Bomberos llevan alegría a los niños de El Prado

El residencial El Prado, en Río Piedras, se llenó hoy de gritos y risas.

 Los niños de la comunidad brincaban, gritaban y soltaban una que otra carcajada, mientras personal del Cuerpo de Bomberos los observaba cómo disfrutaban del rocío que soltaba un distintivo camión rojo de la agencia.

“Está fría”, gritaban los niños, mientras usaban los gorros de Bomberos que les habían obsequiado para echarse agua entre unos y otro o para lanzarla al aire.

Esta invasión de los Bomberos a El Prado surge a un mes de que la comunidad sufriera un duro golpe: seis miembros de una familia fallecieron y sólo una niña sobrevivió a un accidente de tráfico reportado cuando se disponían a cruzar el expreso de Trujillo Alto.

Todavía los bomberos Luis Gómez y Cesar Ocasio, los primeros de esta agencia en llegar a la escena, recuerdan ese accidente con tristeza.

“Nunca había visto tanto niño (muerto). Fue impresionante”, precisó Ocasio.

Hoy, sin embargo, estos bomberos no fueron a atender tragedias ni a apagar un fuego. “Estamos aquí para traerle paz, para que puedan ver que el trabajo que nosotros es bueno y cuando sean grandes quieran ser bomberos”, añadió Gómez.

Los niños fueron recibidos por música de rap del inspector José Ayala Sulivan, en la que se tocaba el tema del fuego y las reacciones al mismo o la importancia de usar el asiento protector, entre otros temas. También entraron a la “casa de humo”, donde compartieron con Sparky, el perro bombero, y aprendieron a reaccionar ante la eventualidad de un incendio.

“Luego de que sucedió el accidente, nos hemos dado a la tarea de aportar un granito de arena con orientación al estilo rap. La misión es traerle alegría a estos niños y ayudar a borrar ese momento dramático de aquel día”, afirmó el teniente Carlos Meléndez Vega, quien organizó el evento.

Aunque la actividad trajo mucha alegría a la comunidad, la líder comunitaria, Carmen Berríos, lamentó que antes del accidente las agencias gubernamentales no se hayan acordado de que existían. “Lamentablemente, después del accidente es que se han dado cuenta de nosotros, después de la tragedia somos el ojo público”, afirmó.

Berríos señaló, además, de que a un mes del accidente, la vida comunitaria ha regresado a su normalidad.

“El ánimo está tranquilo. Ya la gente está sellando esas heridas. Ya no se habla del tema, la gente sale a la calle”, precisó la mujer, quien también disfrutó con los niños del chorro de agua que les lanzaba el camión de los Bomberos.

Recrearán escena del accidente

Esta escena de felicidad en la comunidad se da un día antes de que la Policía de Puerto Rico regrese al lugar donde ocurrió el accidente fatal para recrear la escena.

 En comunicado de prensa, el superintendente de la Policía, Héctor Pesquera, explicó que “el Departamento de Justicia junto a la Policía de Puerto Rico, estarán recreando la escena del accidente que cobró la vida de seis personas frente al Residencial El Prado, para fines investigativos y judiciales”.

Este proceso comenzará a las 10:00 a.m., por la que varias carreteras estarán cerradas al tránsito. Estas son la carretera PR-181 en dirección de Trujillo Alto a San Juan y se desviará el tránsito por la salida previa al elevado. También, se cerrará la calle Julio Andino y la carretera PR-17, por lo que se desviará el tránsito de esa área por el Ramal 8 o el puente Teodoro Moscoso.

Este accidente fatal ocurrió el pasado 1 de febrero, cuando unos ocupantes de un auto Toyota Camry, el cual había sido reportado como hurtado continuaron su marcha a toda prisa y subieron sobre una isleta del expreso Trujillo Alto, donde se encontraban dos mujeres y un grupo de niños. Los pasajeros del auto huyeron a pie de la escena.

 Esta tragedia cobró la vida de Laura Vivas Rodríguez, de 73 años; una de sus nietas Raiza Calderón García, de 21; y sus bisnietos: Génesis Saldaña García, de 9; Anthony Saldaña García, de 7; Laura Montalvo Calderón, de 3; y Amanda Calderón, de 10 meses.

Yaisa Montalvo Calderón, de 5 años e hija de Raiza, fue la única sobreviviente.

Por estos hechos, Jonathan Soto Bonilla, de 22 años, alias 787, fue acusado esta semana por seis cargos de homicidio negligente, dos por el delito de lesión negligente, tres infracciones a los artículos de la Ley de Tránsito por provocar un accidente, abandonar la escena, conducir sin licencia y por la posesión de un vehículo hurtado. Le impusieron una fianza de $1.6 millones, la cual no pudo pagar, por lo que se encuentra preso en la cárcel regional de Bayamón.