Los depredadores sexuales pueden ser ingenieros, médicos, agentes del orden público, pastores, obreros, mecánicos, maestros, desempleados. Algunos son bajitos, altos, blancos, negros, rubios, pelinegros, jóvenes, adultos, ancianos. Los hay solteros, casados y divorciados, y algunos son tíos, padres, abuelos, padrastros, primos, amigos, conocidos o desconocidos de sus víctimas.

En resumidas cuentas: no existe un perfil definido del depredador sexual. Sí se sabe que son adultos que se aprovechan de la inocencia de los menores para satisfacer sus deseos sexuales, y cada vez tienen más acceso a ellos, lo que es indicativo del aumento en estos casos en los pasados años.

Tan es así que, en los últimos cuatro meses, agentes especiales de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Interna del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE-HSI) han arrestado a 18 personas por cargos de producción o posesión de pornografía infantil, inducir a menores a sostener algún tipo de acto sexual o transportar a un menor con el fin de sostener relaciones sexuales.

El agente especial a cargo de ICE-HSI en San Juan, Ángel Meléndez, catalogó esta estadística como “alarmante”.

Los casos más recientes incluyen a un maestro de Luquillo, Orlando Peña López, quien hizo acercamientos sexuales a una estudiante suya de sexto grado; un empleado de una farmacéutica, Reinaldo Díaz Camacho, quien intercambió fotos de él desnudo con un sobrino político de 16 años; y un agente del Negociado de Investigaciones Especiales (NIE), Héctor Vargas Reyes, quien tomó fotos con su celular de su hijastra de 16 años mientras se bañaba; entre otros.

“Los casos de producción de pornografía infantil van en aumento. Antes era algo raro. Antes era más posesión (de pornografía infantil) y seducir a menor para tener relaciones sexuales”, explicó el agente especial Alek Pacheco.

El agente, que lleva alrededor de siete años atendiendo este tipo de casos, destacó que este aumento se debe en gran parte a los avances tecnológicos, que pueden ser un arma de doble filo.

“La tecnología es como un cuchillo. Con él puedes comerte la mejor carne de tu vida. O con él te puedes cortar las venas. La tecnología es un arma que se puede usar tanto para bien como para mal”, manifestó Pacheco en entrevista en la sede de ICE-HSI en Miramar.

Indicó que producir pornografía infantil es tan sencillo como que un depredador le pida a su víctima que se tome una foto en ropa interior con su teléfono celular y se la envíe por mensaje de texto. Ya esa imagen se considera producción de pornografía infantil si la persona es un menor de 17 años o menos. Además, es ilegal seducir o transportar con un fin sexual a alguien menor de 16 años. Toda persona acusada de estos cargos que sea encontrada culpable enfrenta un mínimo de 15 años de cárcel a nivel federal.

“Ya no es necesario (montar) un estudio con una cámara. Antes iban a moteles y montaban cámaras de vídeo para grabar los actos. Ahora, con tan solo enviar una foto de conducta de índole sexual, ya es producción de pornografía infantil. No es necesario el contacto físico”, explicó Pacheco, quien recordó que la sentencia aumenta de 15 a 25 años al victimario en caso de que cometa agresión sexual o actos lascivos en contra de la víctima.

Hoy día no es inusual que antes que un niño cumpla 10 años, ya sus padres le pongan en sus manos un teléfono celular para comunicarse “en caso de emergencia”. Pacheco destacó que en muchas ocasiones estos celulares se les entregan a los niños con planes que incluyen mensajes de texto y acceso a la Internet, y eso es “abrir una ventana” a los depredadores sexuales. Destacó que lo peor que se puede hacer es dejar que sus hijos estén solos en su habitación con acceso a la Internet por computadora o teléfono, dado que “cuando nosotros dormimos, ellos (los depredadores sexuales) están despiertos”.

Comportamiento de un depredador

Pacheco explicó que parte de la patología del depredador sexual incluye un proceso que catalogó como grooming, en el que el acosador va preparando el camino para crear una dependencia emocional por parte del menor.

Indicó que la madurez del adulto logra influenciar la inocencia del niño y su necesidad hormonal, además de que criticó que muchos padres no les orientan sobre su sexualidad y son los depredadores sexuales los que “le enseñan una conducta sexual distorsionada”.

Muchos “preparan” a sus víctimas acercándose a la familia. Si necesitan algo, él se los provee. Es servicial, persona reconocida y respetada en su comunidad. Luego, se acerca al menor y comienzan las conversaciones, los roces físicos, y va escalando hasta llegar al envío de fotos en desnudo o en poses sugerentes, entre otras cosas.

Luego, les enseñan pornografía a los menores, quienes piensan que, como está en la Internet, es algo que se puede hacer.

“Van probando al niño a ver si es confiable o no. Un factor importante es la secretividad. Y usan tácticas como comprarle artefactos que quieran o hasta mostrarle una pistola y decirle que si dice algo, mata a su familia”, señaló Pacheco, quien también dijo que hay casos en que los victimarios les dicen a sus víctimas que si les mencionan a sus padres lo que está ocurriendo, no les van a creer.

Al comenzar el contacto a través de redes sociales o en otras plataformas en Internet, en un momento dado el depredador empieza a decirles a los menores que los quieren ver, que le envíen foto en ropa interior o desnudos. Luego quieren llegar al encuentro sexual, y hasta llegan a decirles que los van a buscar a la escuela.

Pacheco confesó que el gran reto en algunos casos es que los menores piensan que no hay nada malo en involucrarse en estos actos con adultos, especialmente cuando los victimarios son personas de confianza o están apegados a ellos. Destacó que tienen a una trabajadora social que labora en tratar de cambiarle la visión al menor que ve como aceptable que un familiar, un allegado o un extraño toque de forma impropia y sexualizada sus genitales “o te digan que te tomes fotos en ropa interior, ese reto de cambiar la visión de esas víctimas que a veces piensan que eso no es nada malo”.

“Hay que arreglar lo que se dañó”, agregó el agente.

En junio de 2011 se creó un equipo de trabajo conjunto entre agencias estatales y federales para lidiar con el problema de pornografía infantil. Este task force pretende que la víctima no sea entrevistada una y otra vez, siendo revictimizada. Además, bajo un memorando de entendimiento, las autoridades estatales consultan los casos con los federales.

Pacheco explicó que la mayoría de los casos les llegan a través de la Policía por padres que se querellan al descubrir que sus hijos son víctimas de estos ofensores.

“La primera línea de defensa son los padres”, reiteró Pacheco, quien pidió reportar casos de posible acoso sexual a un menor a la Policía a nivel estatal o al ICE-HSI al teléfono 787-729-6969.

El agente explicó que también atrapan a los depredadores haciendo “patrullajes en el ciberespacio” o son reportados por las compañías de proveedoras de Internet que por ley están obligados a reportar cuando bajan imágenes sexuales de menores al Centro de Niños Desaparecidos y Explotados en Washington.

“Todo lo que se hace en Internet no es secreto. Hay huellas digitales de portales. La navegación no es anónima. Por eso decimos que no es cuestión de si los vamos a identificar, es cuándo los vamos a identificar”, recalcó Pacheco.

Recordó que en la Isla hay un laboratorio forense con tecnología para acaparar la evidencia digital, en donde agentes digitales forenses recuperan evidencia, aun cuando está en discos duros que han tratado de destruirse o dañarse, y logran descifrar los passwords y resaltar imágenes. El equipo costó $5 millones.

Estas investigaciones comenzaron en el 2003 con Operación Depredador y desde entonces han procesado a más de 100 personas, y todos han sido encontrados o se han declarado culpables por los delitos imputados.