Caguas - Juan Ramos Álamo confesó el asesinato y desmembramiento de Ivonne Negrón Cintrón en noviembre pasado tanto a la Policía como a miembros de la prensa, declaró este martes el agente Carlos Juarbe durante la continuación del juicio contra el hombre acusado de asesinato en primer grado, Ley de Armas y destrucción de evidencia.

El agente de la División de Homicidios dijo que en su entrevista de unas dos horas y media a Ramos Álamo en la comandancia de Caguas, el sujeto alegó que mató a la mujer furioso porque supuestamente no le correspondía sentimentalmente.

Según las supuestas admisiones de Ramos Álamo, tras asesinar a la mujer, el sujeto se fue asustado de la casa en Gurabo donde perpretó los hechos y dejó a la mujer desangrándose en la bañera. Regresó al lugar en horas de la noche.

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Durante su testimonio, el agente leía sus notas tomadas en un papel amarillo. Había silencio total en la sala del juez Roberto Angleró. El acusado, en ropa de preso, mantenía la cabeza arriba.

"(Ramos Álamo) empezó a picarla con un cuchillo, pero no pudo, así que usó una segueta", continuó diciendo Juarbe de lo que tenía en sus notas sobre lo que le dijo el acusado.

El agente narró que luego se llevó partes del cuerpo a un monte y los lanzó allí, y que otras, como la cabeza y el torso, se quedaron en un zafacón en la casa.

Pasaron dos días, y el torso comenzó a oler mal, según la confesión, y Ramos Álamo "lo lavó con agua, champú y perfume", afirmó Juarbe.

Ramos Álamo hizo admisiones similares, incluyendo algunas de arrepentimiento, a periodistas que lo entrevistaron a la salida de la comandancia, dijo Juarbe.

Asimismo, el agente recordó lo que percibió en la escena del crimen, la casa de madera de Ramos Álamo.

 "Cuando llegó al área del balcón, me percato que efectivamente había un torso humano", sostuvo.

Una manguera verde hallada en la escena fue traída como evidencia dentro de una bolsa plástica roja. La fiscal Maribel Mojica, el testigo Juarbe, un alguacil y la secretaria de sala se pusieron guantes para tocarla.

 Luego de registrar la casa, los oficiales se trasladaron a un solar baldío cercano a un club llamado El Gurabeño, ubicado a unos 10 minutos a pie de la casa de Ramos Álamo, donde con canes especializados de la Policía, agentes y personal del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) "se encontraron tres bolsas plásticas de supermercado con piezas de tejido, posiblemente carne, cuerpo, y un cráneo de una persona", sostuvo el agente Juarbe.

Juarbe no concluyó hoy su testimonio. Este continuará declarando el próximo viernes, cuando se reanude este juicio.

La persona que originalmente halló el torso de la mujer en noviembre pasado fue Yay Francisco Garay Negrón, hijo de la víctima.

Garay Negrón, de 21 años, negó que su mamá tuviera relación con Ramos Álamo, pero en algunas ocasiones ella iba a su casa a tomar café y comían, y viceversa. Dijo que declaró que, al notar que su madre estaba desaparecida, comenzó a buscarla por negocios del área, sin éxito, así como por el área cercana a la casa de su vecino, Ramos Álamo, apodado Cusín, porque comenzó a sentir un mal olor.

 "Olía a podrido... salía por los pasillos por ahí. El olor se sabía que no era un animal ni nada de eso, era muy fuerte", indicó Garay Negrón ante la atención del juez y de las nueve mujeres y cinco hombres que componen el jurado de 12 personas y dos alternos.

Testificó que llamó a la Policía y los agentes no encontraron nada, pero él insistió en la búsqueda ayudado por amigos y así, la noche del 18 de noviembre, encontró un pedazo de cuerpo, que estaba seguro era el de su madre.

"Yo me trepé en la columna, no veía, me moví un poco por el lado y alumbré con el celular. Vi el torso, la pierna", dijo Garay Negrón. "Tenía una manguera prendía, la tenía puesta (incrustada en el cuerpo)", narró el joven al que, por momentos, se le quebró la voz y se le aguaron los ojos.

"Cuando llegó la Policía me fui, yo no quería estar allí", expresó el joven.

El juicio continúa este viernes.