Tapalpa, Mexico. La tienda de abarrotes de la familia de María Dolores Aguirre vive del turismo que ha llegado a su encantador pueblo empedrado de Tapalpa, escondido en las montañas del estado de Jalisco.

Eso fue así hasta que estallaron disparos y helicópteros sobrevolaron la zona mientras el Ejército mexicano mataba al narcotraficante más poderoso del país, a apenas unas millas de su casa.

Ahora, Aguirre, de 50 años, teme que el derramamiento de sangre aseste un golpe a su sustento y cambie pueblos como el suyo. Es algo que enfrentan muchos en el estado del occidente de México, desde sus playas del océano Pacífico hasta su capital, Guadalajara, que albergará partidos en junio del Mundial de la FIFA 2026.

“Nos va a afectar porque son daños colaterales”, afirmó Aguirre. “Pues va a tener que el gobierno tener mucha seguridad sobre todo. Ya se hizo del del conocimiento de todo el mundo todo esto, entonces pues la gente sí se la va a pensar en venir”.

Los enfrentamientos entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y las fuerzas de seguridad mexicanas se intensificaron el lunes en varios estados, alimentando el temor de muchos, como Aguirre, de que venga más violencia.

Más de 70 personas murieron en el intento de capturar a Nemesio Oseguera Cervantes y en los enfrentamientos posteriores, informaron las autoridades el lunes. Conocido como “El Mencho”, era el notorio líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las redes criminales de más rápido crecimiento en México, conocida por traficar fentanilo, metanfetamina y cocaína a Estados Unidos y por perpetrar ataques descarados contra funcionarios del gobierno mexicano.

La Casa Blanca confirmó que Estados Unidos proporcionó apoyo de inteligencia a la operación para capturar al líder del cártel y elogió al Ejército de México por abatir a un hombre que era uno de los criminales más buscados en ambos países. El Departamento de Estado de Estados Unidos había ofrecido una recompensa de hasta 15 millones de dólares por información que condujera al arresto de “El Mencho”.

La muerte de Oseguera Cervantes se produjo mientras el gobierno de México ha intensificado su ofensiva contra los cárteles en un esfuerzo por cumplir las exigencias del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de tomar medidas enérgicas contra los grupos criminales, con la amenaza de imponer más aranceles o emprender una acción militar unilateral si el país no muestra resultados.

México esperaba que la muerte de uno de los mayores traficantes de fentanilo del mundo aliviara esa presión, pero muchas personas estaban inquietas mientras esperaban ver la reacción del poderoso cártel.

Oseguera Cervantes murió tras un tiroteo con el Ejército mexicano el domingo. El secretario de la Defensa de México, el general Ricardo Trevilla, señaló el lunes que las autoridades habían rastreado a una de sus parejas sentimentales hasta su escondite en Tapalpa. El líder del cártel y dos guardaespaldas huyeron hacia una zona boscosa, donde resultaron gravemente heridos en un enfrentamiento. Fueron detenidos y murieron en el trayecto a Ciudad de México, indicó Trevilla.

Tras lo ocurrido, una sensación de inquietud se mantenía latente en los pueblos turísticos.

La ciudad turística de Puerto Vallarta, a orillas del océano Pacífico, también se vio duramente golpeada por represalias del cártel, lo que atemorizó a los turistas.

Steve Perkins, de 57 años, visitaba Puerto Vallarta con su esposa, Gayle, y algunos amigos. Estaban en la terraza de la habitación de su hotel cuando empezaron a producirse explosiones y humo negro en diferentes puntos de la ciudad la mañana del domingo.

Su regreso a Broken Arrow, Oklahoma, se retrasó cuando su vuelo fue cancelado el lunes y los reprogramaron para el 1 de marzo.

Perkins y su esposa han hecho viajes anuales a Puerto Vallarta desde 2012 y siempre se habían sentido seguros, hasta ahora. Comentó que no planean regresar a México.

“Hay muchos estadounidenses atrapados aquí”, dijo Perkins.

De vuelta en Tapalpa, Aguirre trabajaba junto a su hijo en la pequeña tienda del vecindario que su familia ha tenido durante 50 años. Las clases del adolescente de 15 años fueron canceladas debido a la violencia.

Aguirre dijo que no estaba claro quién controlaba exactamente el área a su alrededor: el Ejército o el cártel. La otra pregunta que tenía en mente era si esto era un hecho aislado o si venía más violencia, ya que podría haber una lucha de poder en el cártel tras la muerte del capo.