera Hora, logró captar con claridad el Capitolio, en el Viejo San Juan; el Coliseo Roberto Clemente, en Hato Rey; el antiguo vertedero, frente a Plaza Las Américas, y las grúas portuarias en la zona de la Kennedy.

Dos ‘jet ski’ fueron atrapados entrando a gran velocidad a la Bahía de San Juan, lo que representa una violación a las normas y multas de hasta $15,000.

“Mira, estoy viendo este que está esmanda’o ahora mismo. Están esmanda’o”, comentó el secretario del DRNA sobresaltado por lo que veía.

“Eso es la Bahía. Se supone que no entren así. Eso son los operadores de ‘jet ski’ con más suerte en Puerto Rico, porque todavía no le podemos dar el boleto desde aquí. Pero, ya sabemos que lo están haciendo. No vamos a tener que estar cerca para coger a la gente infringiendo la ley”, añadió el secretario.

La imagen fue captada y grabada, gracias a la tecnología adquirida por la agencia que puede volar a una distancia de 15 millas del operador y captar unas 15 millas adicionales con su poderoso lente amplificador. Se invirtió $31,388 en cuatro drones modelo Matrice 4T, $14,388 en Mavic 4 Pro y $5,856 en 24 baterías de vuelo para adquirirla.

Se invirtió $31,388 en cuatro drones modelo Matrice 4T, $14,388 en Mavic 4 Pro y $5,856 en 24 baterías de vuelo para adquirirla.
Se invirtió $31,388 en cuatro drones modelo Matrice 4T, $14,388 en Mavic 4 Pro y $5,856 en 24 baterías de vuelo para adquirirla. (Xavier Araújo)

El proyecto de drones todavía está en la etapa piloto. Se están certificando a sobre 60 vigilantes para que puedan operar los drones. Además, la agencia delinea un plan de vuelo en horas y zonas estratégicas a través de siete regiones y desde la sede del DRNA.

A modo de ejemplo, se expuso que el dron de la zona de Cabo Rojo tendrá la capacidad de ser piloteado y captar incidencias en La Parguera, Lajas, y en Guánica. Mientras, el de Humacao se usará para vigilar Vieques y Culebra.

Los drones se usarán principalmente para “patrullar las costas”. No obstante, tiene tecnología termal que puede ser utilizada para identificar dónde hay una culebra, así como tecnología infrarroja, que permitiría localizar personas extraviadas en zonas peligrosas, como la Isla de Mona. Además, puede hacer “locking” para perseguir lanchas que van a alta velocidad.

“Ya pronto vamos a empezar a patrullar”, aseguró Quiles.

No obstante, cuando arranque el patrullaje todavía los vigilantes deberán ir presencialmente a impartir boletos si identifica alguna infracción. Es que la agencia todavía espera por que la Puerto Rico Innovation and Technology Service (PRITS) desarrolle el marbete digital. Una vez se comience el cambio, que el secretario augura será antes de que acabe el año, la agencia podrá emitir boletos electrónicos sin tener que estar presente un vigilante. Junto a la multa, habría prueba de foto y vídeo de la infracción.

“La ventaja y la capacidad adicional que vamos a tener es que yo no tengo que enviar mis vigilantes en una lancha a patrullar. Yo puedo estar haciendo reconocimiento desde el destacamento, vamos a estar cubriendo el área de la costa y si hubiese necesidad de enviar a un vigilante a cubrirlo, pues, se envía. Ahora yo puedo ver mucho más y en mucho menor tiempo que lo que me tomaría tirar una embarcación con dos vigilantes a patrullar. El patrullaje ahora es totalmente seguro y con mucha mayor capacidad. Podemos ir más lejos en menor tiempo”, precisó el secretario del DRNA.

El subcomisionado del Cuerpo de Vigilantes, Edwin Rodríguez Ruiz, dio un ejemplo de cómo estos drones ayudarán a aliviar el trabajo a los 314 vigilantes.

El nuevo equipo cuenta con tecnología termal, así como visión infrarroja, que será de gran ayuda.
El nuevo equipo cuenta con tecnología termal, así como visión infrarroja, que será de gran ayuda. (Xavier Araújo)

“Una de las ayudas que nos da este equipo es en la pesca ilegal, en los cuerpos de agua interior. Por ejemplo, los vigilantes verifican áreas de los embalses, por ejemplo, ríos, y llegamos a lugares donde se ven personas a lo lejos, y a veces los vigilantes caminaban tramos de media hora, 40 minutos, y cuando llegan están en otro lugar. Este dron nos da la ventaja de que podemos sobrevolar el área, verificar si hay personas pescando. Se puede ver desde el área si están pescando ilegalmente, si están usando redes o algún equipo ilegal. O, economizarnos y no ir al lugar, porque ya verificamos que están en ley, que desde lo que vemos se ve bien. Prácticamente, en una ronda preventiva de patrullaje estamos una hora, hora y media para verificar un sólo pescador. Con el dron, podemos verificar siete, ocho, 10 pescadores en ese mismo tiempo”, precisó.

El DRNA espera añadir tecnología a estos drones para poder escuchar si hay alguna lancha con ‘voceteo’ en zonas protegidas, lo que es prohibido, o contar con medidores para detectar escapes de gas.

Esta no es la única nueva tecnología que el DRNA estrenará próximamente, el subsecretario del DRNA, Nelson Cruz, mostró que ya han adquirido “rescatistas electrónicos”. Estos son una especie de salvavidas anaranjados que viajarán sobre el mar a rescatar a alguna persona que se esté ahogando, sin la necesidad de que otra persona se exponga al peligro.