Boricua dispersa su genialidad artística en Texas

Por José R. Pagán / Para Primera Hora 07/24/2019 |11:45 p.m.
Luego de su adolescencia, al completar la escuela superior, llegó el inevitable momento en que se decide qué carrera académica se quiere seguir. (Suministrada)  
Gerardo Martín Rodríguez embellece la ciudad de Austin.

Austin, Texas. En la zona sur de la capital texana, en un vecindario que se percibe tranquilo y acogedor, vive un joven boricua de 34 años que ha hecho de su vida una celebración del arte.

Hace casi 15 años que salió de su hogar en Guaynabo buscando las “herramientas” de formación académica que, en su momento, no encontró en la isla, pero se trata del mismo niño que casi todos los fines de semana, cuando visitaba la casa de playa familiar en la costa de Dorado, corría y jugaba hasta terminar con su cuerpo forrado de arena y salitre. Así ha sido la vida de Gerardo Martín Rodríguez.

 
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Este artista puertorriqueño conquista a una ciudad de Texas con su llamativa pasión artística.

El jovencito que no perdía oportunidad de salir a correr patineta y jugar baloncesto con sus vecinos y amigos es hoy día un narrador visual que se nutre de cuanto tiene a su alrededor, lo reinterpreta y lo plasma a través de pinturas, fotografías, ilustraciones, vídeos y diseños en formato digital. Lo mismo trabaja con uno solo de estos formatos o los combina a su antojo, de manera muy orgánica, para crear arte de formas muy ocurrentes.

Se trata también del hijo de un vendedor y una dueña de una tienda de telas, por lo que a menudo viajaba a Nueva York con sus padres a comprar textiles y tejidos. ¿Quién los escogía en ocasiones? Sí, él.

“Recuerdo que me llamaban mucho la atención los colores y las texturas de las telas”, afirma como parte de la conversación que le hizo rememorar prácticamente toda su vida. “Me atrevo a decir que desde pequeño me veían en casa como alguien bien creativo”.

Luego de su adolescencia, al completar la escuela superior, llegó el inevitable momento en que se decide qué carrera académica se quiere seguir. Influenciado por el auge que tuvo para entonces la cinta “Matrix”, con todo un despliegue de efectos especiales, Rodríguez ingresó a la Universidad del Sagrado Corazón para estudiar cine. Sin embargo, al cabo de un año se convenció de que sus aspiraciones distaban un tanto de las oportunidades que visualizaba en su tierra. Preparó maletas y viajó hasta Washington D.C., en esa primera movida que lo convertiría en un ser itinerante.

Una vez obtuvo un grado de bachillerato en producción fílmica, con una concentración menor en diseño gráfico, de la American University, inició el revelador proceso que lo llevaría a autodescubrirse como artista multidisciplinario. En el trayecto vivió dos meses en San Antonio -también en Texas-, estuvo una temporada en Puerto Rico y se radicó luego en Austin, su hogar desde hace seis años.

“Esta ciudad es divertida y hay muchos artistas como yo. Hay mucho talento y gente que te inspira”, dice convencido. “El reto más grande que he enfrentado ha sido interno para descubrir qué tipo de artista soy o en qué tipo de artista me voy a convertir. Por mucho tiempo traté de hacer cosas que a la gente le gustaba, pero luego decidí hacer lo que yo realmente sentía. Entonces ha comenzado a resonar mi arte”.

De primera impresión Rodríguez luce como una persona tímida e introvertida. Habla pausado, en voz baja. Pero basta con mencionar algún aspecto del arte, en especial las que le cautivan, para darse cuenta uno de lo fácil que se hace conversar con él. Tiene mucho para contar sobre la manera en que pasa su vida interpretando el entorno a través de colores, formas y figuras. El fascinante mundo del arte acapara toda su atención y eso se hace evidente tan pronto se pone un pie dentro de su casa, a la que él se refiere como su “galería personal”.

Rodríguez comparte su vida y su espacio con Carly Badke, una joven profesional y también maestra de yoga que, siendo su pareja, lo complementa en más de una forma. Durante el día, mientras ella sale de la casa a laborar, el boricua hace lo propio en la segunda planta de la casa, donde ha creado un híbrido entre oficina, taller de trabajo y almacén. Sus creaciones están dispersas por paredes y esquinas de toda la residencia y llegará el momento en que faltará espacio para ubicar lo nuevo, pues su proceso creativo no se detiene. Casi todos los fines de semana Rodríguez visita mercados de arte para ofrecer al público sus creaciones, que gozan de popularidad entre los seguidores de las plataformas digitales. Su catálogo artístico está disponible en la página web www.grz1985.com y en la cuenta de Instagram @grz1985.

“Cansado mentalmente” de tanta información negativa y frívola que encontraba en las redes sociales, Rodríguez optó hace tiempo por no tener perfiles personales. No le interesa en lo absoluto publicar a dónde va ni qué cenará, pero sí cuenta con perfiles, al menos en Facebook e Instagram, repletos de imágenes y contenido que plasman los resultados de su interminable proceso creativo. “Que mi arte hable por mí”, comenta el joven, quien hace lo posible por visitar la isla dos veces al año y casi a diario habla por teléfono con sus padres, quienes todavía residen en su pueblo natal.

Como es natural en muchos artistas, Rodríguez prefiere que sea su audiencia quien describa su trabajo. Pero cuando se le pide que sea él quien lo haga, resume diciendo que sus creaciones se distinguen por la presencia de “líneas bien definidas” y una paleta de pocos colores, siempre presentes entre ellos el blanco y el negro. Reconoce también que es gracias a la tecnología, a través de aplicaciones de diseño y fotografía, que ha podido llevar su inspiración a otro nivel.

Ciertamente a Rodríguez le vino en los genes la capacidad creativa. Su hermana mayor, María Mercedes, quien reside en California, comenzó una carrera en publicidad y actualmente labora como “copywriter” y traductora. Está casada con el director de cine Juan Agustín Márquez, quien ha realizado los documentales 100,000 (en el que Rodríguez tiene créditos como camarógrafo y co-editor) y The Last Colony. Entonces, la hija de ambos, Mónica, con solo tres años de edad, es la estrella del recién publicado libre bilingüe “The Colorful World of Monica: A Doggie Adventure”, para el que Rodríguez creó ilustraciones digitales sobre las fotos tomadas por Márquez.

Por otro lado, María Mercedes es la mente creativa detrás de “Sweet and Sour”, una línea de tarjetas para obsequiarse en ocasiones especiales y que incluyen mensajes para cuando la vida nos muestra su mejor cara, pero también su lado “amargo”. Y es Rodríguez quien las ilustra. Son todos cómplices a la hora de crear e innovar.  

Austin es la tierra donde nacieron famosos como el ciclista Lance Armstrong, el diseñador de modas Tom Ford, la actriz Dakota Johnson y el actor Ethan Hawke. Es también la ciudad más grande del estado de Texas, donde mucha gente practica el senderismo y el ciclismo, donde abundan las corrientes musicales del “country” y el “blues”, así como la tierra donde aumenta con rapidez la población hispana.

Según datos oficiales divulgados por la web de la ciudad, en 1990 dicha población era inferior al 23%, pero el Censo del 2000 reflejó un 31%. En la actualidad, se estima que un 35% de los residentes de Austin son latinos y entre ellos está Rodríguez, quien sin perder oportunidad, sin prisa pero sin pausa, va dispersando su arte por cada rincón al tiempo que deja rastros del enorme potencial artístico que ha desarrollado con los años aquel jovencito que salió de Guaynabo.

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