El terremoto llegó primero como un sacudón seco.

En cuestión de segundos, las imágenes empezaron a multiplicarse: cámaras de seguridad que temblaban, lámparas que oscilaban con violencia, estanterías que se vaciaban de golpe.

En Japón, donde cada movimiento de la tierra suele quedar registrado desde múltiples ángulos, el sismo de este lunes volvió a narrarse en tiempo real, cuadro por cuadro.

A las 4:53 p.m., un terremoto de magnitud 7.5 sacudió el norte del país frente a la costa de Sanriku, en la prefectura de Iwate, a unos 10 kilómetros de profundidad bajo el lecho marino. El movimiento fue lo suficientemente intenso como para hacer oscilar grandes edificios incluso en Tokio, a cientos de kilómetros del epicentro.

En las redes sociales japonesas, las primeras secuencias se repetían con un patrón casi idéntico: el sonido de las alertas sísmicas en los teléfonos, un breve instante de suspensión y luego el temblor. En oficinas, empleados se protegían bajo los escritorios; en viviendas, los objetos más livianos salían despedidos. En un restaurante de ramen, captado en video, utensilios y equipos fueron lanzados por el aire en cuestión de segundos.

La Oficina del Gabinete y la Agencia Meteorológica de Japón indicaron que hay un1% de probabilidad de que ocurra un megaterremoto, en comparación con un 0.1% de probabilidad durante tiempos normales, aproximadamente en la próxima semana tras el fuerte sismo registrado cerca de las fosas de Chishima y Japón.