¿Arte o historia escondida? El RUM abre una discusión nunca vista sobre los indígenas
El Museo del recinto propone una nueva forma de ver los artefactos precolombinos de Puerto Rico.
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Mayagüez. ¿Eran artistas nuestros ancestros indígenas? Las vasijas, cerámicas, petroglifos y tallados que dejaron, ¿fueron creados a través de un lente estético?
Este interrogante, entre otros planteamientos desde perspectivas artísticas y científicas, es lo que explorará el Museo de Arte del RUM (MUSA), en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la Universidad de Puerto Rico (UPR), tras recibir una subvención de $603,000 de la organización sin fines de lucro Fundación Mellon para la exhibición permanente de una colección de más de 50,000 artefactos indígenas.
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“En mi conocimiento, yo no recuerdo una investigación o un proyecto que analice los objetos de nuestros antepasados desde una mirada artística. Sé que ha habido ponencias y simposios de estudiantes que han tratado de comenzar ese análisis y ellos mismos han expresado que se les ha hecho muy difícil”, subrayó el director del MUSA, Donald Carlos Escudero Rivera, en entrevista con Primera Hora al celebrar que el MUSA “sería el primer museo de arte que va a exhibir” artefactos indígenas.
“Los otros museos son centros humanísticos, el Museo de Historia, Antropología es un museo multidisciplinario, pero este es un museo que nace como una institución de arte. Estoy muy a la expectativa de qué tienen que aportar especialistas en la historia del arte y cómo eso se contrapone, dialoga o aporta con un análisis de un geólogo, por ejemplo. Eso, creo, que nunca se ha hecho. La arqueología en Puerto Rico, el conocimiento que se ha generado se ha condensado desde una visión, desde un paradigma antropológico, no artístico. Así que, la interpretación de las colecciones desde una mirada de la historia del arte tiene mucho que aportar, toda vez que la producción del conocimiento que se ha hecho no miran a ese lado”, continuó.
Con este incentivo, se comenzará la “primera fase” para proteger y exhibir la extensa Colección Irizarry donada en el 2023 por la familia del arqueólogo José Efraín “Tatito” Irizarry Avilés.
Las piezas varían entre cerámicas, piedras, conchas de caracoles, osamentas humanas y un enterramiento indígena, cuyo ADN se investigará, de las culturas saladoide, ostionoide y taína. Particularmente, la colección se destaca por incluir cerámica de la cultura taína.
“Es un poco extraño que sobrevivan piezas en cerámica de la cultura taína, porque la mayoría que ha sobrevivido ha sido en piedra. Así que, esta colección se diferencia de otras colecciones, porque hay presencia de cerámica taína”, resaltó el director.
Además, al ubicarse dentro del RUM, el MUSA también goza de recursos científicos que podrán fortalecer la investigación y el conocimiento de quienes primero habitaron en este archipiélago.
“Le puedo decir que es fascinante y es fascinante que esté aquí, porque a diferencia de otros museos que son especializados en sus materias, nosotros tenemos la oportunidad y tenemos el recurso humano también para poder interpretar esta colección desde diferentes áreas del saber, desde la ingeniería de materiales, desde la geología, …también tenemos departamento de física. Todas estas áreas del saber pueden aportar desde la instrumentalización, desde microscopios y diferentes instrumentos, a revelar datos de la colección”, comentó.
Cómo todo comenzó
El exrector del RUM, Agustín Rullán Toro, le encargó a Escudero Rivera desarrollar la Colección Irizarry en 2024.
Por lo tanto, el museólogo se dio a la tarea de proponerle a la Fundación Mellon a que aportaran con la asistencia económica para así desarrollar esta colección. Recibió la luz verde un año después.
Mientras tanto, el MUSA comenzó a catalogar los miles de piezas que dejó “Tatito”, pues se le donó al museo un tarjetero con información de dónde encontró cada pieza y fotos en su propio intento de catalogación.
“Comenzamos a estudiar lo que nos hacía falta para dar respuesta a preguntas que no sabíamos, por ejemplo, la cantidad de piezas que hay en la colección, la cantidad de culturas y una serie de datos que no tenemos a la mano”, relató Escudero Rivera.
¿Y ahora qué?
Hay mucho trabajo que hacer, por lo que se han dividido las labores en dos fases: planificación e implementación.
La subvención sufraga la fase de planificación, en la que se hará registro de la totalidad de las piezas, haciendo de esta etapa “el proceso más exhaustivo con investigadores y expertos”.
“Hay que hacer como un ‘match’, una vinculación de esas fuentes para entonces eventualmente catalogar las piezas. En el registro de la faceta de planificación, lo que vamos es medir, tomar fotografías, adjudicar números de registro, pero ya en una fase de catalogación, se va a empezar a correlacionar diferentes fuentes para dar más contexto de las piezas”, explicó.
También se compilará una biblioteca especializada, se adquirirán materiales de conservación y se evaluará el edificio donde se expondrán estos artefactos para analizar iluminación, temperatura y humedad de la estructura histórica. Estos estudios permitirán definir parámetros para asegurar la preservación a largo plazo y proyectar futuras necesidades de infraestructura, equipos y materiales.
Igualmente, se estudiará el área en que se establecerían las vitrinas de la exhibición permanente y donde se almacenen aquellos fragmentos que no se exhibirán.
“Estos son los cuatro pilares: el registro, el acopio de la biblioteca especializada, la compra de materiales de conservación y el evalúo de la estructura”, detalló.
Mientras tanto, los artefactos se mantendrán “almacenados de forma segura”.
En año y medio, Escudero Rivera espera completar el 80% del proyecto. Así, podrá entablar una segunda fase de financiamiento con la Fundación Mellon.
El equipo contará con especialistas en arqueología y manejo de colecciones, un gestor de colecciones, tres técnicos de registro, un coordinador de proyecto y dos estudiantes a jornal, todos bajo la dirección de Escudero Rivera.
Adicional al equipo de trabajo, tres expertos arqueólogos, los doctores Ivonne M. Narganes Storde, Soraya Serra Collazo y Reniel Rodríguez Ramos, se reunirán tres veces por semestre para asesorar en la continuidad del proyecto.
El rol del museo
Desde 1955, “Tatito” comenzó a crear esta colección, más de 30 años antes de la creación de la Ley del Consejo para la Protección del Patrimonio Arqueológico Terrestre de Puerto Rico, que establece que los artefactos son propiedad del pueblo y el Estado controla su manejo.
En su intento de conservar, sin embargo, “Tatito” hizo esfuerzos para restaurar algunas piezas, que ahora con la implementación de la ley, podría interpretarse como destrucción de un bien público.
Empero, al ser donada al museo la colección, se asegura la protección permanente y para la posteridad.
“A veces la gente se cuestiona por qué los museos controlamos la información o controlamos el acceso y es porque todos estos ejemplares de nuestros antepasados, de alguna manera, cargan con una historia. Es como el eslabón perdido de muchas historias. Cuando llega a manos inescrupulosas estos objetos se exponen a diferentes escenarios prohibidos por ley, como es la venta”, dijo Escudero Rivera.
“Los museos mantenemos una práctica aceptada a nivel yo diría global en donde no aceptamos o tenemos mucha cautela en aceptar donaciones de arqueológicos de los cuales no podemos trazar su procedencia. Por ejemplo, en nuestra política de colecciones claramente expresamos que el recinto y el museo no vamos a aceptar piezas que tengamos conocimiento que hayan sido parte de un expolio, robo, saqueo, etcétera”, agregó.


