La agente investigadora de la desaparición de Yexeira Torres Pacheco aceptó que se metió sin la autorización judicial en la casa que compartía ella con Roberto Quiñones Rivera, pero reiteró que sí tuvo permiso de Iris Pacheco, la madre de la joven adulta cuyo rastro sigue desconocido para las autoridades de ley y orden.

Lorimel Aquino, de la División de Agresiones del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) y quien acogió la pesquisa por la desaparición de la bailarina de 23 años, reportada el 31 de octubre de 2011, hizo la afirmación este martes en la continuación de la vista de supresión de evidencia en el juicio que se sigue contra Quiñones Rivera.

La defensa persigue suprimir toda esa evidencia contra su cliente porque no medió una orden de registro y allanamiento para entrar a la residencia y ocupar la guagua Ford Econoline blanca, de 1999, propiedad de Quiñones Rivera.

Este caso es llevado por las fiscales Alma Méndez Ríos y Sonia Polanco Viera, y los abogados de defensa son Jorge Gordon Menéndez y Orlando Cameron Gordon.

La vista de supresión de evidencia la preside la jueza Berthaida Seijo, del tribunal de Carolina.

Durante su testimonio, Aquino señaló que entró a la residencia que la pareja compartía en Villa Carolina, sin una orden del tribunal, pero sí con la autorización de Pacheco, quien tras desconocer noticias de su hija por varios días y con la ayuda de un vecino que es cerrajero, forzó la cerradura de la casa para entrar.

Explicó que al notar que las pertenencias de la joven, incluyendo su cartera, estaban en la casa, pero no las del compañero de la perjudicada, la madre procedió a hacer la querella por su desaparición.

Aquino declaró que en el interior de la estructura se hallaron bolsas con ropa de la víctima, cajas de zapatas y extensiones de cabello, entre otras pertenencias, y observó una especie de altar, con “calderas” y objetos asociados a la santería, quien según ha trascendido, al igual que Rivera Quiñones practicaba esa religión.

En la casa, sostuvo la investigadora, cerca del pasillo que conduce del cuarto de Torres Pacheco hacia el área de lavandería, se hallaron “manchas diminutas, de un color rojo oscuro y con algo de volumen; aparentaban ser manchas de sangre”.

De esas manchas, dijo la policía, se tomaron cuatro muestras con aplicadores de algodón para hacer análisis serológicos.

También relató que, tras haber dejado citaciones al acusado en el hogar que compartía con Torres Pacheco, el expolicía se presentó de manera voluntaria, el 8 de noviembre de 2011, en las oficinas del CIC para ser entrevistado.

“Era mi día libre. Recibí una llamada de mi supervisor, el sargento Miguel Santiago, de que necesitaba que me reincorporara a mi trabajo en el CIC, sobre la investigación por la desaparición de Yexeira”, recordó la agente.

Mencionó que al llegar, reconoció de inmediato a Quiñones Rivera, sentado en el vestíbulo y que él se encontraba solo.

“Me dijo que él estaba allí para dar la cara, que el que nada debe, nada teme”, dijo Aquino que le expresó Quiñones Rivera, al destacar que se mostró siempre cooperador y que el ahora acusado “estaba lúcido y alerta”.

Durante las dos horas aproximadas que se extendió la entrevista, aseguró que Quiñones Rivera había ofrecido dos versiones acerca de la última vez que vio a su pareja, el 25 de octubre: “dijo primero que salió en un carro verde con una amiga a una práctica de baile, y luego dijo que salió a buscar un dinero prestado, que estaban peleados y que Yexeira se enviaba mensajes de texto con un tal ‘Paleta’”.

También le aseguró que había viajado a New Jersey, el 29 de octubre de 2011, para “comenzar una nueva vida”, y le presentó un pase de abordaje de avión, de la línea aérea Jet Blue, como evidencia del viaje. Allá viviría junto a su madre.

Aquino dijo que al finalizar la entrevista, Quiñones Rivera fue informado por ella de que tenían que ocuparle su guagua, debido a que tenía un gravamen de persona desaparecida a bordo del vehículo de motor.

“El no presentó reparo alguno, me dijo que la misma estaba estacionada en el Carolina Shopping Court. Al preguntarle si la podía buscar y llevarla a la Comandancia de Carolina, me preguntó si alguien podía buscarla por él porque estaba la prensa afuera”, detalló.

De inmediato, él expolicía entregó las llaves y un policía identificado por ella como el agente Pérez Maisonet y quien fue compañero de Quiñones Rivera, buscó la guagua y la ubicó frente al estacionamiento de vehículos oficiales de la Policía.

Al terminar, dijo que el acusado fue abordado por varios periodistas y que accediendo a ser entrevistado repitió que se había presentado en la comandancia “para cooperar y para dar cara”. La testigo agregó que él afirmó que Yexeira estaba preñada y habló de un tal paleta de Monte Hatillo.

Luego de conceder la entrevista, declaró que Quiñones Rivera fue requerido por la agente Rosa Ferrer, de la División de Propiedades del CIC, en relación con una querella por apropiación ilegal presentada por una abogada de apellido Pizarro, que nunca fue identificada en sala por su primer nombre.

Quiñones Rivera fue puesto tras las rejas, esa misma tarde, por dicha querella, y posteriormente liberado debido a que la fiscal con quien fuera consultado el caso instruyó que así fuera y que se continuará con la investigación.

Horas más tarde, dijo Aquino, fue con él hasta el vehículo para llenar una forma en la que se detallan las condiciones y el inventario del mismo. Mientras hacía el informe, dijo que notó que había pintura removida o rayada en el lado derecho e izquierdo de la guagua, y que además “el marbete tenía los colores altos, muy vivos, como si fuera falso”. Fue entonces cuando le leyó las advertencias de ley, que ambos firmaron, ante la posible comisión de un delito.

“En determinado momento, él me solicitó que tenía que sacar algo del carro, un dinero, o algo así y abrió la puerta del pasajero, pero no me percaté de lo que sacó. En eso, noto un patrón de manchas rojas, con algo de volumen en la puerta del pasajero en la parte de arriba de la lata”, narró.

Debido al hallazgo, Aquino explicó que llenó la forma solo desde el exterior “para garantizar la pureza de los procesos”, debido a que entendía que se encontraba ante una posible escena de delito.

“La sangre es el indicador por excelencia de violencia, siempre es una alerta… (Cuando vi las manchas aparentes de sangre) pensé que pudo haber ocurrido algo en el interior del vehículo o que podía estar la persona (a quien pertenece esa sangre) en peligro” reiteró la agente.

La testigo indicó que al día siguiente le solicitó al Colegio de Investigación Criminal que colaborara con la pesquisa en los análisis de la prueba presuntiva, debido a que el Instituto de Ciencias Forenses (ICF) solo interviene en casos de muertes violentas y la Unidad de Servicios Técnicos en Carolina, no cuenta con los materiales suficientes. El colegió de investigación acogió su parte en la investigación el 10 de octubre.

Finalmente, Aquino subrayó que aunque no contaba con una orden del tribunal para ocupar el auto, tenía varias razones para hacerlo como el gravamen de persona desaparecida a bordo del mismo, los hallazgos de sangre y cualquier otra prueba que pudiera encontrarse en la guagua, y la actitud cooperadora y voluntaria del mismo Quiñones Rivera.

En su justificación, añadió que la Ley 8 para la Protección de la Propiedad Vehicular faculta a un oficial del orden público a ocupar un vehículo para propósitos de investigación.

El testimonio de Aquino continuará este miércoles, a la 1:30 p.m.

El juicio por tribunal de derecho contra Quiñones Rivera por un cargo de asesinato en primer grado y otro de destrucción de evidencia estaba pautado para empezar el pasado 19 de agosto, en la sala del juez Francisco Borelli Irizarry.

Al momento extingue una sentencia de 42 meses de cárcel por tener un marbete falso y retener un chaleco antibalas de la Policía, tras ser expulsado de este cuerpo de ley y orden en el 2004.