Al menos 42 soldados sirios perdieron la vida en el ataque aéreo que Israel lanzó el domingo contra un complejo militar cerca de la capital siria, Damasco.

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos dijo que unos 150 soldados están normalmente destacados en la zona atacada, aunque desconoce cuántos se encontraban al momento de la incursión.

Por su parte, el Gobierno israelí no ha confirmado formalmente su participación en los ataques en Siria. Sin embargo, autoridades israelíes dijeron que la operación aérea tuvo como propósito impedir que armas modernas iraníes lleguen a manos del grupo extremista libanés Jezbolá, aliado de Siria y enemigo de Israel.

La nación proseguía ayer con sus actividades habituales como “si nada hubiera ocurrido”, mientras que Siria e Irán han dejado entrever una posible represalia por los ataques, aunque el discurso en las declaraciones oficiales es relativamente moderado.

Siria describió los ataques israelíes como una “flagrante violación del derecho internacional” que ha convertido al Oriente Medio en una región “más peligrosa”. Además, afirmó que las incursiones mostraban los vínculos de Israel con los grupos rebeldes que intentan derrocar el régimen de Bashar al-Assad.

Las autoridades israelíes han indicado que continuarán impidiendo lo que consideran como intentos de Irán de enviar armas modernas al grupo extremista islámico Jezbolá de Líbano en antelación al posible derrumbe del régimen del presidente sirio.