Washington. Canadá respondió el martes a Estados Unidos con aranceles de represalia sobre unos 20,000 millones de dólares en bienes, incluidos acero, productos lácteos, electrodomésticos y equipo agrícola, mientras la guerra comercial entre los vecinos se intensifica drásticamente.

La confrontación amenaza una de las mayores relaciones comerciales del mundo y tensó aún más los lazos entre Estados Unidos y un país que durante mucho tiempo ha sido considerado uno de sus aliados más cercanos. Una disputa prolongada podría elevar los costos para las empresas y los consumidores estadounidenses a menos de dos meses y medio de las elecciones legislativas.

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Los nuevos aranceles se extendieron mucho más allá de los bienes industriales, afectando compras cotidianas como mariscos, queso, ropa, cosméticos y papel higiénico, algunos de los cuales enfrentan gravámenes de hasta el 50%.

“No elegimos este conflicto, pero cuando nuestra integración económica se utiliza como un arma en lugar de la base para una asociación en la que todos ganen, necesitamos defendernos”, dijo en francés el ministro de Finanzas, François-Philippe Champagne, calificando la situación como “un desafío sin precedentes que se le ha impuesto a Canadá”.

La ministra de Industria, Mélanie Joly, instó a los canadienses a comprar productos canadienses, diciendo que hacerlo ayudaría a proteger empleos y lanzar un “movimiento de resistencia”. Añadió que los aranceles ejercerán presión sobre ciertos estados de Estados Unidos.

Un alto funcionario canadiense subrayó que su país no diseñó las nuevas medidas en función del mapa electoral de Estados Unidos, a diferencia de lo que ocurrió durante el primer mandato del presidente Donald Trump, cuando se ordenaron aranceles de represalia con el objetivo de golpear productos de cierta relevancia política.

En aquel entonces, Canadá apuntó al yogur estadounidense que provenía en gran medida de Wisconsin —el estado natal del entonces presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan—, así como al whisky de Kentucky, estado natal del entonces líder republicano en el Senado, Mitch McConnell.

El funcionario, quien habló bajo condición de anonimato a cambio de discutir la estrategia del gobierno, dijo que los nuevos aranceles fueron elegidos principalmente para igualar las medidas de Estados Unidos y ejercer presión sobre industrias y cadenas de suministro estadounidenses, mientras que los efectos políticos a nivel estatal quedaron en segundo plano.

Las represalias de Canadá se dieron a conocer después de que Washington anunció durante el fin de semana aranceles del 50% a productos canadienses tras el colapso de las negociaciones comerciales. El primer ministro canadiense, Mark Carney, acusó al gobierno estadounidense de intentar subordinar a Canadá y afirmó que las demandas de Estados Unidos durante las conversaciones fallidas eran una muestra de que los estadounidenses querían “destruir nuestras principales industrias”.

Trump dijo a los líderes canadienses que “se alineen”

Trump intensificó el lunes la confrontación, diciendo a los líderes canadienses que “se alineen” o enfrenten consecuencias “mucho peores” que los aranceles existentes, amenazando con nuevos impuestos a la importación de hasta un 50% a los vehículos canadienses, autopartes y acero.

Trump mantuvo su provocación el martes, diciendo que Estados Unidos “sopesa seriamente” la posibilidad de cambiar el nombre del lago Ontario a “lago Estados Unidos” como parte de su disputa con el primer ministro de Ontario, Doug Ford. Un cambio de este tipo sería similar a la medida unilateral que tomó Trump el año pasado, cuando mediante una orden ejecutiva rebautizó el golfo de México como golfo de Estados Unidos.

En las horas previas al anuncio de Canadá, Trump arremetió en redes sociales contra su vecino del norte, al que acusó de estafar a los agricultores estadounidenses y de sacar a las empresas estadounidenses del negocio.

“Trato con muchos países, y Canadá es, por mucho, el más difícil e irrazonable”, escribió Trump en redes sociales. “Se sienten con derecho, pero no son un estado, ¡y ya no tendrán derecho a nada!”.

Como la Corte Suprema anuló algunos de sus principales aranceles en febrero pasado, el mandatario recurrió en esta ocasión a una disposición poco conocida de una ley comercial de la era de la Gran Depresión, la cual le otorga el poder de implementar impuestos de hasta el 50% a las importaciones de países que hayan discriminado a empresas estadounidenses. Ningún mandatario había empleado la medida para ordenar este tipo de aranceles, que han sido puestos a prueba en los tribunales.

Los aranceles sobre muchos productos estadounidenses se duplicarán

Los aranceles entrarán en vigor el 8 de septiembre con tasas del 15%, 25% y 50%, y Canadá igualará la tasa arancelaria correspondiente de Estados Unidos sobre más de 700 productos. Los gravámenes sobre muchos productos estadounidenses se duplicarían del 25% al 50%, y la mayor parte de las nuevas medidas afectará al acero y al aluminio.

Funcionarios canadienses dijeron que el objetivo no es recaudar ingresos, sino proteger a las empresas canadienses y reducir las importaciones de Estados Unidos.

Las importaciones estadounidenses de acero, por ejemplo, ya han caído un 30% desde que Canadá impuso un arancel del 25%, y se anticipa que caigan todavía más con la nueva tasa del 50%, indicaron funcionarios canadienses.

Los bienes que enfrentarán aranceles del 50% incluyen algunos productos de acero y aluminio, muebles y ropa. Los electrodomésticos, los productos lácteos —incluido el queso—, pescados y mariscos, y ciertos derivados del acero y el aluminio enfrentarán aranceles del 25%. Las contramedidas canadienses ya existentes sobre los autos estadounidenses seguirán vigentes.

Canadá también anunció un paquete de apoyo por un valor de 7,500 millones de dólares canadienses (5,400 millones de dólares estadounidenses) para trabajadores y empresas afectados por la disputa.

Funcionarios canadienses reconocieron que los aranceles de represalia elevarán los costos para algunas empresas y consumidores, pero que esperan que los efectos económicos en general sean moderados.

El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, respaldó a Carney, argumentando que cualquier acuerdo con Trump habría sido inestable.

“Cualquier acuerdo que se hubiera firmado con este presidente no habría durado tanto como le toma firmar un papel”, dijo Eby. “Este es el presidente que habría firmado el acuerdo y luego se habría dado la media vuelta y lo habría calificado como el peor acuerdo”.

Señaló que espera que países como México, que también está negociando con Washington, “se unan a nosotros y digan que ya basta”.

EE.UU. y Canadá tienen cadenas de suministro integradas

Canadá y Estados Unidos tienen cadenas de suministro sumamente integradas en la industria automotriz, energética, agrícola y de manufactura, lo que hace que una disputa comercial prolongada pueda resultar costosa para empresas y trabajadores en ambos lados de la frontera.

Las empresas y los consumidores están atrapados en medio de una incertidumbre sobre cuánto podrían aumentar los precios.

Michael Howard II, propietario de un negocio de muebles en Warren, Michigan, dijo que los aranceles obstaculizarán “la capacidad de poner comida sobre la mesa para nuestra familia” y afectarán “nuestra capacidad de retribuir a nuestra comunidad”.

Howard y su esposa abrieron su negocio hace una década.

“Decir que no necesitamos a Canadá es simplemente engañoso”, dijo. “Es deshonesto. Y simplemente no es cierto, en lo absoluto. Necesitamos a nuestro vecino, pero ellos también nos necesitan”.

Carney dijo el lunes que los negociadores estadounidenses habían planteado objeciones al contenido en francés en las plataformas de streaming y a las normas de etiquetado en francés. Rechazó la idea de que esas cuestiones fueran negociables, declarando en francés: “Para los estadounidenses, las cuestiones sobre el idioma francés, la cultura quebequense, la cultura francófona y la cultura canadiense son irritantes. Aquí en Quebec, aquí en Canadá, son derechos”.

Trump respondió en redes sociales a primera hora del martes: “¡Nunca interferiría con los canadienses que hablan francés! De hecho, nunca he pensado siquiera en hacer algo tan estúpido. Esta mentira fue inventada por un primer ministro débil e ineficaz en un intento por obtener apoyo político, el cual ha perdido por completo de la gente de Quebec”.