Entre risas: Parejas nos revelan el secreto para estar casados por más de 50 años
74 matrimonios celebraron sus Bodas de Oro en el Capitolio y renovaron votos de amor.
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Las sonrisas, tiernos abrazos y miradas de complicidad entre decenas de parejas con más de 50 años de casados fueron más que suficiente para transformar en un cálido y acogedor escenario al legendariamente gélido salón Leopoldo Figueroa del Capitolio, mientras los tórtolos eran objeto de un emotivo homenaje con motivo de la celebración esta semana del día del amor y la amistad.
Este festejo de Bodas de Oro reunió a 74 parejas mayormente de Toa Baja, aunque también había unas pocas de Cataño, siendo una oportunidad para que, en medio de un simbólico brindis, se juraran amor eterno una vez más.
Asimismo, el agasajo sirvió de espacio para que esas longevas parejas compartieran bailes, anécdotas y también, a través de Primera Hora, las claves para conseguir una relación de tantos años.
“El centro es Dios”
Por ejemplo, José Castro González y Edna Pagán García, una pareja de Toa Baja, con 51 años de casados, resaltaron su fe en Dios, el amor y el respeto, como elementos esenciales de su duradero matrimonio.
“Nos casamos en el año 75. Él llegó a Puerto Rico, él es cubano”, comentó Edna.

“Nos casamos el 5 de enero”, acotó José.
“El 5 de enero del 75. Tenemos dos hijos. Ambos son profesionales. Están radicados en Estados Unidos. El chico está en Boston, José Castro Pagán. Y Carmen Omaira Castro Pagán están en D.C., en Washington D.C., la capital. Ambos cogieron maestrías”, continuó contando Edna.
“Pepín, que es el apodo que le decimos (a José) trabajó en Bacardí. Yo trabajé en la Corporación del Fondo del Seguro del Estado, 25 años. Me retiré en una ventana en el año 2000. Y él se retiró en el 2002. Y pues estamos retirados los dos, disfrutando de la pensión”, añadió.
“Tenemos 51 años cumplidos de casados. Y esperamos 50 más, en nombre de Dios, amén, Jesús”, afirmó Edna.
Atribuyeron su larga relación a su sólida fe, comentando que son “bien activistas en nuestra Parroquia del Espíritu Santo en Levittown”, donde José es “ministro de la eucaristía”.
“El centro es Dios. Dios primero, Dios ante todo. Eso es bien importante”, sostuvo Edna. “Y yo creo que esa es la base. Dios primero”.
“Dios primero, Dios segundo y Dios tercero”, reafirmó José.
“Servirle a Dios. Porque problemas vamos a tener todos. Y pues, hay que resolverlos. Tener el respeto y la madurez para resolverlos juntos. Y seguir adelante”, continuó Edna.
“Y pues, en esta etapa, aceptar las enfermedades que vienen y bregar con los médicos, porque no podemos hacer nada más. En nombre de Dios y hasta que Dios quiera”, añadió, esta vez entre risas.
“Llevamos 51 años de casados, gracias a Dios. Y vivimos bien. Estamos organizados”, indicó José, con un tono de satisfacción.
“Nos amamos, sobre todo… y acompañarse… Y hemos viajado muchísimo en nuestro retiro. Nos dedicamos a viajar”, agregó Edna, reiterando el sentido de satisfacción, aunque resaltando que “tenemos que ser organizados y organizarnos bien” para lograr ese retiro soñado.
Risas y respeto
Emilio Cancel y Carmen Delia Díaz Hernández, por su parte, conforman una pareja con 52 años de casados, de Lago de Plata, en Levittown. Hablaron de su relación, aunque demostrando un humor que parecía no tener fin, pues no dejaron de hacer chistes y reír.
“Llevamos 52 años de casados. Hemos sido una pareja muy unida, muy respetuosa. Tenemos tres niños y ya están lejos de nosotros, porque está uno en Orlando, otro por Indianápolis, y la otra en California. Hemos sido una familia bien unida, bien querida, con mis vecinos, con mis familiares, con los familiares de mi esposo”, sostuvo Carmen Delia, mientras era interrumpida brevemente por un chiste de Emilio que la hizo reír.
El hombre, quien trabajó por décadas en dos conocidas tiendas de gran tamaño, ya goza del retiro, mientras que Carmen Delia todavía se mantiene activa en su salón de belleza, “peinando gente, recortando y tumbando… y me va muy bien hasta hoy”.
Resaltaron el respeto, la unidad y la consideración como claves para todos esos años juntos, aunque no desaprovecharon para también bromear al respecto.
“¿Qué tú crees? Hay que aguantar, hay que aguantar”, dijo Emilio, con una pícara mirada que no tardó en transformarse en risa.
“Ay, mentira”, respondió Carmen Delia, también riendo.
“Él es un esposo muy callado. Siempre está calladito, yo soy la que hablo mucho. Yo soy la que mando”, agregó, soltando una carcajada.
“Ah Dios”, dijo Emilio, tratando de lucir sorprendido, pero de inmediato uniéndose a las risas.
Ya más serios, Carmen Delia aseguró que “nos llevamos muy bien, somos una pareja muy unida. La clave es respetarnos, considerarnos, estar siempre a la par con las mismas ideas, no llevarnos la contraria”.
Emilio afirmó que su pareja “está llena de buenas cualidades”.
“Por eso es que está conmigo, si no… ha salido cara, pero buena”, agregó retomando las bromas y las risas.
Carmen Delia, por su parte, resaltó entre las cualidades de su pareja, “ser responsable, responsable con todos los gastos de la casa, responsable en que nunca él me llegó tarde a mi casa, salía de su trabajo y llegaba a mi casa. Si salíamos, salíamos juntos. En realidad, Dios me dio un buen marido, un buen esposo”.
“Y yo tengo 72, y ella 76”, interrumpió Emilio, con otra contagiosa risotada.
“No nene, se te fue el avión”, ripostó Carmen Delia, sin poder contener la risa. “Yo tengo 76, y mi marido 79”, corrigió. “Pero hasta ahora, siempre hemos estado juntos”.
Firmes en las buenas y… no tan buenas
Mientras, María Antonia Ortiz Marrero y Gilberto Román González, una pareja del barrio Candelaria que suman ya 57 años de casados, aseguraron que la clave para poder mantener su matrimonio tantos años ha sido mantenerse firmes en las buenas y en las malas, y de igual forma mantener la fe y el respeto mutuo.
“El secreto es estar bien en altas y bajas, y llevar las cosas bien, porque para pelear se necesitan dos. Para pelear se necesitan dos. Si él grita, pues yo me callo, y si yo grito, pues él hace lo mismo. Y ahí se nivela la cosa”, afirmó María Antonia.
“La clave es esa, tolerarse uno al otro. Y no acostarse enoja’os”, agregó, con una carcajada.
“Y vivir en santidad con Dios. Dios es el que nos mantiene juntos”, acotó Gilberto.
“La creencia de Dios”, insistió María Antonia.
Ambos trabajaron por más de dos décadas en el Municipio de Toa Baja, y están ahora disfrutando de su retiro, junto a su numerosa familia.
“Gracias a Dios, tenemos 9 hijos, 30 nietos, tenemos como 36 biznietos, y 7 tataranietos. Así es que, soy la mujer más feliz del mundo, porque he vivido la cuarta generación”, sostuvo María Antonia, con una expresión de evidente satisfacción.
Hablando de las cualidades de su pareja, Gilberto resaltó, “el amor que nos tenemos… y es una perfecta cocinera”.
Agregó que su pareja “es muy amable, cariñosa, servidora, no solamente conmigo, también con las demás personas… a cualquiera que lo necesite, nos tiene”.
María Antonia, mientras, resaltó en su esposo, “el respeto, el mutuo acuerdo, eso vale mucho. Mientras hay respeto y hay unión, estamos bien”.
Respaldo a los adultos mayores
Para el promotor de este homenaje, el representante Pedro Julio “Pellé” Santiago, más allá de celebrar esos longevos matrimonios, “que le dicen que sí a los valores, a los principios, al amor”, el festejo se trató también de una oportunidad para mostrar respaldo a los adultos mayores.
“Por eso aproveché de una vez y me hice disponible para que, aquellos que necesiten ayuda de materiales para sus casas, les di el listado para que me ocupen y me aborden, que me expresen sus preocupaciones para poderlos ayudar”, afirmó Santiago, quien aprovechó para agradecer al presidente de la Cámara, Carlos “Johnny” Méndez, y el alcalde de Toa Baja, Bernardo “Betito” Márquez, así como a los voluntarios, por hacer posible la celebración del homenaje.
“Ojalá que esta actividad algún día se pueda hacer en todo Puerto Rico, o en todos los pueblos, para que de esa manera podamos reafirmar ese sí a nuestros adultos mayores”, insistió el representante.


