Leópolis. Los frecuentes apagones no impiden a los civiles ucranianos fabricar miles de velas de trinchera para los soldados del frente, a quienes les resultan esenciales para cocinar y calentarse en unas condiciones meteorológicas cada vez más adversas.

Mientras Olexandr Kutsurenko, de 43 años, ilumina con una linterna el pasillo de su apartamento en un sexto piso en Leópolis muestra varias cajas donde almacena suministros. Están llenas de latas y abarrotan la entrada de su “taller” provisional, donde está a punto de terminar de fabricar más velas.

También lleva en la mano una bolsa de parafina que acaba de trocear en el patio de su bloque de apartamentos.

“Existen varias opiniones sobre cómo hacer la vela de trinchera perfecta”, dijo Kutsurenko mientras cortaba una caja de latón a la medida necesaria y al tiempo que calentaba varios trozos de parafina en el horno de la cocina.

En Ucrania ha surgido una activa comunidad de voluntarios individuales, ciudadanos corrientes con diferentes recorridos vitales, que comparten por correo o por internet instrucciones y materiales.

Las velas las fabrican con latas, en las que insertan rollos de cartón poroso y rellenan con la parafina o la cera derretida.

A Kutsurenko le ayuda su hija de cinco años, Katrusya. Le encanta romper los envoltorios de las latas. También mete dos barritas de cartón en cada una de ellas para asegurarse de que le resulte fácil al soldado encender la vela.

“Hacemos velas para los soldados para que se puedan calentar y prepararse comida”, explicó la pequeña Katrusya.

Las velas pueden durar varias horas, pero Kutsurenko cree que, más que preocuparse por cuánto tiempo duren, es más importante asegurarse de que se queme bien toda la parafina para que los soldados puedan obtener la mayor cantidad posible de calor.

Es el perfecto equilibrio entre la cantidad de cartón y de parafina lo que permite obtener ese resultado.

“Me gustaría tener más opiniones de los consumidores”, dijo antes de reconocer que lo más seguro es que los soldados no tengan tiempo para eso entre que luchan contra el enemigo y combaten el frío.

Compartió con EFE un breve vídeo en el que se ve a un soldado que se calienta con una vela que ha puesto en el suelo justo delante de él y, mientras, se cubre con una manta de polietileno con el fin de crear una burbuja de aire caliente.

En otro vídeo se ve a un grupo de soldados en Bakhmut (este) sentados en torno a una de esas velas en una trinchera.

Las velas más grandes se usan sobre todo en las trincheras, mientras que las pequeñas se pueden llevar fácilmente en el bolsillo y los soldados las emplean en misiones de reconocimiento.

Kutsurenko, como decenas de voluntarios en Leópolis y en otras ciudades ucranianas, depende de sus ahorros y de acciones de recaudación a través de sus cuentas en redes sociales para seguir fabricando velas.

Mientras que el cartón lo dona una panadería local y las latas las obtiene por diferentes vías, la parafina y la cera hay que comprarla en su mayoría.

“Pagué 25,000 grivnas (unos $680) por 250 kilogramos de parafina y me lleva cerca de hora y media derretir 15 kilos”, comentó Kutsurenko, al afirmar ser capaz de producir 100 velas de un tirón.

Sin embargo, está contento de poder ayudar.

Mientras se acerca el invierno la cuestión es quién, si las tropas rusas o las ucranianas, se adapta mejor a las cada vez más duras condiciones de combate, puesto que eso puede desempeñar un papel muy importante.

Debido a la cambiante situación en el campo de batalla, a menudo los soldados no pueden fijar trincheras y equiparlas con áreas para mantener el calor, como en Bakhmut. Además, las fuentes de calor pueden delatar su situación al enemigo.

Pero lo que parece estar claro para Kutusrenko es que una vela tan pequeña que puede usarse para preparar una bebida caliente sirve para marcar la diferencia a un soldado que pasa horas o días a la intemperie bajo temperaturas bajo cero.