En una finca privada en las montañas de Utuado se desarrolla un proyecto que combina la naturaleza y la literatura con el fin de proteger el medioambiente, pero al mismo tiempo, ofrece a la gente una oportunidad de ser parte de esa iniciativa dejando su huella a través de un árbol.

Se trata de la Reserva Natural Cuentos Verdes, un proyecto que, según relató Andrea Afanador, tiene sus raíces en la publicación del libro Achú, Achú Pirulo, “un cuento infantil con un mensaje educativo de la conexión de la naturaleza”.

El proyecto fue creciendo y evolucionando con el tiempo, más allá de la literatura infantil, hasta llegar a lo que es hoy, “una reserva natural catalogado como bosque auxiliar, aquí en Utuado”, que en estos momentos “está en proceso de reforestación y se está preparando para recibir experiencias” y demás.

“Esta evolución refleja el propósito principal de Cuentos Verdes, que además de educar, es concientizar, proteger, integrando lo que es la literatura con la educación ambiental”, sostuvo Afanador.

Andrea Afanador
Andrea Afanador (Suministrada)

En sus inicios, agregó Pamy Rojas, fundadora de Cuentos Verdes, mientras iba a dar charlas educativas en las escuelas notaba que se daba la situación de los niños y niñas “están tan expuestos a la información de cómo está el planeta, que le están teniendo miedo”, desarrollando lo que se conoce como ecofobia, así que “teníamos esa inquietud y ese deseo de que cada vez necesitamos más, el ser humano necesita más conectar con la naturaleza. No solamente los niños y las niñas, nosotros también pues estamos inmersos en la tecnología, en el teléfono, en el trabajo, y queríamos que el proyecto fuera más allá de la palabra escrita. O sea, queríamos convertirlo en acción”.

Con la compra del libro ¡En vivo y a todo color! –disponible en español e inglés–, el consumidor podrá nombrar un árbol en la Reserva Natural Cuentos Verdes, en Utuado.
Con la compra del libro ¡En vivo y a todo color! –disponible en español e inglés–, el consumidor podrá nombrar un árbol en la Reserva Natural Cuentos Verdes, en Utuado. (Suministrada)

“Era importante que evolucionáramos para ofrecer ese espacio natural, y que los visitantes pudieran desconectarse de las pantallas y conectarse con la tierra. Y pues también era nuestro deseo compartir con otros nuestro amor por los libros y la naturaleza, esa combinación de ambos”, afirmó Rojas.

Y así llegaron a la reserva del bosque auxiliar, “un bosque privado, que somos parte de las áreas protegidas del Departamento de Recursos Naturales (y Ambientales, DRNA) bajo el Programa de Forest Legacy (Legado Forestal)”.

“Esta finca en específico tiene una importancia para conservarla, porque está localizada en la cuenca del Río Grande de Arecibo y al sur del Embalse Dos Bocas. O sea, que al nosotros proteger esta finca, estamos también protegiendo el recurso agua, y obviamente también al reforestar”, sostuvo Afanador.

Cuentos Verdes
Cuentos Verdes (Suministrada)

Y no menos importante, “estamos cerca del aviario de Utuado, de Río Abajo, y nosotros estamos sembrando especies que le sirven de alimento y hábitat a la cotorra (puertorriqueña)”, una especie endémica de Puerto Rico que estuvo al borde de la extinción y hoy día continúa recuperando sus números poco a poco.

“Ojalá, para nosotros sería un sueño hecho realidad que la cotorra llegue hasta acá. A nosotros nos encantaría. Esa es la meta. Estamos trabajando para eso. Estamos reforestando, sembrando especies como el maricao y la palma de sierra que atraen a la cotorra”, agregó Rojas.

El lugar cuenta con labor voluntaria.
El lugar cuenta con labor voluntaria. (Suministrada)

Nombra un arbolito

Además del proceso activo de reforestación que se está llevando a cabo en Cuentos Verdes, la reserva también tiene una iniciativa a través de las redes sociales que, “con la compra de un libro de nuestra página las personas tienen la oportunidad de nombrar un arbolito en la reserva. Y cada persona que adquiere uno de estos libros, pues vas a tener un arbolito allí. Y además de eso, se le envía fotos del árbol, su ubicación, y toda la información relacionada al árbol. Y esto es con la meta de que, en algún momento, cuando la reserva esté abierta, las personas puedan visitar y puedan ver su arbolito que, aunque va a ser pequeño ahora mismo, en algún momento estará grande”.

Muchas personas se han visto atraídas al proyecto para nombrar un arbolito.
Muchas personas se han visto atraídas al proyecto para nombrar un arbolito. (Suministrada)

De esa manera, agregó la joven en tono emocionado, “la reserva no es solo un espacio físico, sino un lugar donde se están creando historias, historias de palabras, de familia, porque realmente hay historias aquí que los papás le están comprando los arbolitos a sus hijos, nietos que se lo están regalando a sus abuelitos. Así que es una conexión bien linda con la naturaleza, y una manera también, no tan solo para los niños, sino para todas las edades, de crear una conciencia, concientizar de una forma diferente, logrando que las personas se involucren, no tan solo los niños, sino ya una comunidad completa. Y con esa dinámica del libro, las personas realmente se están interesando en proteger el ambiente”.

A propósito de esa iniciativa, Rojas no quiso dejar pasar la oportunidad para resaltar el significado especial que ha tenido para algunas personas. Comentó que recibieron una carta de agradecimiento en la que una persona les comentó que ella siempre había querido tener un árbol y no tenía el espacio, y ahora tenía un árbol con su nombre.

“Y ella también quiso honrar a su mamá, que se murió, y voy a citarla, ella en la carta me dice: ‘ella estaría feliz de tener un árbol, lo merece’. Entonces, cuando nosotros recibimos esto, pues se nos llena el corazón. O sea, estamos creando, le estamos dando la oportunidad a las personas a tener ese sentido de pertenencia”, agregó.

También tienen otras historias de personas, algunos que viven en la Isla, y otros en la diáspora, como un nieto que vive fuera de Puerto Rico y quiso dedicar los árboles a sus abuelos, o una abuelita que tiene los nietecitos fuera de Puerto Rico y quiere que los tengan aquí un árbol nombrado.

“Ha sido una experiencia bien bonita, de verdad, que nos llena el corazón”, insistió Rojas, refiriéndose a los ya cerca de 200 árboles con nombre que se han plantado allí.

Cuentos Verdes
Cuentos Verdes (Suministrada)

Cabe resaltar que, dentro de esta iniciativa hay disponibles libros para todas las edades, desde niños pequeños, hasta adolescentes y adultos.

Por otro lado, la reserva se ha convertido también en un espacio de trabajo para un variado grupo de personas.

“En la finca tenemos contratados a cinco estudiantes de agroforestería de la Universidad (de Puerto Rico) de Utuado, y a otras personas de la comunidad. Y para ellas y para ellos es un laboratorio y una práctica trabajar en la finca. Y para nosotros también. Aprendemos mucho de ellos, porque pues somos muchas generaciones diferentes, y es un aprendizaje constante, y cada cual aporta. Es una experiencia hermosa”, aseveró Rojas.

Todo el trabajo de reforestación y mantenimiento de la finca se hace con prácticas de agroforestería, sin uso de pesticidas u otros químicos, “todo natural, a mano, para proteger y que todo crezca mejor”.

La siembra de árboles se enfoca principalmente en árboles endémicos como la palma de sierra, nuestro de maga, el ausubo, el moralón, el ortegón, el capa prieto, y otros “árboles de madera noble que fueron exportados durante la colonización y nosotros queremos que Puerto Rico vuelva a tener por lo menos esos árboles”.

Para finales de este año la inauguración

Por ahora, la reserva está en un proceso de construcción, de un espacio relativamente pequeño, “porque no queremos impactar mucho el área”, y esperan que, para finales de este año 2026, si así lo permiten las condiciones de tiempo, “poder inaugurar la reserva y abrirla al público, y empezar a ofrecer las experiencias y las actividades educativas, y pues que las personas puedan venir a conocer su arbolito”.

“Esto lo hacemos con pasión, por el amor que le tenemos no solamente a la literatura sino también a la naturaleza, y el legado que queremos dejar en Puerto Rico. Es algo que le dejamos a nuestros hijos y a nuestros nietos”, insistió Rojas, dejando sentir un evidente orgullo por lo que están logrando en la reserva.

Aprovechó para recomendar unos libros para “motivar a otros y que puedan conocer otras formas de la naturaleza y cómo relacionarnos con ella”. Mencionó Una trenza de hierba sagrada, de Robin Wall Kimmerer; El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono; y La vida secreta de los árboles, de Peter Wohlleben.

Por último, si acaso le llamó la atención la idea de que también haya un árbol en Cuentos Verdes con su nombre, o el de alguna persona querida, sepa que en la reserva “tenemos muchos arbolitos que están esperando por un nombre”.

Para conocer más de la Reserva Natural Cuentos Verdes y su labor e iniciativas, puede visitar su página oficial https://cuentos-verdes.com/, o sus páginas en las redes sociales de Instagram y Facebook bajo “Cuentos Verdes”.