Anualmente, cerca de 300 puertorriqueños cifran sus esperanzas de una mejor calidad de vida en la cirugía bariátrica. Sólo tres cirujanos la practican en dos hospitales de Puerto Rico.

Al parecer, atrás han quedado los temores de muerte y de serias complicaciones provocados por el fallecimiento de Sonia Ivette Rodríguez Flores, la mujer policía que murió en el 2004 tras someterse a una intervención en el programa de bariatría del Hospital Municipal de San Juan.

Hoy, el panorama es distinto.

Tres años después las técnicas han avanzado. Han surgido nuevas cirugías para combatir la obesidad y ya no se requiere, necesariamente, de una incisión abierta para poder controlar un problema que está afectando a gran parte de la población.

“En Puerto Rico se empezó a realizar la cirugía bariátrica alrededor del 2000 y en ocho años ha crecido en términos de lo que se le ofrece al paciente”, explicó a PRIMERA HORA la cirujana bariátrica Ana Teresa Santos Quiñones.

“Las técnicas quirúrgicas han ido evolucionando y perfeccionándose, y la mayoría de los cambios han sido en cuanto a la invasión del procedimiento”, señaló, por su parte, el médico bariatra José Aurelio Dávila.

Ahora los procedimientos no requieren necesariamento de una incisión en el abdomen.

Estos avances los complementa el ofrecimiento de un plan de servicios multidisciplinarios previo a la intervención que incluye evaluaciones por neumólogos, nutricionistas, internistas, psiquiatras y grupos de apoyo, lo que ayuda también a disminuir el riesgo.

Ocho de cada 10 pacientes que se operan se mantienen en su peso saludable cinco años después, siempre que sigan un tratamiento posoperatorio, según los especialistas.

“Es una enfermedad que es muy prevalente en la Isla... y la única alternativa permanente al problema de obesidad mórbida es una cirugía en la que se ayuda al paciente a lograr su peso saludable y a controlar las enfermedades relacionadas”, indicó la doctora Santos, que realiza sus intervenciones en el Hospital Menonita de Cayey, una de las dos instituciones donde se realizan estas operaciones.

El Hospital de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Carolina es la otra institución. Mientras, sólo tres cirujanos están adiestrados para hacer estas operaciones.

Según estadísticas, sólo el cinco por ciento de las personas con 100 libras o más de sobrepeso tienen posibilidades de rebajar por sí solas. Para el resto, la única alternativa es la cirugía bariátrica, lo que la hace muy popular.

¿Qué es lo nuevo?

La doctora, que cada año realiza entre 125 y 150 operaciones, explicó que desde hace dos años hay una nueva alternativa: la banda ajustable.

Se trata de una operación reversible que se realiza sin la necesidad de una incisión abierta, a través de laparoscopia. Ésta es la segunda alternativa que le ofrecen al paciente en el Instituto para el Control de Obesidad.

Contrario al bypass gástrico, esta opción es recomendada sólo para pacientes con no más de 100 libras de sobrepeso y para aquellas personas que por ser jóvenes o no tener aún familia prefieren descartar una operación con riesgos mayores a la salud.

Santos explicó que la cirugía consiste en colocar una banda alrededor del estómago para reducir significativamente su tamaño y así lograr que la persona consuma menos alimentos.

Dávila indicó que no favorece la utilización de la banda.

Entre sus ventajas, señaló Santos, figuran que es ajustable, por lo que el cirujano periódicamente puede apretarla, y que es un procedimiento reversible. El desvío, o bypass, es permanente.

Sin embargo, la banda también tiene sus desventajas. Además de que es un procedimiento para el que no cualifican todos los pacientes, no puede ponerle fin o controlar algunas de las condiciones médicas que trae consigo la obesidad mórbida, como la diabetes, la alta presión, el colesterol alto y la apnea del sueño.

En el bypass gástrico, que también se puede hacer a través de laparoscopia, hay que cortar el estómago, conectarlo al intestino delgado y coser. Ese corte provoca unos cambios hormonales que permiten el control o desaparición de estas condiciones.

El 90% de los pacientes que padecen de apnea del sueño se cura de la condición después de someterse al bypass, indicó la cirujana. Lo mismo ocurre con el 85% de los pacientes con diabetes y el 75% de los que sufren de alta presión.

Otros beneficios del bypass son que al requerir una incisión abierta, algunas cubiertas de planes médicos privados y el Fondo de Enfermedades Catastróficas lo cubren. La banda ajustable no la paga ninguna aseguradora.

Ambos procedimientos fluctúan entre $15 mil y $21 mil, sin incluir el cuidado médico previo a la operación.

“Ambas operaciones son muy efectivas. Todo depende del paciente y de lo que éste realmente necesite”, dijo la doctora Santos, quien antes de trabajar en la Isla realizó cirugías bariátricas en Chicago.

Escaso el riesgo

Las complicaciones y riesgos de muerte en este tipo de intervenciones oscilan por debajo del uno por ciento, coincidieron ambos especialistas.

En la Isla el índice de mortalidad sobrepasó el 5% cuando el programa de bariatría del Hospital Municipal de San Juan estuvo abierto.

El bajo porcentaje actual se debe a los avances médicos, que hacen que el proceso de recuperación se haya convertido en menos complicado y doloroso.

Los pacientes con obesidad mórbida corren el mismo riesgo de complicaciones que al someterse a cualquier operación que requiera anestesia general: embolia pulmonar, coágulos, infecciones y ataques al corazón.

“Ésta es una cirugía que debe ser planificada y preparado el paciente antes de llevarlo al viaje”, señaló Dávila.