Juana Díaz.- Un cielo consistentemente gris y varios periodos de copiosa lluvia en la cálida Juana Díaz no fueron impedimentos para que miles de niños, jóvenes, adultos y ancianos asistieran –por fervor o curiosidad- a la edición 126 de la Fiesta de Reyes.

Desde temprano en la mañana de ayer, la plaza pública juanadina tomó vida con la exposición de artesanía puertorriqueña y música navideña cristiana.

Sombrillas y sillas en mano, se pasearon por allí familias completas, de diversos puntos de la Isla y del exterior, a quienes la lluvia tocó por momentos.

No obstante, el desfile de pastores transcurrió con normalidad y la llegada de Gaspar, Melchor y Baltasar dejó sin habla a más de un niño; otros gritaron de emoción y sonrieron con verdadero gozo.

La fe también la proyectaron los que más han vivido.

“Estoy muy contento, es la magia de los Reyes”, comentó el rey Melchor a su paso a caballo entre la gente.

El obispo Eusebio Ramos Morales, de la Diócesis de Fajardo-Humacao, presidió la misa e hizo un llamado a que “ante la ola de desasosiego no permitamos que se resquebraje nuestra dignidad. Hagamos la opción de un Puerto Rico mejor, por nuestros niños”.

El padre José Lozano, párroco de Juana Díaz, expresó sentirse satisfecho con la participación en esta fiesta de Reyes.

“La participación siempre es extraordinaria y la cooperación de la gente es estupenda. Es una fiesta de 126 años de celebración que está en el corazón de todos los juanadinos y los Reyes Magos están en el corazón de todo Puerto Rico”, expresó a Primera Hora Lozano.

El alcalde de Juana Díaz, Ramón Hernández Torres, participó del desfile vestido de pastor, como es su costumbre.

Iba acompañado de las reinas infantiles de su municipio, así como de otros menores.

“A pesar de la situación económica, la gente ha apoyado esta actividad”, dijo el Alcalde refiriéndose a la tradición.

Héctor Santiago, de 26 años e integrante de la Tropa 104 de Juana Díaz que participó en el desfile portando banderas, comentó que “ha habido una buena participación y el clima nublado contribuyó a eso”.

El momento más aplaudido fue la adoración del Niño Jesús, a quien el rey Melchor cargó y presentó ante el público, que se manifestó vigorosamente ante la Epifanía.

Tras la misa, continuó la fiesta con música en vivo.