Ante el inicio de la Asamblea General del Sínodo de Obispos que se celebra hoy en el Vaticano, cinco obispos enviaron una carta al papa Francisco en la que expresaron su preocupación sobre algunos temas.

Las preguntas de los obispos de Alemania, Estados Unidos, México, Guinea y China, junto con las respuestas del sumo pontífice, fueron publicadas en la web del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Estas cuestiones tenían que ver con la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, la ordenación sacerdotal de la mujer, el arrepentimiento como condición necesaria para la absolución sacramental y uno que ha sido tema de conversación y ojo de los medios de comunicación: la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo.

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Frente a esta última pregunta, el papa Francisco le respondió a estas altas personalidades de la iglesia católica, que aunque solo la unión entre el hombre y la mujer para engendrar, se puede denominar matrimonio y la Iglesia no acepta otro tipo de ritos, no pueden dejar a un lado la ‘caridad pastoral’, que consiste de amabilidad, paciencia, comprensión, ternura y aliento.

Por lo tanto, “no podemos constituirnos en jueces que solo niegan, rechazan, excluyen”, expresó el pontífice.

Cuando existen personas que, de alguna u otra manera, quieren acercarse a Dios, “se está expresando un pedido de auxilio a Dios, un ruego para poder vivir mejor, una confianza en un Padre que puede ayudarnos a vivir mejor”, manifestó.

No obstante, el Papa anotó que, aunque existen situaciones que no son moralmente aceptables, la caridad pastoral puede hacer que no se juzgue a estas personas como pecadoras, ya que cada una de ellas pueden tener detrás diversos factores “que influyen en la imputabilidad subjetiva”.

Con respecto al sacerdocio en las mujeres, el papa respondió que “cuando San Juan Pablo II enseñó que es necesario afirmar ‘definitivamente’ la imposibilidad de conferir la ordenación sacerdotal a la mujer, no estaba denigrando en modo alguno a la mujer ni confiriéndole el poder supremo a los hombres”, sino que el presidir una eucaristía tiene que ver con la santidad y una función, no con la superioridad sobre los otros.