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Lejos de casa, pero cerca de nuestro sazón

Por José R. Pagán / Para Primera Hora 07/24/2019 |11:45 p.m.
Rodríguez Mestres ha logrado echar raíces con su arte, que es lo que mejor sabe hacer y lo que más disfruta. (Suministrada)  
Gerardo Martín Rodríguez Mestres, radicado en Texas, no pierde oportunidad de visitar lugares donde sirvan comida puertorriqueña.

Austin, Texas. Es un hecho. Los boricuas tenemos buen diente. Somos nada tímidos a la hora de comer y, en ocasiones, nuestro paladar puede ser muy específico en cuanto al condimento criollo que le gusta. Entonces, eso no tiene por qué cambiar cuando se vive en otra latitud.

Nos consta que en la alacena que comparten Gerardo Martín Rodríguez Mestres y su pareja, Carly Badke, no faltan adobo ni habichuelas enlatadas de una marca boricua. Y en dicha cocina no se desperdicia oportunidad para preparar “mayo-ketchup”. Además, en la barra de la casa hay ron puertorriqueño que se le suele ofrecer a la visita.

 
Un puertorriqueño se las ingenia para saborear mofongo en Austin

¿Cómo mata el antojo lejos de la isla? Gerardo Rodríguez nos lleva a su "food truck" favorito en la nueva edición de "Boricuas en la Luna".

Sin embargo, en este hogar no se cocina todos los días, en parte por que ambos gustan de salir a la ciudad en busca de nuevos sabores y porque Rodríguez se inclina cada vez más por una dieta vegetariana. No quiere decir eso que ambos se priven de un plato de comida boricua, solo que casi siempre lo hacen a minutos de su casa, en un “food truck” llamado El Coquí.

La misma curiosidad que mató al gato, según reza el refrán popular, nos hizo acompañar a la pareja para descubrir cuáles recetas puertorriqueñas se pueden saborear en este rincón de Texas.

Pues sepa que es posible escoger entre variedad de arroces y de carnes, como pernil y bistec encebollado; mofongo, tostones o amarillos; y frituras como alcapurrias, rellenos de papa y pastelillos. Para cerrar con broche de oro hay tembleque. ¿Qué más se puede pedir?

“Estaba como me gusta a mí”, dijo el artista al terminar de comer una combinación de mofongo con pernil. Su cara de felicidad era evidente. Y aunque reconoce que a menudo extraña la comida de su mamá, en especial el arroz guisado con pollo, momentos como este le satisfacen, pues siente que a través de los sabores se acerca un poco a su tierra.

En esta ciudad hay más de un “food truck” boricua, por lo que no se carece de alternativas. Sin embargo, este en particular, que ubica en un lote de esquina al este de la capital tejana, suele ser el favorito de Rodríguez. “Vámonos ahora a comer mantecado”, agregó el joven respirando hondo mientras se alejaba de la mesa.

“Nadie me puede quitar que soy puertorriqueño”

Rodríguez Mestres ha logrado echar raíces con su arte, que es lo que mejor sabe hacer y lo que más disfruta. Aunque no conoce todavía a tantos compatriotas siente empatía hacia los otros puertorriqueños que, como él, han escogido la capital texana para formar un nuevo hogar.

El pintor, fotógrafo, videógrafo e ilustrador ha vivido en más de una ocasión la experiencia de tener que hablar de la isla ante preguntas de quienes nunca la han visitado. ¿Qué les dice acerca de Borinquen?

“Hablo más con mi arte que con la palabra, pero cuando me conocen un poco más y se enteran de que soy puertorriqueño me preguntan al respecto. A todos les digo que tenemos las mejores playas y las mejores comidas, pero también que los boricuas, en donde sea que estemos, luchamos por lo que queremos y nos mantenemos positivos en las buenas y en las malas”, comenta.

Además del amplio cúmulo de recuerdos y vivencias que anclados en su memoria le hacen recordar a su isla, Rodríguez tiene entre sus pertenencias dos objetos que atesora como una muestra de identidad cultural y apego a la tierra donde nació. Una de ellas es una foto que tomó su primo, Raúl López, de El Morro y sobre la cual él agregó en formato digital uno de sus amigables monstruos. La otra es la bandera nacional y en más de una ocasión ha salido de su casa con ella para mostrarla en donde va.

Para Rodríguez Mestres no es ajena la frase de “un boricua en la luna” y confiesa que se identifica con ella, independientemente del contexto que cada persona pueda darle. Para efectos de este escrito, y con la intención de poner en evidencia su forma de pensar, le pedimos que compartiera lo que para él significa dicha construcción gramatical.

“Para mí tiene que ver con hacer lo que te apasiona y no darte por vencido, aunque tengas momentos malos. Eso te puede llevar lejos en tu carrera, pero también lejos físicamente. Donde sea que estés, si eres feliz, nadie te puede quitar de dónde tú eres. Y así me siento yo”, explica en tono pausado pero firme.

“Estoy orgulloso de donde soy y aunque esté lejos (de mi isla) nadie me puede quitar que soy puertorriqueño”, enfatiza.

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