La comunidad internacional ha vuelto a dirigir su mirada hacia Irán tras la ejecución del joven luchador Saleh Mohammadi, de 19 años, considerado una promesa de la lucha libre.

Mohammadi fue ahorcado luego de ser detenido en enero por su presunta participación en las protestas contra el gobierno, según reportan El País y CBS.

Mohammadi fue condenado por su implicación en disturbios en la ciudad de Qom que, según las autoridades, resultaron en la muerte de agentes de seguridad. La sentencia se basó en el cargo de enemistad contra Dios, una figura legal recurrente en casos de oposición política, detalla La Vanguardia.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado que Mohammadi habría sido obligado a confesar bajo tortura y que no tuvo acceso a un juicio justo, lo que pone en duda la legitimidad de la condena, señala The Times of India.

La ejecución de Mohammadi no fue un hecho aislado. Según New York Post, junto a él fueron ejecutados otros dos manifestantes, Mehdi Ghasemi y Saeed Davoudi, acusados de participar en las protestas con armas blancas. La agencia oficial Mizan Online, vinculada al poder judicial iraní, informó que los tres fueron ahorcados “por asesinato y por haber llevado a cabo operaciones en favor del régimen sionista y de Estados Unidos”.

El contexto de represión es alarmante. La Agencia de Noticias de Activistas por los Derechos Humanos (Hrana) reporta que, desde el inicio de las protestas en enero, al menos 7,000 personas han perdido la vida, entre ellas 236 niños, recoge BBC.

Apenas un día antes de esta triple ejecución, las autoridades iraníes habían ejecutado al ciudadano sueco Kouroush Keyvani, acusado de espionaje para Israel. Estos hechos se producen tras la intervención militar de Israel y Estados Unidos en Irán el 28 de febrero, que resultó en la muerte del líder supremo Ayatollah Ali Khamenei, y han generado gran consternación a nivel internacional.

Expertos y organizaciones de derechos humanos advierten que estas ejecuciones podrían ser el preludio de una nueva ola de represión masiva contra prisioneros políticos en el país, poniendo a Irán nuevamente en el centro de la controversia global por violaciones a los derechos humanos.