Polémica en Australia por exposición de artista puertorriqueño sobre una estatua de un niño esclavizado
El artista denuncia que su exposición fue intervenida por las autoridades municipales y asegura que el caso abrió un debate sobre racismo, memoria histórica y libertad de expresión.

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Hace casi siete años, una estatua de un niño negro de pie, con la mano extendida, ubicada en plena calle, llamó la atención de un artista puertorriqueño que acababa de establecerse en Maitland, una ciudad australiana situada a unas dos horas de Sídney.
La curiosidad por conocer cómo aquella pieza había llegado hasta ese pueblo, llevó a Osvaldo Budet a iniciar una investigación que, años después, dio paso a una exposición inaugurada hace unas semanas en una galería de arte. Sin embargo, el proyecto no ha estado exento de controversia ni de intenso debate.

“Cuando viví en Maitland produje una investigación sobre un objeto que hay, que es una estatua, es un palo para amarrar caballos, que tiene la forma de un niño negro, afroamericano, esclavizado. Él está parado sobre un fardo de algodón, y tiene una mano extendida para poner las riendas del caballo. Es una imagen que lleva más de 150 años en este pueblo. A mí me sorprendió que era celebrada por la población blanca. Es como la mascota de la ciudad”, explicó Budet, quien desde hace dos años reside en Sídney, donde imparte clases de arte en la National Art School.
“La gente se tira fotos con él y había un montón de memorabilia, cucharas, postales, que ya no estaban en producción desde los 90, pero existían todavía, y yo me dediqué a investigar el origen de cómo esa estatua llegó al pueblo porque es una estatua de un afroamericano en medio de un pueblo australiano donde no hay una comunidad afroamericana. Lo que hay es (gente) blanca y aborigen o gente de África o, en el caso mío, de latinoamericano”, relató.

Llega al Maitland Regional Art Gallery
Hace unos meses, el artista puertorriqueño fue invitado a participar en la bienal de arte Upriver Downriver, organizada por el Maitland Regional Art Gallery, un museo de arte público. Como parte de la muestra, propuso exhibir las piezas y los documentos que había recopilado durante años en torno a ese objeto, conocido popularmente en el pueblo como “Jocko Graves”, cuya historia tradicional sostiene que representa a un niño que murió congelado durante la Navidad mientras sostenía los caballos de George Washington.
Consciente de la carga histórica y simbólica de la pieza, Budet buscó que el proyecto tuviera un carácter colaborativo. Para ello, estableció una alianza con el Mindaribba Local Aboriginal Land Council, una organización dirigida por la comunidad aborigen.
“Entre las cosas que hicimos fue hacer un letrero que advertía al público aborigen o negro o personas racializadas que las imágenes que estoy trabajando son imágenes fuertes, porque son imágenes de un objeto racista que está en la calle”.
La escultura forma parte de una serie de piezas fabricadas en Estados Unidos antes de la emancipación de la población negra y de la abolición de la esclavitud. Llegó a Australia durante la segunda mitad del siglo XIX y, según Budet, en Maitland existen tres ejemplares: uno permanece en la vía pública y los otros dos se encuentran dentro de edificios.
Entre las piezas de la muestra, el artista puertorriqueño incluyó un documento elaborado por el municipio en el que se narraba la historia y se destacaba el valor histórico de ese objeto.

“Lo añado a la colección y dos días después –el municipio- me lo remueve sin mi permiso, lo sacan, alteran mi instalación sin decirme nada y obligan a la galería a poner un letrero advirtiéndole a la comunidad que le gusta esa imagen que mi obra es ofensiva para ellos y que en esta ocasión me dan libertad de expresión para yo enseñar esa obra”, contó, todavía incrédulo por lo ocurrido pocos días después de la apertura de la exhibición, el pasado 11 de julio.
Tras enterarse de que el documento había sido retirado de la exhibición, Budet expresó su rechazo a la decisión. Según relató, tanto él como representantes de la comunidad indígena protestaron por la intervención en la muestra.
“Cuando esto ocurre, yo protesto, la comunidad indígena protesta. Ellos pusieron ese cartelón y me quitaron el documento que ellos mismos produjeron y después que lo hicieron es que se comunican conmigo. Hago protesta y digo: ‘Yo no estoy de acuerdo con que remuevan mi obra sin pedirme permiso. Esto es un documento que es del gobierno, lo produjo el gobierno, yo lo descargué de la página del gobierno, yo lo pongo aquí como parte de mi investigación, eso es parte de la obra’”.
Luego de sus planteamientos, las autoridades permitieron que el documento volviera a formar parte de la instalación.
“Ellos remueven ese documento porque dice al final que la historia del niño negro es falsa y también dice que se debe consultar a la comunidad aborigen si esa escultura debe estar ahí porque los ofende. El documento que ellos pagaron para justificar que es un objeto histórico dice: ‘Mira, esto no es tan histórico’”, sostuvo.
Budet insistió en que su trabajo nunca ha buscado promover la remoción de la escultura, sino propiciar una conversación sobre su origen y significado.
“En la exhibición nunca hago mención de eliminarla de la calle, yo lo que quiero es que se hable de la verdadera historia de que esto es un objeto de un niño negro esclavo en una imagen servil, y esta imagen lastima a la gente negra, lastima a la gente racializada porque nos pone en una posición servil”.
“Yo nunca menciono la remoción de esta escultura, yo solamente quiero que se cuente la historia real de este objeto, que es un objeto que ofende, que lastima a la gente de la ciudad y que tiene una historia horrible, porque este niño representa a un niño esclavo”, reiteró.
El artista señaló que comprende el vínculo que parte de la comunidad mantiene con la pieza, pero considera necesario contextualizarla desde una perspectiva histórica.
“Entiendo también que la comunidad blanca creció con esta imagen y piensan que es normal, y entiendo también que mucha gente tiene conexión con esta imagen, eso es parte de la exhibición. Yo no condeno a nadie porque ame esa imagen, pero quiero que la miren con otra perspectiva y entiendan que, aunque ellos desde chiquitos se criaron con esta imagen y se tomaron fotos, también hay una población que la detesta porque los lastima. La exhibición plantea todo esto, con los textos, los títulos, y el alcalde me censuró la exhibición”.
Budet también denunció que el alcalde de Maitland, Philip Penfold, intensificó sus críticas tras la inauguración de la muestra.
“No solo me censuró la exhibición (el alcalde Philip Penfold), al día siguiente hizo una sesión extraordinaria dentro de la alcaldía donde condena mi trabajo, dice que mi trabajo no es arte, sino que es un ‘statement político’, dice que yo soy racista por decir que esta imagen es racista”, afirmó.
El artista aseguró, sin embargo, que la respuesta del público ha sido mayoritariamente favorable.
“Fueron más de 500 personas a la apertura de la exhibición. El público ha sido de apoyo total a mí, excepto de dos o tres racistas que me han amenazado de muerte, me han insultado, que me vuelva a mi país. Él dice que esto es una agenda de un extranjero, un ‘out-of-towner’”, relató.
Respecto a lo que espera que ocurra tras la controversia, Budet indicó que ya presentó sus reclamos al gobierno municipal.
“Yo hice una carta que se la envié al alcalde, yo quiero una disculpa pública de ellos, yo quiero que pongan por escrito que no pueden eliminar obra de nadie sin pedir permiso y que le pidan perdón a la comunidad indígena por llamarme ‘out-of-towner’ cuando ellos son ‘out-of-towner’ porque la comunidad aborigen son los verdaderos dueños de esas tierras”, expresó.
Asimismo, cuestionó el trato desigual que, a su juicio, reciben la obra y la escultura que inspiró la investigación.
“A mí me da pena que la gente del mundo vea que una ciudad en Australia permite que estas imágenes estén afuera sin ninguna advertencia. Porque ellos le ponen una advertencia a mi trabajo para que la gente que ama esta imagen racista no se ofenda, pero esta imagen está afuera sin ninguna advertencia, ellos la tienen en medio de la calle, ahí no dice: ‘Gente que se sienta ofendida por esta imagen, le pedimos disculpas’, pero mi exhibición tiene una advertencia, enseñando de esa forma que lo que dice la gente negra que reclama racismo, lo que dice la gente racializada, lo que dice la gente indígena de Australia, que se queja de racismo, siempre es invisibilizada”, sostuvo.
“El alcalde pensaba que un boricua se iba a quedar callao, y yo no me he quedado callado y yo he seguido hablando que es un objeto racista y voy a seguir diciéndolo”.


