
Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 18 años.
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El canadiense Irvine Robbins, cofundador junto a su cuñado Burt Baskins del imperio de helados Baskin-Robbins, popular por la gama de 31 sabores en sus productos, falleció ayer, lunes, a los 90 años.
Robbins, quien inauguró su primer establecimiento de helados en 1945 en Glendale (California), falleció por complicaciones derivadas de su avanzada edad, dijo su hija, Marsha Veit, según el rotativo Los Angeles Times.
"No había por entonces tal cosa como una tienda exclusiva de helados", dijo Robbins al Times en 1985. "Simplemente tuve esa idea loca de que alguien podría vender sólo helados y hacerlo a lo grande".
Aunque Robbins y Baskins empezaron negocios por su cuenta, decidieron fusionar las compañías y denominar la cadena Baskin-Robbins en 1953, aunque el orden de los apellidos se decidió echando una moneda al aire.
El concepto de los "31 sabores" se introdujo ese mismo año con la intención de atraer al consumidor a degustar un sabor por cada día del mes.
Robbins y Baskins desarrollaron un agudo sentido de la mercadotecnia al aprovechar circunstancias históricas con la salida a la venta de nuevos sabores en sus helados.
Por ejemplo, cuando el equipo de béisbol de los Dodgers llegó a Los Ángeles en 1958 fueron recibidos con la creación del "Baseball Nut", de sabor a nueces, acompañado de frambuesas para los árbitros, según la publicación.
Con The Beatles en su apogeo durante 1964, un periodista le preguntó a Robbins qué sabor sería el idóneo para acompañar a los "Fab Four", y contestó que el "Beattle Nut, por supuesto", cuando ni siquiera lo tenía en su gama. Cinco días después lo puso a la venta.
Incluso el "Lunar Cheesecake" se lanzó el día después de la llegada del hombre a la Luna, en 1969.
Entre la mezcla de sabores que la marca desarrolló se encuentran el "Plum Nuts" (ciruela, vainilla y nueces) o el "ChaChaCha" (trozos de galleta con cereza y chocolate).
En 1978 Robbins se jubiló, pero su empresa vendía unos 91 millones de litros de helado cada año en las 2.000 tiendas que tenía repartidas por el mundo.
Le sobreviven su esposa, Irma, y sus tres hijos.

