En busca de su canonización

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 16 años.
PUBLICIDAD
Las Siervas de María, en su convento de Arecibo, aprovechan cualquier oportunidad para recordar la misión que tienen con la causa de la canonización de la Madre Soledad Sanjurjo Santos, a quien destacan por su liderato y su capacidad de servir.
“En esa época en que la mayoría de las mujeres no tenían preparación académica, ella era una mujer muy educada y quiso llevar eso al Instituto. Ella fue la primera que buscó la forma que nosotras estudiáramos enfermería profesional y que las hermanas se prepararan lo mejor posible para el servicio”, destacó sor Zoraida Burgos, madre superiora del convento en Arecibo.
La vida de Madre Soledad inspira a las religiosas más jóvenes en el convento, como sor Tamara Cruz, quien ha disfrutado al leer alguna de la correspondencia de la madre Soledad y ha quedado admirada por la valentía y fe mostrada por la monja en momentos de dificultad, según comentó.
“Hay una carta que ella envía cuando ocurre la Revolución en Cuba y dice que están encerradas, que escuchan algunos tiros todavía, que se alimentan con lo que queda en la alacena, pero dice que todo está bien y que Dios proveerá”, mencionó sor Tamara.
Madre Soledad fue nombrada Superiora Provincial de las Antillas y así se convirtió en la primera puertorriqueña y primera no española en ocupar ese puesto.
“Su superiorato provincial ocurre en uno de los momentos más convulsos de la historia antillana. En Cuba, la revolución y la llegada del comunismo y con él la expulsión de religiosas y religiosos, cerrándose casi de la noche a la mañana todas las casas de Cuba, excepto la de La Habana”, señaló Javier Biaggi, quien trabajó en la Comisión Histórica del Proceso Diocesano para la Canonización. “Fue fundadora de las casas de la República Dominicana durante la nefasta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. En Puerto Rico ocurrían para ese entonces los cambios hacia la autonomía y las revueltas nacionalistas. En ninguna ocasión hubo peligros directos para las Siervas, pues hábilmente pudo prever y proveer remedios”, agregó.
La madre Burgos llegó a conocerla. Ella tenía 20 años y la madre Soledad tenía ya casi 78 años de haber nacido en la calle de la Cruz, en Arecibo.
“Ella nunca se jubiló a pesar de ser mayor porque cuando ya no podía salir a darle servicio a los enfermos, en casa se dedicaba a la costura, a hacer la ropa de nosotras y a la oración porque era una persona de mucha oración”, señaló la madre superiora.

