“Una persona humilde que ayudaba a todo el mundo”.

Con estas palabras, una mujer resumió la percepción que tienen muchos de los vecinos del residencial José Celso Barbosa, en Bayamón, de Ángel Ayala Vázquez, conocido como “Angelo Millones” y “el Bóster”, quien ocupó una posición temeraria como uno de los narcotraficantes más poderosos del Caribe y fue recientemente convicto por ello en una corte federal.

Para los residentes del caserío, la historia es otra. Las conversaciones de pasillo delatan el sentir de muchos de los vecinos en torno al narcotraficante, y aunque pueden diferir gradualmente en su apreciación del Bóster, todos coinciden en un punto: Ayala Vázquez era su benefactor.

“Lamentamos el veredicto, claro que sí, porque parece que nadie lo conocía de verdad para decir todo lo que dijeron de él”, dijo una mujer de 33 años de edad, mientras fumaba un cigarrillo frente al apartamento de una testigo del caso, que fue incendiado intencionalmente el pasado jueves por la madrugada.

El apartamento le pertenecía a Maribel Olivo, una ex vendedora de los puntos de drogas del Celso Barbosa y centinela –“velona”, como se conocen en el argot callejero- que había testificado en contra de Ayala Vázquez proveyendo información detallada sobre las operaciones de la organización criminal y las fiestas de Navidad que su antiguo jefe celebraba en el residencial.

Primera Hora entró al lugar para cotejar la destrucción. Todos los cuartos estaban completamente quemados. Las paredes lucían ennegrecidas y un fuerte olor impregnaba la vivienda. Lo único que quedó entre las cenizas fueron unas fotos familiares parcialmente quemadas. El álbum permanecía colocado sobre escombros, mientras las voces callejeras, en ocasiones, interrumpían el silencio ominoso.

Vigilantes y recelosos

Los vecinos del residencial, el antiguo centro de operaciones de la organización del narcotraficante, no se dejan fotografiar. De hecho, les huyen a las cámaras como si se tratara de armas que podrían ser utilizadas en su contra.

Residentes del complejo merodeaban los espacios comunales, vigilantes ante la entrada de cualquier extraño. Se vio a un jinete cabalgar rápidamente, no sin antes clavar su mirada en una vecina que ofrecía alguna información anecdótica sobre Ayala Vázquez.

“Yo nunca lo vi vendiendo”, indicó la mujer. “Esto ha sido un golpe fuerte para nosotros, pero hay que continuar la vida”, agregó.

“Él era humilde y tranquilo; no se quería meter con nadie”, añadió la primera entrevistada, quien estaba acompañada por su hija de 14 años.

Con la autorización de su madre, que miraba pensativa las ventanas del apartamento de la testigo, la adolescente indicó que Ayala Vázquez era con ella “como un tío, como todos los demás, no era una persona mala. De todas las personas que yo conozco, yo diría que él era el mejor”, precisó.

Dará su versión

Por otro lado, el lanzador de los Nacionales de Washington, Liván Hernández, dijo que en su momento dará su versión de la historia sobre su alegada relación con Ayala Vázquez al ser cuestionado por los medios de comunicación antes de su juego con los Mets de Nueva York el pasado miércoles. El pelotero fue descrito durante el juicio como un testaferro del narcotraficante.

 

Alex Figueroa colaboró con esta historia.