
Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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Seattle.- El fiscal federal Jeff Sullivan le envió el mes pasado una misiva breve a la Patrulla Fronteriza, con un pedido simple: Que le dejen de mandar casos sin importancia de posesión de marihuana.
"Desde hace tiempo ha sido nuestra política el usar los limitados recursos federales para enfrentar a agrupaciones criminales bien organizadas que ingresan millones de dólares en drogas, armas y demás contrabando por nuestras fronteras", escribió Sullivan en noviembre.
La misiva de Sullivan es uno de los roces generados por la creciente presencia de la Patrulla Fronteriza en la región. Los decomisos de marihuana que ha realizado han sido en caminos y carreteras estatales.
Las comisarías, granjeros y un legislador estadounidenses han dejado en claro su malestar respecto al incremento de la presencia de la patrulla en la frontera norte del país.
Más de 1.100 agentes han sido destacados en la frontera desde el 11 de septiembre de 2001, cuatro veces su número antes de los atentados terroristas de esa fecha. Se contratarán cientos de agentes más el año siguiente.
Los agentes pueden levantar puestos de control a una distancia de hasta 160 kilómetros (100 millas) de la frontera, abordar autobuses de pasajeros y vigilar terminales de transporte público que no están cerca de la frontera. Ademas, la patrulla, que forma parte del Departamento de Seguridad Nacional, ha preparado retenes en otros estados del norte del país, como Vermont, Nueva York y Maine.
Este tipo de autoridad, algo relativamente nuevo para la gente en el estado de Washington, ha generado controversias.
"La creciente presencia de la Patrulla de Fronteras es algo nuevo, que llama la atención", afirmó el jefe de operaciones de la Patrulla en el occidente de Washington, John Bates. "Hemos instalado puestos de control por más de 75 años. Pero cuando uno usa tácticas nuevas en la frontera, la gente va a plantear inquietudes, y es perfectamente lógico".
Bates quiere que la gente haga las denuncias correspondientes si los agentes se pasan de la raya y son bruscos en los puestos de control, como dicen algunos. Pero los retenes seguirán funcionando, indicó, porque son considerados una parte integral de la estrategia de seguridad del organismo.
Algunos sectores sostienen que ciertas operaciones, incluida la intercepción de autobuses de pasajeros, amenazan las libertades civiles.
La Unión de Libertadores Civiles (ACLU) es la que más cuestiona las tácticas de la Patrulla. Afirma que la franja de 160 kilómetros en la que opera ese cuerpo es una "zona en la que no impera la constitución", donde viven dos tercios de la población del país.
"Lo que nos preocupa no es solo lo que hacen ahora, sino lo que pueden llegar a hacer con esta nueva interpretación de sus atribuciones", expresó Shankar Narayan, de la oficina de la ACLU en Washington. "Más adelante podrían pretender ejercer su autoridad más lejos todavía de la frontera y ¿quien va a decir cuál es el límite?".
Narayan dijo que la ACLU se propone cuestionar ante los tribunales la política de los retenes cuando surja un caso oportuno.
No hay retenes en el sector oriental de Washington, un área mayormente rural, y no se planea instalar ninguno allí, aunque la Patrulla se reserva el derecho de hacerlo, según su portavoz Danielle Suárez. El terreno escarpado de esa zona requiere otras tácticas, indicó.
No ha habido retenes en el oeste del estado desde octubre, pero los agentes están patrullando las terminales de autobuses ahora.
En el estado nororiental de Vermont, la Patrulla Fronteriza instaló puestos de control a casi 160 kilómetros de la frontera en una carretera interestatal en el 2007. Ese retén fue duramente cuestionado por el senador Patrick Leahy, quien lo consideró inefectivo. La patrulla, por otra parte, ofrece asistencia técnica y personal a las fuerzas policiales de la zona.
En Washington ha habido algunas protestas en los pueblos de Port Angeles y Forks, ambos en la Península Olímpica, a los que se puede llegar de Canadá solo por ferry, y en los que aumentó la presencia de la patrulla fronteriza.
En 1999, Ahmed Ressam, un argelino hallado culpable de intentar volar el aeropuerto de Los Angeles, fue detenido con explosivos al bajar con su auto del ferry.
"Canadá no pone gran énfasis en la vigilancia de la frontera y gente peligrosa ingresó a Canadá", declaró Ira Mehlman, de la Federación para una Reforma Migratoria, con sede en Washington, D.C. "Tenemos estos puestos de control en la frontera sur y no hay razón para que no los tengamos en el norte".
El representante demócrata Norm Dicks dice que los agentes son demasiado bruscos y que la patrulla debería enfocarse más en la protección de las costas.
Los agricultores de la zona afirman que la campaña contra indocumentados ha ahuyentado a muchos trabajadores.
"Vamos a convertirnos en una zona militarizada, en la que el gobierno federal tiene decenas de agentes en la calle, investigando a la gente a voluntad", se quejó Eric Chester, de Port Townsend, Washington.
Bates dice que los agentes tratan de proteger una frontera prosa, muy activa, difícil de vigilar. Por el sur ingresa cocaína, desde México, y por el norte marihuana, desde Canadá.
El funcionario indicó que la patrulla enviará casos menores relacionados con el tráfico de drogas a los tribunales locales y no a la oficina de Sullivan.

