Conduce una guagua Toyota Tacoma y anda al acecho de mujeres en la vía pública.

Se trata de un violador en serie, pero su perfil no necesariamente encaja con la imagen del depravado sexual que la industria de entretenimiento ha tratado de proyectar en el cine o la televisión. De hecho, se ajusta más a la realidad de que cualquiera puede ser el victimario.

Las autoridades de la zona policiaca de Caguas investigan tres violaciones que podrían vincularse con el mismo sujeto, quien encuentra a sus víctimas desde las carreteras de esta zona.

Por lo menos dos de ellas fueron atacadas en el área de la PR-30, y posiblemente atacó a otra mujer en la madrugada del 14 de mayo en las inmediaciones de Turabo Gardens, en Caguas.

El Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) no ha podido atar directamente el último caso a los primeros dos, que se registraron en diciembre pasado y marzo de este año, pero los pocos datos que las víctimas sí han podido ofrecer dan a entender que muy bien podría ser el mismo violador.

¿Qué se sabe? Se le describe como un hombre de 5’5” a 5’6”, de tez “blanca”, aunque aparentemente tiene un tono canela. Se refirieron a este como un tipo de “buena apariencia”, que viste bien, algunos dirían que acicalado.

“Estamos investigando el modus operandi de este individuo. Entendemos que es un sujeto sumamente peligroso”, indicó el teniente Elexis Torres Ramos, supervisor del CIC de Caguas.

Una mente criminal

De la investigación se desprende que el sujeto podría estar utilizando la PR-30 con frecuencia, ya que en el primer caso registrado el individuo aparentemente estudió a su víctima hasta cometer el delito.

El sujeto presuntamente puso la mira sobre una corredora de 35 años de edad, a la que violó a eso de las 8:00 a.m. luego de emboscarla en las inmediaciones de una urbanización de Juncos. Este le dijo que la “estaba esperando” antes de atacarla en un pastizal.

“Ella salió de su casa a correr y llega a un área donde esta persona sale de un pastizal y la ataca. Personas que tengan conocimiento pueden comunicarse con nosotros al 787-744-7252, ext. 4408”, indicó la teniente Enid Seguí Tirado, adscrita a la División de Delitos Sexuales de Caguas.

El segundo caso

Otro caso, sin embargo, luce más como un ataque aleatorio. El sujeto atacó a una joven de 18 años de edad que se encontraba varada en la PR-30, en jurisdicción de Gurabo, luego que su carro sufriera desperfectos mecánicos. Era el 31 de marzo, a eso de la 1:00 a.m., cuando el hombre se le acercó a la perjudicada para ofrecerle ayuda. La atacó sexualmente dentro del vehículo de ella.

La víctima dijo que vio en la escena una Toyota Tacoma, aparentemente blanca, la misma que utilizó el sujeto que había atacado a la corredora.

Investigan conexión

Finalmente, otra fémina fue atacada frente a un negocio cercano a Turabo Gardens, en Caguas. La mujer, que caminaba por la calle, fue raptada a la fuerza.

Aparentemente, la víctima perdió el conocimiento y se despertó en un solar baldío con marcas en el muslo y la cadera. De momento, no ha podido identificar el vehículo. Ofreció una descripción de un sujeto “limpio, que no era gordito ni flaco, de tamaño medio”. La teniente Seguí indicó que “ella tiene lapsos de recuerdos; van y vienen”.

Sin boceto del agresor

Las autoridades aún no han podido difundir un boceto del agresor ante el trauma que han sufrido las víctimas. El CIC, por lo tanto, está a la espera de que los especialistas que tratan a las mujeres den el visto bueno para que ellas puedan ofrecer una descripción del violador.

Intenso trauma

Las víctimas de violaciones pasan por una experiencia muy parecida y, en ocasiones, mucho más severa que la de soldados en conflictos bélicos.

Según explicó el psicólogo y terapeuta sexual José Pando, las perjudicadas caen en una especie de estupor en el que la agresión contra su persona continúa después del acto.

“La ofensa sexual se trata de la imposición sin el consentimiento de la mujer. Pero no es un acto sexual. Es un acto de agresión y de imposición sobre todos los principios y valores. El sexo es un medio. En muchas ocasiones, esto se pierde de perspectiva”, sostuvo el especialista, quien conoce de casos en que las mujeres no se acuerdan del rostro del agresor por el fuerte trauma sufrido.

“La mayoría de las mujeres caen en un trance o shock mental. Sienten que (la violación) es un acto que las está destruyendo (de manera continua)” , dijo Pando, ex presidente de la Asociación Puertorriqueña de Educación, Consejería y Terapia Sexual.