Mientras esperaba en la fila de un supermercado para poder entrar, Samuel González vio a una mujer de edad avanzada que aguardaba su turno con dificultad. Su cara estaba protegida con un paño, pues no podía costear una mascarilla. Cuando llegó frente al establecimiento, un guardia de seguridad le dijo a la envejeciente que no podía entrar sin la mascarilla.

El llanto se apoderó de la dama y conmovió el corazón de González, quien tenía los protectores en su auto. De inmediato los buscó y le regaló una caja. De esta manera surgió la iniciativa Fundas de la Esperanza, proyecto que en las pasadas semanas trabajó United Way de Puerto Rico junto con la empresa Edwards Lifesciences de Añasco.

Los empleados de Edwards Lifesciences se encargaron de confeccionar las fundas.

Eso me llevó al pensamiento de que debíamos ayudar a las comunidades con estrechez económica y a los envejecientes, a los encamados, que quizás no tienen transportación, que el dinero no les da”, dijo González, presidente de United Way de Puerto Rico y que encontró en Edwards Lifesiences un aliado para materializar su deseo de ayudar.

Según contó Audrey Zamot, directora de Recursos Humanos de Edwards Lifesciences, la empresa llamó a United Way -con la que había colaborado en el pasado- “porque es parte de nuestra cultura donar nuestros servicios como empleados apoyando a la comunidad. Y lo hicimos para apoyar con esta emergencia del COVID-19”.

El donativo de $75,000 de parte de Edwards Lifesciences se tradujo en alrededor de 1,000 Fundas de la Esperanza, que fueron preparadas por empleados voluntarios de la planta y se repartieron en comunidades desventajadas de la zona oeste de la Isla, principalmente en Añasco.

Cada una de estas fundas incluye jabón antibacterial, toallas húmedas desinfectantes, mascarillas y “hand sanitizer”, además de un mensaje esperanzador para cada uno de los que los recipientes.

“Quisimos ir un paso más allá y permitimos que los empleados colaboraran. Se nos ocurrió que los empleados en sus propias plantas podían hacerlas. Les llevamos los productos y ellos hicieron las fundas. Así cumplen con el deseo de aportar a poblaciones de reto social”, explicó González.

Para este esfuerzo, además, contaron con la organización Cáritas, que por su conocimiento de la población en la zona -mediante el trabajo que realiza- ayudó a identificar más rápidamente a quienes están en mayor necesidad y poder repartirlas.

“(En Edwards) no solo nos dieron el dinero para comprar las provisiones, sino que dieron de su tiempo en momentos de reto social y económico. Hay mucha gente en Puerto Rico que no puede tener una mascarilla”, recalcó González, recordando la penosa situación de la envejeciente en el supermercado.

United Way tiene 127 organizaciones afiliadas y, según González, su misión y labor es servir de enlace entre las empresas y las comunidades.