Las Minas. La familia Barroso se levantó al amanecer y enganchó un carro a un caballo prestado para llevar a sus hijas a la escuela el martes, el primer día de clases para muchos estudiantes en toda Cuba.

A medida que se profundizan las crisis en la isla, ladrones robaron recientemente el caballo de la familia y lo mataron para comer, por lo que los Barroso ahora dependen de un animal prestado para transportarse, porque los autobuses escolares no están funcionando.

El combustible, los maestros y los uniformes siguen escasos al comenzar el nuevo curso escolar.

Las autoridades informaron que unas 10,000 escuelas en todo el país abrieron sus puertas para recibir a 1.4 millones de estudiantes y más de 135,000 profesores.

La ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, reconoció los desafíos persistentes y calificó la reapertura de las escuelas como un “acto heroico” para una isla cuyo sistema de educación gratuita y universal fue considerado durante mucho tiempo un logro cumbre de la revolución de 1959.

Pero las múltiples crisis de la isla obligaron al gobierno a terminar el curso escolar anterior en junio, un mes antes. Las condiciones solo han empeorado, con persistente escasez de electricidad, agua y combustible, agravada por un embargo petrolero y sanciones de larga data de Estados Unidos.

“Este curso ha sido yo creo el más catastrófico”, manifestó Leanete Barroso, quien tiene dos hijas.

Mientras reabrían las escuelas, el presidente Miguel Díaz-Canel destacó el logro y escribió en X que era algo que “que el imperio pretendió impedir con su plan de asfixia”.

El canciller cubano Bruno Rodríguez hizo eco de esos sentimientos.

“Ningún cerco energético, ni amenazas, ni bloqueo recrudecido, ni sanciones secundarias, impedirán que sigamos preservando y desarrollando los logros de la Revolución, alcanzados con el liderazgo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, escribió Rodríguez en X.

Mientras los estudiantes entraban a sus respectivas escuelas, saludaron la bandera y cantaron el himno nacional, que incluye la frase “morir por la patria es vivir”.

Faltan maestros en las escuelas

Una falta generalizada de profesores llevó al gobierno a enviar a más de 3,000 maestros desde las provincias orientales de Cuba a escuelas en La Habana, ya que la cobertura docente cayó al 73% en toda la isla. Las vacantes se atribuyen a los bajos salarios y a la emigración.

La ministra Barreto instó a los cubanos a ayudar a cubrir los vacíos, convocando a estudiantes universitarios, profesionales e incluso jubilados.

“Está convocado todo el mundo, todo el que pueda aportar”, comentó Barreto en una reciente conferencia de prensa. “Usted está en su casa, a lo mejor está jubilado y está loco por encontrarse con un grupo de niños que necesitan recibir clase de lo que usted sabe más que nadie”.

La bibliotecaria Sura Victorero Llerena respondió al llamado. Se jubiló este año, pero regresó a la escuela donde trabajó durante 39 años: “Volví porque quise ayudar... Somos como una familia. Todos nos unimos para que salgan las cosas bien”.

Mientras tanto, se espera que los padres y quienes trabajan en el sector privado apoyen con comidas escolares, mientras algunas escuelas solo reportan una provisión de alimentos para 15 días, según medios estatales.

También hubo desabasto de uniformes escolares al comenzar el nuevo curso, cubriendo apenas el 12% de la demanda en el nivel primario.

“Sin corriente no hay taller que pueda funcionar, sin combustible, no podemos llevar el tejido de un lugar a otro del país”, explicó Trujillo Barreto. “Sin dinero y sin posibilidades de importación, tampoco entran tejidos”.

Indicó que se permitirá a los estudiantes usar “ropa cómoda”, pero que aún deben anudarse sus tradicionales pañoletas rojas o azules.

Antes del amanecer del martes, muchos niños se cepillaron los dientes a la luz de teléfonos celulares y bombillas recargables. La noche fue dura para las hermanas Barroso, que durmieron con su madre afuera porque su ventilador recargable se descargó y el aire era sofocante dentro de su estrecha casa de madera con techo de lámina.

Mientras se preparaban para ir a la escuela, la hija mayor de Leanete Barroso, Sheila Ramírez Barroso, de 15 años, ya había lanzado una advertencia a sus padres: que la dejaran antes de llegar a la escuela para que sus compañeros no la vieran encima de un carro tirado por un caballo.

El desgaste de la rutina diaria en Cuba pasa factura

El día antes de que comenzaran las clases, Yurima Izaguirre batalló para subirle el uniforme escolar del año pasado a la menor de sus tres hijos. Hizo una mueca al ver que a su hija de 7 años ya casi no le queda la falda color burdeos.

“Cuando lleves un ratico en el aula te vas a ahogar”, dijo Izaguirre.

No había uniformes nuevos disponibles para sus dos hijas, pero logró encontrar dos shorts para su hijo.

Debido al encarecimiento de los bienes en Cuba, Izaguirre no tuvo suficiente dinero para comprar zapatos nuevos para sus hijos. Por primera vez, tuvo que comprar útiles escolares para los tres. El gobierno no pudo proporcionarlos.

Lo que más le preocupa es tener que darles de almorzar a sus hijos todos los días durante la semana escolar, otra novedad para ella.

Izaguirre planeaba preparar lo que ella y su esposo, que trabaja como salvavidas, pudieran costear: pasta, atún y mayonesa: “Tiene que durar”.

Antes de que empezaran las clases, Izaguirre les dijo a sus hijos que necesitaban llevar sus pequeños ventiladores recargables —cada uno etiquetado con su nombre— para ayudar a sobrellevar temperaturas que se mantienen por encima de los 32 °C (90 °F). Como a muchos cubanos, a menudo les afectan apagones diarios que duran más de 20 horas, así que recargan los ventiladores en la casa de un vecino amable.

Las vacaciones más largas de lo habitual antes de las clases también golpearon con fuerza a la familia. Por lo general, visitan la playa, un parque o el zoológico, pero sin transporte disponible debido a la falta de combustible, Izaguirre contó que organizaba picnics bajo un árbol cerca de su casa.

Sus hijos le dan fortaleza emocional, pero la vida diaria en Cuba ha golpeado duro a Izaguirre: “Me pasan por la cabeza hacer mil cosas, pero tengo que seguir adelante por ellos”.