Dueños de un tiempo comprado

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 19 años.
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Aunque el derecho a las vacaciones en un resort lujoso no está contemplado en la Carta de Derechos de la Constitución del ELA, lo cierto es que el estrés cotidiano puede llegar a fundir a cualquiera si no se desconecta de la realidad cada cierto tiempo.
Son muchas las personas que planifican sus vacaciones de año en año y es el presupuesto lo que determina el destino, los días y las actividades. Hay quienes buscan de la aventura para liberar la adrenalina, los que esperan sus días libres para añadirle cultura al intelecto con visitas a museos y ruinas arqueológicas, y están los que no hay quien les quite de la mente que una habitación con vista al mar rodeada de las comodidades que no tienen en la casa es una réplica del mismo paraíso.
Esto último es lo que muchas veces ofrecen los llamados programas de tiempo compartido, más conocidos por su nombre en inglés time-share. El concepto se originó en Europa en los años 60 cuando el desarrollador de un resort en los Alpes franceses comercializó su hospedaje diciéndoles a sus clientes que dejaran de alquilar una habitación y, en su lugar, compraran el hotel.
Pero no es tan así.
Con el time-share el cliente paga una cantidad determinada de dinero inicial -generalmente miles de dólares- para disponer de una o varias semanas al año de una habitación, villa, residencia o hasta embarcación en un complejo vacacional durante un número de años o de por vida. Anualmente, además, el dueño de ese tiempo tiene que pagar una cuota de mantenimiento que puede estar en los $500 y que puede pasar de $1,000, además de que aumentará según suben los costos de vida.
El método agresivo de la venta de time-share, que a muchos les parece más bien un entrampamiento, ha desprestigiado un concepto que, para alguna gente, puede funcionar.
Muchas empresas que se dedican a vender este tipo de producto tienen complejos en diversas partes del mundo o están afiliados a otras compañías y les ofrecen a los clientes la oportunidad de intercambiar destinos para que el viajero no tenga que pasar sus vacaciones en el mismo lugar año tras año.
Alejandra Padín, directora de ventas y mercadeo de Aquarius Vacation Club, está convencida de las bondades del producto que vende que, según ella, le permite al cliente “hospedarse en una presidential suite al precio de un parador”.
¿Cómo funciona?
La idea del tiempo compartido es bastante sencilla: es como si un grupo de personas se dividiera el costo de una “casa” para vacacionar y cada uno tiene el derecho de usarla cierto tiempo al año que puede ser flotante –en cualquier semana disponible del año- o fijo para las personas que gustan tomar sus vacaciones en la misma fecha.
En la práctica, el año se divide en semanas y cada comprador disfruta sus siete días y siete noches siempre y cuando haya reservado con tiempo para asegurar que el espacio está disponible y tenga al día la cuota anual por concepto de mantenimiento.
Aunque podría parecer que sólo un grupo muy selecto estaría interesado en un ofrecimiento vacacional de este tipo, para Padín los posibles clientes de un time- share son todas aquellas personas para las que las vacaciones son importantes. Y el lujo también.
Uno de los atractivos que más destacan las empresas que venden este tipo de vacaciones es el lujo de sus hospederías y las dimensiones del espacio. Mientras que una habitación de hotel típica acomoda a dos personas, las villas de los time- share, que en el caso del Aquarius Vacation Club son de 1,200 pies cuadrados, acomodan a diez. Quizás ésta sea la razón por la que familias numerosas se dejan tentar; tienen la expectativa de contar con un espacio al que pueden acudir cada año sin la preocupación de calcular un nuevo presupuesto. Claro, esto siempre y cuando se hospeden en el resort que contrataron en el país en el que viven.
Precisamente para no amarrarse a un complejo vacacional que para disfrutarlo haya que tomar un aéreo, Padín recomienda adquirir el tiempo compartido en Puerto Rico con una compañía que opere en el país. “Así, si la persona en algún año no tiene presupuesto para viajar, disfruta sus vacaciones en la villa” analizó . Además, aseguró que “si ya está pago, lo vas a usar”.
Venta agresiva
Son muchas las personas que reciben llamadas telefónicas para informarles que son los ganadores de un premio que para ser redimido, hay que comprometerse a participar de una charla. Ése ha sido uno de los ganchos más exitosos para atraer compradores de time-share. Y también uno que se presta para engaños.
El ofrecimiento no parece ilegal, pero el uso desmedido de esta forma de mercadeo por parte de empresas de dudosa reputación ha contribuido a ver con malos ojos la venta de clubes vacacionales. De hecho, el año pasado el Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO) advirtió que estaba prohibido utilizar como truco la promoción de un concurso con el objetivo de que el aparente ganador compareciera a una conferencia relacionada con la venta o promoción de un programa de time-sharing.
“Hay gente que piensa que todos los time-shares son unos tramposos”, admite la directora de ventas de Aquarius, quien afirmó que las empresas que no tienen nada que esconder muestran sus ofertas en blanco y negro. Por esto aconsejó que el que quiera comprar se asegure de que la companía tenga licencia, esté registrada y que “dé la cara”.

