Lo que comenzó como un ejercicio de prueba, a ver cómo le iba, se convirtió en el entretenimiento de la caborrojeña Wanda Cruz Montalvo.

Esta mujer de sonrisa tímida, de espíritu trabajador y carácter noble, comenzó a recoger latas hace cerca de seis años en la zona de recreación marítima La Mela, en Cabo Rojo.

Su presencia en el lugar es silenciosa, pero siempre esperada, sobre todo durante los fines de semanas cuando los visitantes de las cabañas o los dueños de campers en esa zona, le reservan decenas de latas que ella luego acumula para generar algún ingreso.

El recogido de latas no es el principal sustento de esta ama de casa, porque es muy poco el dinero que recibe por cada libra. Previo a la pandemia, dijo, una libra de latas podía traducirse en 45 centavos, pero en la actualidad esa cantidad se redujo a 18 centavos. Para ella, sin embargo, sigue valiendo la pena.

“Vengo a caminar todos los días, entonces las veo, y las recojo, y las personas que me conocen, me las recogen y me las guardan. No es mucho, pero pues...”, comentó la residente de las parcelas Pedernales.

La madre de una única hija, residente en Estados Unidos, y abuela de cuatro nietos, se reconoce en su zona como la única mujer que mantiene esta práctica. Los demás son hombres. Afortunadamente sus experiencias son todas positivas, en especial por el intercambio de impresiones con personas muchas veces desconocidas para ella.

“Me entretiene, me distrae la mente”, compartió mientras andaba por La Mela. “Gente que no me conocía, ha hecho amistad conmigo, nos ponemos a conversar y esas cositas así”.

Wanda, de 65 años, carga en una mano una bolsa plástica, y en la otra una fina vara en metal, de punta afilada, con la que la pincha las latas para recogerlas.

En estos tiempos de COVID-19, evita buscar en zafacones, solo coge las latas que encuentre sueltas.